"John Varley - Incursion Area" - читать интересную книгу автора (Varley John)Me senté en su cama de alquiler para recuperar el aliento. En el bolso tenía las llaves de un coche y cigarrillos; tabaco de verdad, que valía su peso en sangre. Encendí seis, calculando que tenía cinco minutos para mí sola. La habitación se llenó de un humo dulce. Ya no los hacen así. El sedán Hertz estaba en el estacionamiento del motel. Subí a él y me dirigí al aeropuerto. Inspiré profundamente el aire, rico en hidratos de carbono. La vista alcanzaba a cientos de metros de distancia. La perspectiva casi me mareó, pero vivo para esa clase de momentos. No se puede explicar cómo son las cosas en el mundo premec. El sol era una bola amarilla y orgullosa a través de la neblina del calor. Las otras azafatas estaban subiendo a bordo. Algunas de ellas conocían a Sondergard, así que no hablé mucho, alegando dolor de cabeza. Dio resultado, entre risas comprensivas y comentarios maliciosos. Evidentemente no estaba fuera de lugar en mi personaje. Abordamos el 707 y nos preparamos para la llegada de los borregos. Aquello tenía buen aspecto. Los cuatro comandos al otro lado eran gemelos idénticos de las mujeres con las que estaba trabajando aquí. No se podía hacer nada más que ser una azafata hasta la hora de salida. Esperaba que no hubiera deslices; colocar al revés un Portal al transportar a una introductora hasta una habitación de motel era una cosa, pero en un 707 a 7.000 metros de altura... El avión estaba casi completo cuando la mujer a la que suplantaría Pinky cerró la puerta delantera. Rodamos hasta el final de la pista y despegamos. Lo primero, empecé a tomar encargos de bebidas. Los borregos eran un grupo corriente en 1979. Todos ellos gordos y descarados, y dándose tan poca viaje al futuro? ¿No? No puedo decir que me extrañe. ¿Y si les dijera que este avión va a...?» Mi alarma zumbó cuando llegamos a la altitud de crucero. Consulté el indicador que llevaba bajo el Lady Bulova y dirigí la vista a una de las puertas de los lavabos. Sentí una vibración que recorría el aparato. «Maldita sea, no tan pronto.» El Portal estaba allí dentro. Salí rápidamente e hice un gesto a Diana Gleason —el pichón de Dave— para hacerla venir a la parte delantera. —Echa una ojeada a esto —dije, con aspecto disgustado. Comenzó a entrar en el lavabo y se detuvo al ver el brillo verdoso. Le apoyé una bota en el trasero y empujé. Perfecto. Dave tendría ocasión de oír su voz antes de entrar. Aunque haría poco más que chillar cuando mirara a su alrededor... Dave apareció a través del Portal, ajustándose el estúpido sombrerito. Diana debía de haberse debatido. —Muéstrate disgustada —susurré. —Menudo estropicio —dijo al salir del lavabo. Era una imitación correcta del tono de Diana, aunque le fallaba el acento. No importaría por mucho tiempo. |
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