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Derrida en castellano - La Diffйrance
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JACQUES DERRIDA
La Diffйrance
Conferencia pronunciada en la Sociedad Francesa de Filosofнa, el
27 de enero de 1968, publicada simultбneamente en el Bulletin de
la Societй franзaise de philosophie (julio-septiembre, 1968) y
en Theorie d’ensenble (col. Quel, Ed. de Seuil, 1968); en
DERRIDA, J., Mбrgenes de la filosofнa, traducciуn de
Carmen Gonzбlez Marнn (modificada; Horacio Potel), Cбtedra, Madrid,
31998. Ediciуn digital de
Derrida en castellano.
Texto en francйs

Hablarй, pues, de un letra.
De la primera, si hay que creer al alfabeto y a la
mayor parte de las especulaciones que se han aventurado al respecto.
Hablarй, pues, de la letra a, de esta
primera letra que ha podido parecer necesario introducir, aquн o allб,
en la escritura de la palabra diffйrence; y ello en
el curso de una escritura sobre la escritura, de una escritura en la
escritura y cuyos diferentes trayectos se encuentran, pues, pasando, en
ciertos puntos muy determinados, por una suerte de gran falta de
ortografнa, por esa falta de ortodoxia que rige una escritura, una falta
contra la ley que rige lo escrito y el continente en su decencia. Esta
falta de ortografнa, siempre puede ser borrada o reducida, de hecho y de
derecho, y encontrarla segъn los casos que se analizan cada vez, pero
que aquн vienen a ser lo mismo, grave, indecorosa, incluso en la
hipуtesis de la mayor ingenuidad, divertida. Aunque se trata de pasar en
silencio tal infracciуn, el interйs que en ello se pone se deja
reconocer de antemano, asignar, como prescrito por la ironнa muda,
inaudible de esta permutaciуn de letras, siempre podrб hacerse como si
esto no seсalara ninguna diferencia. Mi propуsito de hoy, debo decir
desde ahora, se dirigirб menos a pensar en justificar esta falta
silenciosa de ortografнa, menos todavнa a excusarla, que a agravar el
juego con una cierta insistencia.
A cambio, se me deberб excusar si me refiero, al
menos implнcitamente, a tal o cual texto que me he arriesgado a
publicar. Es que yo querrнa precisamente intentar, en una cierta medida,
y por mбs que esto sea en principio y al fin por razones esenciales de
derecho, imposible, unir en un haz [faisceau]
las diferentes direcciones en las que he podido utilizar o mejor me he
dejado imponer en su neografismo por lo que provisionalmente denominarй
la palabra o el concepto de diffйrance y que
no es, ya lo veremos, literalmente, ni una palabra ni un concepto. Tengo
interйs en utilizar aquн la palabra haz [faisceau]
por dos razones: por una parte no se tratarб, cosa que tambiйn
habrнa podido hacer, de describir una historia, de contar las etapas,
texto por texto, contexto por contexto, mostrando cada vez quй economнa
ha podido imponer este desarreglo grбfico, sino mбs bien del
sistema general de esta economнa. Por otra parte, la
palabra haz [faisceau] parece mбs
apropiada para indicar [marquer] que la agrupaciуn propuesta tiene la
estructura de una intricaciуn, de un tejido, de un cruce que dejarб que
los diferentes hilos y las diferentes lнneas de sentido -o de fuerza-
partan de nuevo, asн como estarб preparado para anudar otros nuevos.
Recuerdo, pues, de una manera completamente
preliminar, que esta discreta intervenciуn grбfica, que no se ha hecho
en principio ni simplemente para el escбndalo del lector o del
gramбtico, ha sido calculada en el proceso escrito de una interrogaciуn
sobre la escritura. Ahora bien, se da el caso, dirнa en realidad, de que
esta diferencia grбfica (la a en el lugar de la
e), esta diferencia seсalada entre dos notaciones
aparentemente vocales, entre dos vocales, es puramente grбfica; se
escribe o se lee, pero no se oye. No se puede oнr, y veremos tambiйn en
quй sentido sobrepasa el orden del entendimiento. Se propone por una
marca [marque] muda, un monumento tбcito, yo dirнa incluso por una
pirбmide, que piensa asн no sуlo en la forma de la letra cuando se
imprime en capital o en mayъscula, sino tambiйn en ese texto de la
Enciclopedia de Hegel en el que el cuerpo del signo se
compara a la pirбmide egipcia. La a de la
diffйrance, pues, no se oye, permanece silenciosa,
secreta y discreta como una tumba: oikevis.
Seсalaremos asн por anticipaciуn este lugar, residencia familiar y tumba
de lo propio donde se produce en diffйrance la economнa de la
muerte. Esta piedra no estб lejos, siempre que se sepa
descifrar la leyenda, de seсalar la muerte del dinasta.
Una tumba que no se puede ni siquiera hacer
resonar. En efecto, yo no puedo hacerles saber por mi discurso, por mi
palabra proferida en este momento ante la Sociedad Francesa de
Filosofнa, de quй diferencia hablo en el momento en que hablo. No puedo
hablar de esta diferencia grбfica sino sosteniendo un discurso muy
desviado sobre una escritura y a condiciуn de precisar, cada vez, que me
refiero a la diferencia con una e o a la
diffйrance con una a. Lo cual no va a simplificar
las cosas hoy y nos darб muchos problemas a ustedes y a mн si al menos
queremos entendernos. De todas formas, las precisiones orales que harй,
cuando diga «con e», o «con a»
se referirбn a un texto escrito, que vigila mi discurso, a
un texto que tengo delante, que leerй y hacia el cual serб preciso que
intente conducir sus manos y sus ojos. No podemos evitar pasar por [nous
passer ici de passer] un texto escrito, ordenarnos [rйgler] sobre el
desarreglo [dйrиglement] que se produce en йl, y esto es lo que me
importa antes que nada.
Sin duda este silencio piramidal de la diferencia
grбfica entre la e y la a
no puede funcionar sino en el interior del sistema de la escritura
fonйtica, y en el interior de una lengua o de una gramбtica
histуricamente ligada a la escritura fonйtica asн como a toda la cultura
que le es inseparable. Pero dirй que ello mismo -este silencio que
funciona en el interior solamente de una escritura llamada fonйtica-
seсala o recuerda de manera muy oportuna que, contrariamente a un enorme
prejuicio, no hay escritura fonйtica. No hay una escritura pura y
rigurosamente fonйtica. La escritura llamada fonйtica no puede en
principio y de derecho, y no sуlo por una insuficiencia empнrica o
tйcnica, funcionar, si no es admitiendo en ella misma ‘signos’ no
fonйticos (puntuaciуn, espacios etc.) de los que se darб cuenta
enseguida, al examinar la estructura y la necesidad, que toleran muy mal
el concepto de signo. Mejor, el juego de la diferencia del que Saussure
sуlo ha recordado que es la condiciуn de posibilidad y de funcionamiento
de todo signo, este juego es en sн mismo silencioso. Es inaudible la
diferencia entre dos fonemas, lo ъnico que les permite ser y operar como
tales. Lo inaudible abre a la interpretaciуn los dos fonemas presentes,
tal como se presentan. Si no hay, pues, una escritura puramente
fonйtica, es que no hay phonй puramente fonйtica.
