"Rudy Rucker - Software" - читать интересную книгу автора (Rucker Rudy)

Tomó un rápido y medicinal trago de jerez.
-Si estuvieras en paz contigo mismo, no beberías tanto -dijo apaciblemente. Farker-.
Beber es el síntoma de un conflicto no resuelto.
-No me digas -dijo Cobb con aspereza. Bajo la dorada calidez del sol, el jerez había
conseguido un rápido efecto-. Tú tienes un conflicto no resuelto. -Deslizó un dedo a lo
largo de la blanca cicatriz vertical que cruzaba su pecho erizado de pelos-. No tengo
dinero para otro corazón de segunda mano. En un año o dos esta baratija va a hacer un
pedo.
-¿Y qué? Utiliza tus dos años.
Cobb remontó la cicatriz con el dedo, como si estuviera cerrando una cremallera.
-Sé cómo es, Farker. Lo he probado. Es lo peor que hay.
Se estremeció ante el sombrío recuerdo... dientes, nubes deshilachadas... y guardó
silencio.
Farker miró el reloj. Tiempo de largarse o Cynthia...
-¿Sabes lo que dijo Jimi Hendrix? -preguntó Cobb. Recordar la cita devolvió una vieja
resonancia a su voz-. «Cuando me llegue la hora de morir, seré yo quien la marque. Por
lo tanto, mientras viva dejad que lo haga a mi manera.»
-Enfréntate a ello, Cobb: si bebes menos, vivirás más. -Alzó la mano para cortar la
réplica de su amigo-. Ahora tengo que irme a casa. Adiós.
-Adiós.
Cobb caminó hasta el final del asfalto, ascendió una pequeña duna y llegó al borde de
la playa. Hoy no había nadie, así que pudo sentarse bajo su palmera favorita.
La brisa había aminorado un poco. Acariciaba el rostro de Cobb, sepultado bajo la
barba blanca. La arena calentaba su cuerpo. Los delfines se habían ido.
Bebió el jerez lentamente y dejó que los recuerdos le invadieran. Sólo debía evitar dos
pensamientos: la muerte y la esposa que abandonó, Verena. El jerez los mantuvo
apartados.
El sol se ponía a sus espaldas cuando vio al desconocido. Complexión atlética, postura
erguida, fuertes brazos y piernas, cubiertos de vello rizado, barba entera y blanca. Igual
que Santa Claus o que Ernest Hemingway el año en que se suicidó.
-Hola, Cobb -dijo el hombre.
Usaba gafas de sol y parecía divertido. Los pantalones cortos y la camisa deportiva
brillaban.
-¿Le apetece un trago?
Cobb señaló la botella medio vacía. Se preguntó con quién estaba hablando, caso de
que hubiera alguien.
-No, gracias -dijo el desconocido, sentándose-. No me hace el menor efecto.
Cobb miró atentamente al hombre. Algo en él...
-Te preguntas quién soy -dijo el desconocido con una sonrisa-. Soy tú.
-¿Tu qué?
-Tu yo. -El desconocido le devolvió a Cobb su propia sonrisa forzada-. Soy una copia
mecánica de tu cuerpo.
La cara parecía correcta; no faltaba ni la cicatriz del trasplante de corazón. La
diferencia estribaba en que la copia presentaba un aspecto mucho más dinámico y
saludable que el del modelo. Llamémosle Cobb Anderson2. Cobb2 no bebía. Cobb le
envidió. No había pasado un día sobrio desde que sufrió la operación y dejó a su esposa.
-¿Cómo llegaste aquí?
El robot movió la mano con la palma hacia arriba. Visto en otra persona, el gesto
resultaba atractivo.
-No te lo puedo decir. Ya sabes lo que siente la mayoría de la gente hacia nosotros.