"John Varley - Incursion Area" - читать интересную книгу автора (Varley John) —¿Qué sucede? —dijo una de las azafatas de la clase turista.
Nos hicimos a un lado para que pudiera echar una ojeada, y Dave la empujó al través. Pinky tardó muy poco en aparecer. —Estamos en tiempo negativo —dijo—. Perdimos cinco minutos en el otro lado. —¿Cinco? —gritó Dave-Diana. Yo sentía igual; teníamos que procesar a ciento tres pasajeros. —Sí. Perdieron contacto cuando pasaste a mi pichón. Hizo falta ese tiempo para enfocar nuevamente. Una se acostumbra a eso. El tiempo transcurre a velocidades diferentes en cada uno de los lados del Portal, aunque siempre es secuencial, de pasado a futuro. Una vez comenzada la captura con mi transferencia a la habitación de Sondergard, no había modo de retroceder en lo más mínimo al pasado en ninguno de los dos lados. Aquí, en 1979, teníamos estrictamente noventa y cuatro minutos para hacerlo todo. En el otro lado, el Portal no se podía mantener en ningún caso más de tres horas. —Cuando partiste..., ¿cuánto tardó en sonar la alarma? —Veintiocho minutos. No tenía buena pinta. Harían falta por lo menos dos horas sólo para preparar todos los zombies a medida. Suponiendo que no hubiese más deslizamiento en el tiempo de 1979, podríamos apenas quedáramos en el avión. —Entonces no hay tiempo para más juegos —dije—. Pinky, vuelve a la clase turista y di a las otras dos chicas que suban aquí. Diles que vengan una después de la otra y que tenemos un problema. Ya te sabes el truco. —Aguantándome las lágrimas. Entendido. Corrió hacia proa. Inmediatamente apareció la primera. Llevaba impresa en la cara la sonrisa amistosa de las Líneas Aéreas Sun-Belt, pero debía de tener el estómago revuelto. «¡Oh, Dios, nos ha llegado la hora!» La sujeté por un codo y tiré de ella desde detrás de las cortinas de la parte delantera. Estaba jadeando. —Bienvenida a la zona de sol y sombra —dije, y la golpeé en la cabeza con el revólver. Se encorvó y la sujeté mientras caía. Pinky y Dave me ayudaron a empujarla a través del Portal. —¡Mierda! ¡Esa maldita cosa está vacilando! Pinky tenía razón. Una señal muy amenazadora. Pero el brillo verde se estabilizó según lo mirábamos, con quién sabe cuánto deslizamiento en el otro lado. Cristabel se asomó a través. |
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