La diferencia que hace separarse los fonemas y hace que se oigan [les
donne а entendre], en todos los sentidos de esta palabra, permanece
inaudible.
Se objetarб que por las mismas razones, la
diferencia grбfica se sumerge tambiйn en la noche, nunca es plenamente
un tйrmino sensible, sino que alarga una relaciуn invisible, el trazo de
una relaciуn no aparente entre dos espectбculos sin duda. Pero que,
desde ese punto de vista, la diferencia marcada [marquйe] en la «diffйr(
)nce» entre la e y la a se desnuda a
la vista y al oнdo, sugiere quizб felizmente que es preciso dejarse ir
aquн a un orden que ya no pertenece a la sensibilidad. Pero no pertenece
mбs a la inteligibilidad, a una idealidad que no estб fortuitamente
afiliada a la objetividad del theorein o del
entendimiento. Es preciso dejarse llevar aquн a un orden, pues, que
resista a la oposiciуn, fundadora de la filosofнa, entre lo sensible y
lo inteligible. El orden que resiste a esta oposiciуn, y la resiste
porque la lleva (en sн), se anuncia en un movimiento de diffйrance (con
una a) entre dos diferencias o entre dos letras, diffйrance que no
pertenece ni a la voz ni a la escritura en el sentido ordinario y que se
tiende, como el espacio extraсo que nos reunirб aquн durante una hora,
entre palabra y escritura, mбs allб tambiйn de la
familiaridad tranquila que nos liga a la una y a la otra, a veces en la
ilusiуn de que son dos.
їCуmo me las voy a arreglar para hablar de la
a de la diffйrance? Estб claro que esto no puede ser
expuesto. Nunca se puede exponer mбs que lo que en un momento
determinado puede hacerse presente, manifiesto, lo que se
puede mostrar, presentarse como algo presente, un ente-presente en su
verdad, la verdad de un presente, o la presencia del presente. Ahora
bien, si la diferencia es (pongo el «es» bajo una tachadura) lo
que hace posible la presentaciуn del ente-presente, ella no se presenta
nunca como tal. Nunca se hace presente. A nadie. Reservбndose y no
exponiйndose, excede en este punto preciso y de manera regulada el orden
de la verdad, sin disimularse, sin embargo, como cualquier cosa, como un
ser misterioso, en lo oculto de un no-saber o en un agujero cuyos bordes
son determinables (por ejemplo, en una topologнa de la castraciуn). En
toda exposiciуn estarнa expuesta a desaparecer como desapariciуn,
correrнa el riesgo de aparecer: de desaparecer.
Sin embargo, los rodeos, los periodos, la sintaxis
a la que a menudo deberй recurrir se parecerбn, a veces hasta
confundirse con ellos, a los de la teologнa negativa. Ya se ha hecho
necesario seсalar que la diffйrance no es,
no existe, no es un ente-presente (on), cualquier que йste
sea; y se nos llevara a seсalar tambiйn todo lo que no es,
es decir, todo; y en consecuencia que no tiene
ni existencia ni esencia. No depende de ninguna categorнa del ente, sea
йste presente o ausente. Y sin embargo, lo que se seсala asн de la
diffйrance no es teolуgico, ni siquiera del orden mбs negativo de la
teologнa negativa, que siempre se ha ocupado de librar, como es sabido,
una superesencialidad mбs allб de las categorнas finitas de la esencia y
de la existencia, es decir, de la presencia, y siempre de recordar que
si a Dios le es negado el predicado de existencia, es para reconocerle
un modo de ser superior, inconcebible, inefable. No se trata aquн de un
movimiento asн, y ello se confirmarб progresivamente. La diffйrance es
no sуlo irreductible a toda reapropiaciуn ontolуgica o teolуgica
–onto-teologнa-, sino que, incluso abriendo el espacio en el que la
onto-teologнa -la filosofнa- produce su sistema y su historia, la
comprende, la inscribe, y la excede sin retorno.
Por la misma razуn, no sabrй por dуnde
comenzar a trazar el haz o el grбfico de la diferencia. Puesto
que lo que se pone precisamente en tela de juicio, es el requerimiento
de un comienzo de derecho, de un punto de partida absoluto, de una
responsabilidad de principio. La problemбtica de la escritura se abre
con la puesta en tela de juicio del valor de arkhй.
Lo que yo propondrй aquн no se desarrollarб, pues, simplemente como un
discurso filosуfico, que opera desde un principio, unos postulados,
axiomas o definiciones y se desplaza siguiendo la linealidad discursiva
de un orden de razones. Todo en el trazado [tracй] de la diffйrance es
estratйgico y aventurado. Estratйgico porque ninguna verdad
transcendente y presente fuera del campo de la escritura puede gobernar
teolуgicamente la totalidad del campo. Aventurado porque esta estrategia
no es una simple estrategia en el sentido en que se dice que la
estrategia orienta la tбctica desde un objetivo final, un telos
o el tema de una dominaciуn, de una maestrнa, y de una reapropiaciуn
ъltima del movimiento o del campo. Estrategia finalmente sin finalidad,
se la podrнa llamar tбctica ciega, empнrica, si el valor de empirismo no
tomara en sн mismo todo su sentido de su oposiciуn a la responsabilidad
filosуfica. Si hay un cierto vagabundeo en el trazado de la diffйrance,
йsta no sigue la lнnea del discurso filosуfico-lуgico mбs que la de su
contrario simйtrico y solidario, el discurso empнrico-lуgico. El
concepto de juego estб mбs allб de esta oposiciуn, anuncia
en vнsperas y mбs allб de la filosofнa, la unidad del azar y de la
necesidad en un cбlculo sin fin.
Tambiйn, por decisiуn y regla de juego, si asн lo
quieren ustedes, haciendo volver esta charla sobre sн misma, nos
introduciremos en el pensamiento de la diffйrance por el tema de la
estrategia o de la estratagema. Con esta justificaciуn, solamente
estratйgica, quiero subrayar que lo eficaz de esta temбtica de la
diffйrance puede muy bien, deberб ser relevado un dнa, prestarse йl
mismo, si no ya a su reemplazo, al menos a su encadenamiento en una
cadena que en verdad no habrб gobernado nunca. Por lo que, una vez mбs,
no es teolуgica.
