"John Varley - Incursion Area" - читать интересную книгу автора (Varley John)


—¿Puedes localizarla en el lavabo? Mejor si es en la bañera.

—Lo estamos intentando.

Compuso una sonrisa, empujándose con un dedo los muertos labios. Sabía cómo me gustaba trabajar,
pero me estaba diciendo que aceptara lo que se me ofrecía. Nunca está de más pedir. Cuando la gente se
encuentra tendida y cubierta de agua hasta el cuello es cuando está más indefensa.

—¡Adelante! —gritó Elfreda.

Pasé a través del Portal, y las cosas empezaron a ir mal.

El Portal estaba mal orientado, saliendo por la puerta del cuarto de baño y mirando al dormitorio. Me di
la vuelta y vislumbré a Mary Katrina Sondergard a través de la bruma del Portal. No había modo de poder
alcanzarla sin volver a pasar a través. Ni siquiera podía disparar sin herir a alguien al otro lado.

Sondergard estaba ante el espejo, el peor sitio posible. Pocas personas se reconocen a sí mismas con
rapidez, pero ella precisamente se había estado contemplando. Me vio y abrió mucho los ojos. Di un paso
a un lado y me puse fuera de su vista.

—¿Qué demonios...? ¡Eh! ¿Quién demonios...?

Me fijé en la voz, que a menudo es lo más difícil de imitar correctamente.

Me imaginé que tendría más curiosidad que miedo. Acerté. Salió del cuarto de baño, atravesando el
Portal como si no estuviera allí —lo cual era cierto, ya que sólo tiene un lado de transferencia—. Iba
envuelta en una toalla.

—¡Dios mío! ¿Qué hace usted en mi...?

A uno le fallan las palabras en tales ocasiones. Ella sabía que debía decir algo pero..., ¿qué? ¿Acaso:
«Disculpe, no nos hemos visto alguna vez en el espejo»?

Compuse mi mejor sonrisa de azafata y le tendí la mano.

—Disculpe la intromisión. Puedo explicarlo todo. Verá, soy... —Le golpeé en un lado de la cabeza y
ella se tambaleó y cayó pesadamente. La toalla quedó en el suelo, suelta— ...una estudiante universitaria.

Comenzó a levantarse, así que la golpeé bajo la barbilla con mi rodilla artificial. Se quedó tumbada.
—¡Basura de transfusión barata! —gemí, frotándome los doloridos nudillos.

Pero no había tiempo. Me arrodillé junto a ella y le tomé el pulso. No tenía nada importante, pero creo
que le había aflojado algunos de los dientes delanteros. Me detuve un momento. ¡Dios, tener ese aspecto
sin maquillaje, sin prótesis! Casi me emocionó.

La sujeté por debajo de las rodillas y conseguí llevarla a duras penas hasta el Portal. Era un saco de
fideos blandos. Alguien tendió una mano a través del Portal, la asió por los pies y tiró de ella. «¡Hasta la
vista, querida! ¿Qué te parecería emprender un largo viaje?»