Dirй pues en principio que la diffйrance, que no es
ni un palabra ni un concepto, me ha parecido estratйgicamente lo mбs
propio para ser pensado, si no para ser dominado -siendo el pensamiento
quizб aquн lo que hay en una cierta relaciуn necesaria con los lнmites
estructurales del dominio- lo mбs irreductible de nuestra «йpoca».
Parto, pues, estratйgicamente, del lugar y del tiempo en que «nosotros»
estamos, aunque mi overtura no sea en ъltima instancia justificable y
siempre sea a partir de la diffйrance y de su «historia» como podemos
pretender saber quiйnes y dуnde estamos «nosotros», y lo que podrнan ser
los lнmites de una «йpoca».
Aunque «diffйrance» no sea ni una palabra ni un
concepto, tratemos no obstante de hacer un anбlisis semбntico fбcil y
aproximativo que nos llevarб a la vista del juego.
Sabido es que el verbo «diferir» (verbo latino
differre) tiene dos sentidos que parecen muy
distintos; son objeto, por ejemplo en el Littrй, de dos artнculos
separados. En este sentido el differre latino no es
la traducciуn simple del diapherein griego y ello
no dejarб de tener consecuencias para nosotros, que vinculamos esta
charla a una lengua particular y una lengua que pasa por ser menos
filosуfica, menos originariamente filosуfica que la otra. Pues la
distribuciуn del sentido en el griego no comporta uno de los dos motivos
del differre latino a saber, la acciуn de dejar
para mбs tarde, de tener en cuenta, de tener en cuenta el tiempo y las
fuerzas en una operaciуn que implica un cбlculo econуmico, un desvнo,
una demora, un retraso, una reserva, una representaciуn, conceptos todos
que yo resumirнa aquн en una palabra de la que nunca me he servido, pero
que se podrнa inscribir en esta cadena: la temporizaciуn [temporisation].
Diferir en este sentido es contemporizar, es recurrir, consciente o
inconscientemente a la mediaciуn temporal y contemporizadora de un
desvнo que suspenda el cumplimiento o la satisfacciуn del «deseo» o de
la «voluntad», efectuбndolo tambiйn en un modo que anula o templa el
efecto. Y veremos -mбs tarde- que esta temporizaciуn [temporisation] es
tambiйn temporalizaciуn [temporalisation] y espaciamiento, hacerse
tiempo del espacio, y hacerse espacio del tiempo, «constituciуn
originaria» del tiempo y del espacio, dirнa la metafнsica o la
fenomenologнa transcendental en el lenguaje que aquн se critica y
desplaza.
El otro sentido de diferir es
el mбs comъn y el mбs identificable: no ser idйntico, ser otro,
discernible, etc. Tratбndose de diferen(te)/(cia)s*,
palabra que se puede escribir como se quiera, con una t o
una d final, ya sea cuestiуn de alteridad de desemejanza o
de alteridad de alergia y de polйmica, es preciso que entre los
elementos otros se produzca, activamente, dinбmicamente, y con una
cierta perseverancia en la repeticiуn, intervalo, distancia,
espaciamiento. [espacement]
Ahora bien, la palabra diferencia [diffйrence] (con
e) nunca ha pedido remitir asн a diferir como
temporizaciуn ni al desacuerdo [diffйrend] como polemos.
Es esta pйrdida de sentido lo que deberнa compensar -econуmicamente- la
palabra diffйrance (con a). Йsta puede remitir a la vez a
toda la configuraciуn de sus significaciones, es inmediatamente e
irreductiblemente polisйmica y ello no serб indiferente a la economнa
del discurso que trato de sostener. Remite no sуlo, por supuesto como
toda significaciуn, a ser sostenida por un discurso o un contexto
interpretativo, sino tambiйn ya en alguna manera por sн misma, o al
menos mбs fбcilmente por sн misma que cualquier otra palabra, viniendo
la a inmediatamente del participio presente (difiriendo) y
aproximбndonos a la acciуn en curso del diferir, antes incluso que haya
producido un efecto constituido en diferente o en diferencia (con
e). En una conceptualidad y con exigencias clбsicas, se dirнa
que «diffйrance» designa la causalidad constituyente, productiva y
originaria, el proceso de ruptura y de divisiуn cuyos diferentes o
diferencias serнan productos o efectos constituidos. Pero aproximбndonos
al nъcleo infinitivo y activo del diferir, «diffйrance» (con a)
neutraliza lo que denota el infinitivo como simplemente activo, lo mismo
que mouvance no significa en nuestra lengua el simple
hecho de mover, de moverse o de ser movido. La resonancia no es en mayor
medida el acto de resonar. Hay que meditar, en el uso de nuestra lengua,
que la terminaciуn en ancia permanece indecisa entre
lo activo y lo pasivo. Y veremos por quй lo que se deja designar como
«diffйrance» no es simplemente activo ni simplemente pasivo, y anuncia o
recuerda mбs bien algo como la voz media, dice una operaciуn que no es
una operaciуn, que no se deja pensar ni como pasiуn ni como acciуn de un
sujeto sobre un objeto, ni a partir de un agente ni a partir de un
paciente, ni a partir ni a la vista de cualquiera de estos
tйrminos. Ahora bien, la voz media, una cierta intransitividad,
es quizб lo que la filosofнa, constituyйndose en esta represiуn, ha
comenzado por distribuir en voz activa y voz pasiva.
Diffйrance como temporizaciуn, diffйrance como
espaciamiento. їCуmo se conjugan?
Partamos, puesto que ya estamos instalados en ella,
de la problemбtica del signo y de la escritura. El signo, se suele
decir, se pone en lugar de la cosa misma, de la cosa presente, «cosa»
vale aquн tanto por el sentido como por el referente. El signo
representa lo presente en su ausencia. Tiene lugar en ello. Cuando no
podemos tomar o mostrar la cosa, digamos lo presente, el ser-presente,
cuando lo presente no se presenta, significamos, pasamos por el rodeo
del signo. Tomamos o damos un signo. Hacemos signo. El signo serнa,
pues, la presencia diferida. Bien se trate de signo verbal o escrito, de
signo monetario, de delegaciуn electoral y de representaciуn polнtica,
la circulaciуn de los signos difiere el momento en el que podrнamos
encontrarnos con la cosa misma, adueсarnos de ella, consumirla o
guardarla, tocarla, verla, tener la intuiciуn presente. Lo que yo
describo aquн para definir, en la banalidad de sus trazos, la
significaciуn como diffйrance de temporizaciуn, es la estructura
clбsicamente determinada del signo: presupone que el signo, difiriendo
la presencia, sуlo es pensable a partir de la presencia
que difiere y a la vista de la presencia diferida que
pretende reapropiarse. Siguiendo esta semiologнa clбsica, la sustituciуn
del signo por la cosa misma es a la vez segunda y
provisional: segunda desde una presencia original y perdida de
la que el signo vendrнa a derivar; provisional con respecto a esta
presencia final y ausente en vista de la cual el signo serнa un
movimiento de mediaciуn.
Al tratar de poner en tela de juicio este carбcter
de secundariedad provisional del sustituto, sin duda verнamos anunciarse
algo como una diffйrance originaria, pero no se podrб siquiera llamarla
originaria o final, en la medida en que los valores de origen, de
arkhй, de telos, de ekhatos
etc., siempre han denotado la presencia-ousia,
parousia, etc. Cuestionar el carбcter secundario y provisional
del signo, oponerle una diferencia «originaria», tendrнa, pues, como
consecuencias:
1. que ya no se podrнa comprender la diffйrance
bajo el concepto de «signo» que siempre ha querido decir representaciуn
de una presencia y se ha constituido en un sistema (pensamiento o
lengua) regulado a partir y a la vista de la presencia;
2. que se pone asн en tela de juicio la autoridad
de la presencia o de su simple contrario simйtrico, la ausencia o la
falta. Se interroga asн el lнmite que siempre nos ha constreсido, que
todavнa nos constriсe a nosotros, los hablantes de una lengua y de un
sistema de pensamiento -a formar el sentido del ser en general como
presencia o ausencia, en las categorнas del ser y de la entidad (ousia).
Se ve ya que el tipo de pregunta al que de este modo hemos sido
reconducidos es, digamos, el tipo heideggeriano, y la diferencia parece
conducirnos a la diferencia уntico-ontolуgica. Se me permitirб que
posponga esta referencia. Seсalarй solamente que entre la diferencia
como temporizaciуn-temporalizaciуn, que ya no se puede pensar en el
horizonte del presente, y lo que dice Heidegger en El ser y el
tiempo de la temporalizaciуn como horizonte transcendental de la
cuestiуn del ser, que es preciso liberar de la dominaciуn tradicional y
metafнsica por el presente o el ahora, la comunicaciуn es estrecha,
incluso si no es exhaustiva e irreductiblemente necesaria.
Pero primero quedйmonos en la problemбtica
semiolуgica para ver conjugadas allн la diffйrance como temporizaciуn y
la diffйrance como espaciamiento. La mayorнa de las investigaciones
semiolуgicas o lingьнsticas que hoy dominan el campo del pensamiento,
sea por sus propios resultados, sea por la funciуn de modelo regulador
que ven reconocer por todas partes, conducen genealуgicamente a
Saussure, errada o acertadamente, como al comъn instaurador. Ahora bien,
Saussure es inicialmente quien ha situado lo arbitrario del signo
y el carбcter diferencial del signo en el
principio de la semiologнa general, singularmente de la lingьнstica. Y
los dos motivos -arbitrario y diferencial- son a sus ojos, es sabido,
inseparables. No puede haber algo arbitrario si no es porque el sistema
de los signos estб constituido por diferencias, no por la totalidad de
los tйrminos. Los elementos de la significaciуn funcionan no por la
fuerza compacta de nъcleo, sino por la red de las oposiciones que los
distinguen y los relacionan unos a otros. «Arbitrario y diferencial»,
dice Saussure, «son dos cualidades correlativas».
Ahora bien, este principio de la diferencia, como
condiciуn de la significaciуn, afecta a la totalidad del signo,
es decir, a la vez a la cara del significado y a la cara del
significante. La cara del significado es el concepto, el sentido ideal;
y el significante es lo que Saussure llama la «imagen», «huella
psнquica» de un fenуmeno material, fнsico, por ejemplo acъstico. No
vamos a entrar aquн en todos los problemas que plantean estas
definiciones. Citemos solamente a Saussure en el punto que nos interesa:
«Si la parte conceptual del valor estб constituida ъnicamente por
relaciones y diferencias con los otros tйrminos de la lengua se puede
decir lo mismo de la parte material...» Todo lo que precede viene a
decir que en la lengua no hay mбs que diferencias. Aun mбs, una
diferencia supone en general tйrminos positivos entre los que se
establece: pero en la lengua no hay mбs que diferencias sin tйrminos
positivos. Ya tomemos el significado o el significante, la lengua no
comporta ni ideas ni sonidos que preexistan al sistema lingьнstico, sino
solamente diferencias conceptuales o diferencias fуnicas resultados de
este sistema. «Lo que hay de idea o de materia fуnica en un signo
importa menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos.»
Extraeremos como primera consecuencia que el
concepto significado no estб nunca presente en sн mismo, en una
presencia suficiente que no conducirнa mбs que a sн misma. Todo concepto
estб por derecho y esencialmente inscrito en una cadena o en un sistema
en el interior del cual remite al otro, a los otros conceptos, por un
juego sistemбtico de diferencias. Un juego tal, la diffйrance, ya no es
entonces simplemente un concepto, sino la posibilidad de la
conceptualidad, del proceso y del sistema conceptuales en general. Por
la misma razуn, la diffйrance, que no es un concepto, no es una mera
palabra, es decir, lo que se representa como una unidad tranquila y
presente, autorreferente, de un concepto y una fonнa. Veremos mбs
adelante lo que es una palabra en general.
La diferencia de la que habla Saussure no es en sн
misma ni un concepto ni una palabra entre otras. Se puede decir esto a
fortiori de la diffйrance. Y asн se nos conduce a
explicitar la relaciуn que une la una y la otra.
En una lengua, en el sistema de la
lengua, no hay mбs que diferencias. Una operaciуn taxonуmica puede
siempre proporcionar el inventario sistemбtico, estadнstico y
clasificatorio. Pero, por una parte, estas diferencias actъan:
en la lengua, en el habla tambiйn y en el intercambio entre lengua y
habla. Por otra parte, estas diferencias son en sн mismas efectos.
No han caнdo del cielo ya listas; no estбn mбs inscritas en un
topos noetos que prescritas en la cera del
cerebro. Si la palabra «historia» no comportara en sн misma el motivo de
una represiуn final de la diferencia, se podrнa decir que ъnicamente las
diferencias pueden ser de entrada y totalmente «histуricas».
Lo que se escribe como «diffйrance» serб asн el
movimiento de juego que «produce», por lo que no es simplemente una
actividad, estas diferencias, estos efectos de diferencia. Esto no
quiere decir que la diffйrance que produce las diferencias estй antes
que ellas en un presente simple y en sн mismo inmodificado,
in-diferente. La diffйrance es el «origen» no-pleno, no-simple, el
origen estructurado y diferente (de diferir) de las diferencias. El
nombre de «origen», pues, ya no le conviene.
Puesto que la lengua, de la que Saussure dice que
es una clasificaciуn, no ha caнdo del cielo, las diferencias se han
producido, son efectos producidos, pero efectos que no tienen como causa
un sujeto o una sustancia, una cosa en general, un ente presente en
alguna parte y que escapa al juego de la diffйrance. Si hubiera
implicada una tal presencia, de la forma mбs clбsica del mundo, en el
concepto de causa en general, serнa pues necesario hablar de efecto sin
causa, lo que enseguida conducirнa a no hablar mбs de efecto. La salida
fuera del cierre de este esquema, he tratado de indicar su objetivo a
travйs de la «marca» [«trace»], que ya no es un efecto que no tiene una
causa, sino que no puede bastarse a sн misma, fuera de texto, para
operar la transgresiуn necesaria.
Como no hay presencia antes de la diferencia
semiolуgica y fuera de ella, se puede extender al signo en general lo
que Saussure escribe de la lengua: «La lengua es necesaria para que el
habla sea inteligible, y produzca todos sus efectos; pero йsta es
necesaria para que la lengua se establezca; histуricamente, el acto de
habla la precede siempre.»
Reteniendo al menos el esquema, si no ya el sentido
de la exigencia formulada por Saussure, designaremos como
diffйrance
el movimiento segъn el cual la lengua, o
todo cуdigo, todo sistema de repeticiones en general se constituye
«histуricamente» como entramado de diferencias. «Se constituye», «se
produce», «se crea», «movimiento», «histуricamente», etc., se deben
entender mбs allб de la lengua metafнsica en la que se han trazado con
todas sus implicaciones. Serнa necesario mostrar por quй los conceptos
de producciуn, como los de constituciуn y de historia, son
desde este punto de vista cуmplices del que aquн ponemos en cuestiуn,
pero esto me llevarнa hoy demasiado lejos -hacia la teorнa de la
representaciуn del «cнrculo» en el cual parece que estamos encerrados
nosotros mismos- y yo no los uso aquн, como muchos otros conceptos, sino
por comodidad estratйgica y para iniciar la deconstrucciуn de su sistema
en el punto actualmente mбs decisivo. Se habrб en todo caso comprendido,
por el cнrculo mismo en que parecemos inscritos, que la diffйrance, tal
como se escribe aquн, no es mбs estбtica que genйtica, no es mбs
estructural que histуrica. O no menos, y es no leer, no leer sobre todo
lo que aquн falta a la йtica ortogrбfica, querer objetarla a partir de
la mбs vieja de las oposiciones metafнsicas, por ejemplo oponiйndole
algъn punto de vista generativo a un punto de vista
estructuralista-taxonomista, o a la inversa. En cuanto a la diffйrance,
lo que sin duda hace el pensamiento incуmodo y el confort poco seguro,
estas oposiciones no tienen la mбs mнnima pertinencia.
Si consideramos ahora la cadena en la que la
«diffйrance» se deja someter a un cierto nъmero de substituciones no
sinonнmicas, segъn la necesidad del contexto, por quй recurrir a la
«reserva», a la «archiescritura», al «archirrastro» [«archi-trace»], al
«espaciamiento», incluso al «suplemento», o al pharmakon,
pronto al himen, al margen-marca[marque]-marcha, etc.
Recomencemos. La diffйrance es lo que hace, que el
movimiento de la significaciуn no sea posible mбs que si cada elemento
llamado «presente», que aparece en la escena de la presencia, se
relaciona con otra cosa, guardando en sн la marca [marque] del elemento
pasado y dejбndose ya hundir por la marca [marque] de su relaciуn con el
elemento futuro, no relacionбndose la marca [trace] menos con lo que se
llama el futuro que con lo que se llama el pasado, y constituyendo lo
que se llama el presente por esta misma relaciуn con lo que no es йl: no
es absolutamente, es decir, ni siquiera un pasado o un futuro como
presentes modificados. Es preciso que le separe un intervalo de lo que
no es йl para que sea йl mismo, pero este intervalo que lo constituye en
presente debe tambiйn a la vez decidir el presente en sн mismo,
compartiendo asн, con el presente, todo lo que se puede pensar a partir
de йl, es decir, todo ente, en nuestra lengua metafнsica, singularmente
la sustancia o el sujeto. Constituyйndose este intervalo, decidiйndose
dinбmicamente, es lo que podemos llamar espaciamiento,
devenir-espacio del tiempo o devenir-tiempo del espacio (temporalizaciуn).
Y es esta constituciуn del presente, como sнntesis «originaria» e
irreductiblemente no-simple, pues, estricto sensu,
no-originaria, de marcas [marques], de rastros [traces] de retenciones y
de protenciones (para reproducir aquн, analуgicamente y de manera
provisional, un lenguaje fenomenolуgico y transcendental que se revelarб
enseguida inadecuado) que yo propongo llamar archi-escritura
[archi-йcriture], archirastro [archi-trace] o diffйrance. Esta (es) (a
la vez) espaciamiento (y) temporizaciуn.
Este movimiento (activo) de la (producciуn de la)
diffйrance sin origen, їno habrнamos podido
llamarla simplemente y sin neografismo, diferenciaciуn?
Entre otras confusiones, una palabra asн hubiera dejado pensar en
alguna unidad orgбnica, originaria y homogйnea, que en un momento dado
viene a dividir, a recibir la diferencia como un acontecimiento. Sobre
todo, formado sobre el verbo diferenciar, anularнa la
significaciуn econуmica del rodeo, de la demora temporalizadora, del
«diferir». Una nota, aquн, de paso. La debo a una lectura reciente de un
texto que Koyrй habнa consagrado en 1934, en la Revue d'histoire
et de philosophie religieuse a Hegel en Jena
(reproducida en sus Йtudes d'histoire de la penseй philosophique).
Koyrй hace ahн largas citas, en alemбn, de la Lуgica
de Jena y propone su traducciуn. Ahora bien, en dos ocasiones
encuentra en el texto de Hegel la expresiуn differente
Beziehung. Esta palabra de raнz latina (different)
es rara en alemбn y tambiйn, creo, en Hegel, que mбs bien dice
verschieden, ungleich, que llama a la
diferencia Unterschied, y Verschiedenheit a
la variedad cualitativa. En la Lуgica de Jena, se
sirve de la palabra differente en el momento en que
trata precisamente del tiempo y del presente. Antes de llegar a una
discusiуn preciosa de Koyrй, he aquн algunas frases
de Hegel, tal como las traduce: «El infinito, en esta simplicidad, es,
como momento opuesto a lo igual consigo mismo lo negativo, y en sus
momentos, mientras que se presenta a (sн mismo) y en sн mismo la
totalidad, (es) lo que excluye en general, el punto o el lнmite, pero en
йsta su acciуn de negar, se relaciona inmediatamente con el otro y se
niega a sн mismo. El lнmite o el momento del presente (der
Gegen-wart), el «este» absoluto del tiempo, o el ahora, es de
una simplicidad negativa absoluta, que excluye de sн absolutamente toda
multiplicidad y, por esto mismo, estб absolutamente determinado; es no
un todo o un quantum que se extenderнa en sн (y)
que, en sн mismo, tambiйn tendrнa un momento indeterminado, un diverso
que, indiferente (gleichgьltig) o exterior en el
mismo, se relacionarнa con otro (auf ein anderer bezцge),
pero es ahн una relaciуn absolutamente diferente del simple (sonderns
es ist absolut differente Beziehung).» Y Koyrй precisa de
manera digna de menciуn en nota: «Relaciуn diferente: diferente
Beziehung. Se podrнa decir: relaciуn diferenciante.» Y en
la pбgina siguiente, otro texto de Hegel, donde se puede leer esto: «Diese
Beziehung ist Gegenwart, als eine differente Beziehung. (Esta
relaciуn es [el] presente como relaciуn diferente).» Otra nota de Koyrй:
«El tйrmino different se toma aquн en un sentido
activo.»
Escribir difiriente o
diffйrance (con una a) podrнa ya tener la utilidad de hacer
posible, sin otra nota o precisiуn, la traducciуn de Hegel en este punto
particular que tambiйn es un punto absolutamente decisivo de su
discurso. Y la traducciуn serнa, como siempre debe serlo, transformaciуn
de una lengua en otra. Naturalmente, sostengo que la palabra
diffйrance puede tambiйn servir para otros usos:
inicialmente porque seсala no sуlo la actividad de la diferencia
«originaria», sino tambiйn el rodeo temporalizador del diferir; sobre
todo porque a pesar de relaciones de afinidad muy profunda que la
diferancia asн escrita mantiene con el discurso hegeliano, tal como debe
ser leнdo, puede en un cierto punto no romper con йl, lo que no tiene
ningъn tipo de sentido ni de oportunidad, sino operar en йl una especie
de desplazamiento a la vez нnfimo y radical, cuyo espacio trato de
indicar en otro lugar pero del que me serнa difнcil hablar muy deprisa
aquн.
Las diferencias son, pues, «producidas» -diferidas-
por la diffйrance. їPero quй es lo que difiere o
quiйn difiere? En otras palabras, їquй es la diffйrance?
Con esta pregunta llegamos a otro lugar y otro recurso de la
problemбtica.
Que es lo que difiere? їQuiйn difiere? їQuй es la
diffйrance?
Si respondiйramos a estas preguntas antes incluso
de interrogarlas como pregunta, antes de darles la vuelta y de sospechar
de su forma, hasta en lo que parece en ellas mбs natural y mбs
necesario, volverнamos ya a caer de este lado de lo que acabamos de
despejar. Si aceptбramos, en efecto, la forma de la pregunta, en su
sentido y en su sintaxis («quй es lo que», «quй es quien» «quiйn es el
que»...), serнa necesario admitir que la diffйrance es derivada,
sobrevenida, dominada y gobernada a partir del punto de un ente-presente
[йtant-prйsent], pudiendo йste ser cualquier cosa, una forma, un estado,
un poder en el mundo, a los que se podrб dar toda clase de nombres, un
que, o un ente presente como sujeto, un quien.
En este ъltimo caso especialmente, se admitirнa implнcitamente que
este ente presente, como ente presente para sн, como consciencia,
llegarнa en un momento dado a diferir de ella: ya sea a retrasar y a
alejar la satisfacciуn de una «necesidad» o de un «deseo», ya sea a
diferir de sн, pero, en ninguno de estos casos, un ente-presente
semejante serнa «constituido» por esa diffйrance.
Ahora bien, si nos referimos una vez mбs a la
diferencia semiolуgica, їquй es lo que Saussure, en particular, nos ha
recordado? Que «la lengua [que no consiste, pues, mбs que en
diferencias] no es una funciуn del sujeto hablante». Esto implica que el
sujeto (identidad consigo mismo o en su momento, consciencia de la
identidad consigo mismo, consciencia de sн) estб inscrito en la lengua,
es «funciуn» de la lengua, no se hace sujeto hablante mбs que
conformando su habla, incluso en la llamada «creaciуn», incluso en la
llamada «transgresiуn», al sistema de prescripciones de la lengua como
sistema de diferencias, o al menos a la ley general de la diferencia,
rigiйndose sobre el principio de la lengua del que dice Saussure que es
«el lenguaje menos el habla». «La lengua es necesaria para que el habla
sea inteligible y produzca todos sus efectos.»
Si por hipуtesis tenemos por absolutamente rigurosa
la oposiciуn del habla a la lengua, la diffйrance serб no sуlo el juego
de las diferencias en la lengua, sino la relaciуn del habla con la
lengua, el rodeo tambiйn por el cual debo pasar para hablar, la prenda
silenciosa que debo dar, y que igualmente vale para la semiologнa
general que rige todas las relaciones del uso y al esquema del mensaje,
el cуdigo, etc. (He tratado de sugerir en otra parte que esta diferencia
en la lengua y en la relaciуn del habla con la lengua impide la
disociaciуn esencial que en otro estrato de su discurso querнa
tradicionalmente seсalar Saussure entre el habla y la escritura. La
prбctica de la lengua o del cуdigo que supone un juego de formas, sin
sustancia determinada e invariable, que supone tambiйn en la prбctica de
este juego una retenciуn y una protenciуn de las diferencias, un
espaciamiento y una temporizaciуn, un juego de marcas [traces], es
preciso que sea una especie de escritura avant la lettre
una archiescritura sin origen presente, sin arkhe.
De donde la tachadura regida por la arkhe y la
transformaciуn de la semiologнa general en gramatologнa, operando
йsta un trabajo crнtico sobre todo lo que, en la semiologнa y hasta en
su concepto matriz -el signo- retenнa presupuestos metafнsicos
incompatibles con el motivo de la diffйrance.)
Podrнamos sentirnos tentados por una objeciуn:
ciertamente, el sujeto no se hace «hablante» mбs que comerciando con el
sistema de las diferencias lingьнsticas; o incluso el sujeto no se hace
significante (en general, por el habla u otro signo) mбs que
inscribiйndose en el sistema de las diferencias. En este sentido,
ciertamente, el sujeto hablante o significante no estarнa presente para
sн en tanto que hablante o significante sin el juego de la diferencia
lingьнstica o semiolуgica. Pero їno se puede concebir una presencia y
una presencia para sн del sujeto antes de su habla o su signo, una
presencia para sн del sujeto en una consciencia silenciosa e intuitiva?
Una pregunta semejante supone, pues, que antes del
signo y fuera de йl, con la exclusiуn de todo rastro [trace] y de toda
diffйrance es posible algo semejante a la consciencia. Y que, antes
incluso de distribuir sus signos en el espacio y en el mundo, la
consciencia puede concentrarse ella misma en su presencia. Ahora bien,
їquй es la consciencia? їQuй quiere decir «consciencia»? Lo mбs a menudo
en la forma misma del «querer decir» no se ofrece al pensamiento bajo
todas sus modificaciones mбs que como presencia para sн, percepciуn de
sн misma de la presencia. Y lo que vale de la consciencia vale aquн de
la existencia llamada subjetiva en general. De la misma manera que la
categorнa del sujeto no puede y no ha podido nunca pensarse sin la
referencia a la presencia como upokeimenon o como
ousia, etc., el sujeto como consciencia nunca ha podido
anunciarse de otra manera que como presencia para sн mismo. El
privilegio concedido a la consciencia significa, pues, el privilegio
concedido al presente; e incluso si se describe, en la profundidad con
que lo hace Husserl, la temporalidad transcendental de la consciencia es
al «presente viviente» al que se concede el poder de sнntesis y de
concentraciуn incesante de las marcas.
Este privilegio es el йter de la metafнsica, el
elemento de nuestro pensamiento en tanto que es tomado en la lengua de
la metafнsica. No se puede delimitar un tal cierre mбs que solicitando
hoy este valor de presencia del que Heidegger ha mostrado que es la
determinaciуn ontoteolуgica del ser; y al solicitar asн este valor de
presencia, por una puesta en tela de juicio cuyo status
debe ser completamente singular, interrogamos el privilegio absoluto de
esta forma o de esta йpoca de la presencia en general que es la
consciencia como querer-decir en la presencia para sн.
Ahora bien, llegamos, pues, a plantear la presencia
-y singularmente la consciencia, el ser cerca de sн de la consciencia-
no como la forma matriz absoluta del ser, sino como una «determinaciуn»
y como un «efecto». Determinaciуn o efecto en el interior de un sistema
que ya no es el de la presencia, sino el de la diffйrance, y que ya no
tolera la oposiciуn de la actividad y de la pasividad, en mayor medida
que la de la causa y del efecto o de la indeterminaciуn y de la
determinaciуn, etc., de tal manera que al designar la consciencia como
un efecto o una determinaciуn se continъa, por razones estratйgicas, que
pueden ser mбs o menos lъcidamente deliberadas y sistemбticamente
calculadas, a operar segъn el lйxico de lo mismo que se de-limita.
Antes de ser, tan radicalmente y tan expresamente,
el de Heidegger, este gesto ha sido tambiйn el de Nietzsche y el de
Freud; quienes, uno y otro, como es sabido, y a veces de manera tan
semejante, han puesto en tela de juicio la consciencia en su certeza
segura de sн. Ahora bien, їno es notable que lo hayan echo uno y otro a
partir del motivo de la diffйrance?
Este aparece casi seсaladamente en sus textos y en
esos lugares donde se juega todo. No podrнa extenderme aquн; simplemente
recordarй que para Nietzsche la gran actividad principal es inconsciente
y que la consciencia es el efecto de las fuerzas cuya esencia y vнas y
modos no le son propios. Ahora bien, la fuerza misma nunca estб
presente: no es mбs que un juego de diferencias y de cantidades. No
habrнa fuerza en general sin la diferencia entre las fuerzas; y aquн la
diferencia de cantidad cuenta mбs que el contenido de la cantidad, que
la grandeza absoluta misma: «La cantidad misma no es, pues, separable de
la diferencia de cantidad. La diferencia de cantidad es la esencia de la
fuerza, la relaciуn de la fuerza con la fuerza. Soсar con dos fuerzas
iguales, incluso si se les concede una oposiciуn de sentido, es un sueсo
aproximativo y grosero, sueсo estadнstico donde lo viviente se sumerge,
pero que disipa la quнmica» (G. Deleuze, Nietzsche et la
philosophie, pбg. 49). Todo el pensamiento de Nietzsche
їno es una crнtica de la filosofнa como indiferencia activa ante la
diferencia, como sistema de reducciуn o de represiуn a-diaforнstica? Lo
cual no excluye que segъn la misma lуgica, segъn la lуgica misma, la
filosofнa viva en y de la diffйrance,
cegбndose asн a lo mismo que no es lo idйntico. Lo mismo
es precisamente la diffйrance (con una a) como paso desviado y equнvoco
de un diferente a otro, de un tйrmino de la oposiciуn a otro. Podrнamos
asн volver a tomar todas las parejas en oposiciуn sobre las que se ha
construido la filosofнa y de las que vive nuestro discurso para ver ahн
no borrarse la oposiciуn, sino anunciarse una necesidad tal que uno de
los tйrminos aparezca como la diffйrance del otro, como el otro diferido
en la economнa del mismo (lo inteligible como difiriendo de lo sensible,
como sensible diferido; el concepto como intuiciуn diferida-diferente;
la cultura como naturaleza diferida-diferente; todos los otros de la
physis-techne, nomos, thesis,
sociedad, libertad, historia, espнritu, etc., -como physis
diferida o como physis diferente. Physis
en diffйrance. Aquн se indica el lugar de una reciente
interpretaciуn de la mimesis, en su pretendida oposiciуn a
la physis). Es a partir de la muestra de este mismo
como diffйrance cuando se anuncia la mismidad de la diferencia y de la
repeticiуn en el eterno retorno. Tantos temas que se pueden poner en
relaciуn en Nietzsche con la sintomatologнa que siempre diagnostica el
rodeo o la artimaсa de una instancia disfrazada en su diffйrance; o
incluso con toda la temбtica de la interpretaciуn activa que sustituye
con el desciframiento incesante al desvelamiento de la verdad como
presentaciуn de la cosa misma en su presencia, etc. Cifra sin verdad, o
al menos sistema de cifras no dominado por el valor de verdad que se
convierte entonces en sуlo una funciуn comprendida, inscrita,
circunscrita.
Podremos, pues, llamar diffйrance a esta discordia
«activa», en movimiento, de fuerzas diferentes y de diferencias de
fuerzas que opone Nietzsche a todo el sistema de la gramбtica metafнsica
en todas partes donde gobierna la cultura, la filosofнa y la ciencia.
Es histуricamente significante que esta
diaforнstica en tanto que energйtica o economнa de fuerzas, que se
ordena segъn la puesta, en tela de juicio de la primacнa de la presencia
como consciencia, sea tambiйn el motivo capital del pensamiento de
Freud: otra diaforнstica, a la vez teorнa de la cifra (o de la marca
[trace]) y energйtica. La puesta en tela de juicio de la autoridad de la
consciencia es inicialmente y siempre diferencial.
Los dos valores aparentemente diferentes de la
diffйrance se anudan en la teorнa freudiana: el diferir como
discernibilidad, distinciуn, desviaciуn, diastema, espaciamiento,
y el diferir como rodeo, demora, reserva, temporizaciуn.
1. Los conceptos de marca [trace] (Spur),
de facilitaciуn (Bahnung), de fuerzas de facilitaciуn son
desde el Entwurt [Proyecto de una psicologнa para
neurуlogos] inseparables del concepto de diferencia. No se puede
describir el origen de la memoria y del psiquismo como memoria en
general (consciente o inconsciente) mбs que tomando en consideraciуn la
diferencia entre los razonamientos. Freud lo dice expresamente. No hay
facilitaciуn sin diferencia ni diferencia sin marca [trace].
2. Todas las diferencias en la producciуn de marcas
[traces] inconscientes y en los procesos de inscripciуn (Niederschrift)
pueden tambiйn ser interpretadas como momentos de la diffйrance, en
el sentido de la puesta en reserva. Segъn un esquema que no ha cesado de
guiar el pensamiento de Freud, el movimiento de la marca [trace] se
describe como un esfuerzo de la vida que se protege a sн misma
difiriendo la inversiуn peligrosa, constituyendo una reserva
(Vorrat) y todas las oposiciones de conceptos que
surcan el pensamiento freudiano relacionan cada uno de los conceptos a
otro como los momentos de un rodeo en la economнa de la diffйrance. El
uno no es mбs que el otro diferido, el uno que difiere del otro. El uno
es el otro en diffйrance, el uno es la diffйrance del otro. Asн es como
toda oposiciуn aparentemente rigurosa e irreductible (por
ejemplo, la de lo secundario y lo primario) se ve calificar, en uno u
otro momento, de «ficciуn teуrica». Es tambiйn asн, por ejemplo (pero
este ejemplo gobierna todo, comunica con todo), como la diferencia entre
el principio del placer y el principio de realidad no es sino la
diffйrance como rodeo (Aufschieben, Aufschub). En
Mбs allб del principio de placer escribe Freud:
«Bajo la influencia del instinto de conservaciуn del yo, el principio
del placer se borra y cede el lugar al principio de realidad que hace
que, sin renunciar al fin ъltimo que constituye el placer, consintamos
en diferir la realizaciуn, en no aprovechar ciertas posibilidades que se
nos ofrecen de apresurarnos en ello, incluso en soportar, a favor del
largo rodeo (Aufschub) que tomamos para llegar al placer,
un momentбneo descontento.»
Aquн tocamos el punto de mayor oscuridad en el
enigma mismo de la diffйrance, lo que divide justamente el concepto en
una extraсa particiуn. No es preciso apresurarse a decidir. їCуmo pensar
a la vez la diffйrance como rodeo econуmico que, en el
elemento del mismo, pretende siempre reencontrar el placer en el lugar
en que la presencia es diferida por cбlculo (consciente o
inconscientemente) y por otra parte la diffйrance como relaciуn con la
presencia imposible, como gasto sin reserva, como pйrdida irreparable de
la presencia, usura irreversible de la energнa, como pulsiуn de muerte y
relaciуn con el otro que interrumpe en apariencia toda economнa? Es
evidente -es absolutamente evidente- que no se pueden pensar
conjuntamente lo econуmico y lo no-econуmico, lo
mismo y lo totalmente-otro, etc. Si la diffйrance es este impensable,
quizб no es necesario apresurarse a hacerlo evidente, en el elemento
filosуfico de la evidencia que habrнa hecho pronto disipar la ilusiуn y
lo ilуgico, con la infalibilidad de un cбlculo que conocemos bien, para
haber reconocido precisamente su lugar, su necesidad, su funciуn en la
estructura de la diffйrance. Lo que en la filosofнa sacarнa provecho ya
ha sido tomado en consideraciуn en el sistema de la diffйrance tal como
se calcula aquн. He tratado en otra parte, en una lectura de Bataille,
de indicar lo que podrнa ser una puesta en contacto, si se
quiere, no sуlo rigurosa, sino, en un nuevo sentido, «cientнfica», de
esta «economнa limitada» que no deja lugar al gasto sin reserva, a la
muerte, a la exposiciуn al sin sentido, etc., y de una economнa general
que toma en consideraciуn la no-reserva, si se puede
decir, que tiene en reserva la no-reserva. Relaciуn entre una diffйrance
que encuentra su cuenta y una diffйrance que fracasa en encontrar su
cuenta, la apuesta [mise] de la presencia
pura y sin pйrdida confundiйndose con la de la pйrdida absoluta, de la
muerte. Por esta puesta en contacto de la economнa limitada y de la
economнa general se desplaza y se reinscribe el proyecto mismo de la
filosofнa, bajo la especie privilegiada del hegelianismo. Se doblega la
Aufhebung -el relevo- a escribirse de otra manera.
Quizб, simplemente, a escribirse. Mejor, a tomar en consideraciуn su
consumaciуn de escritura.
Pues el carбcter econуmico de la diffйrance no
implica de ninguna manera que la presencia diferida pueda ser todavнa
reencontrada, que no haya asн mбs que una inversiуn que retarda
provisionalmente y sin pйrdida la presentaciуn de la presencia, la
percepciуn del beneficio o el beneficio de la percepciуn. Contrariamente
a la interpretaciуn metafнsica, dialйctica, «hegeliana» del movimiento
econуmico de la diffйrance, hay que admitir aquн un juego donde quien
pierde gana y donde se gana y pierde cada vez. Si la presentaciуn
desviada sigue siendo definitiva e implacablemente rechazada, no es sino
un cierto presente lo que permanece escondido o ausente; pero la
diffйrance nos mantiene en relaciуn con aquello de lo que ignoramos
necesariamente que excede la alternativa de la presencia y de la
ausencia. Una cierta alteridad -Freud le da el nombre metafнsico de
inconsciente- es definitivamente sustraнda a todo proceso de
presentaciуn por el cual lo llamarнamos a mostrarse en persona. En este
contexto y bajo este nombre el inconsciente no es, como es sabido, una
presencia para sн escondida, virtual, potencial. Se difiere, esto quiere
decir sin duda que se teje de diferencias y tambiйn que envнa, que
delega representantes, mandatarios; pero no hay ninguna posibilidad de
que el que manda «exista», estй presente, sea el mismo en algъn sitio y
todavнa menos de que se haga consciente. En este sentido, contrariamente
a los tйrminos de un viejo debate, el lado fuerte de todas las
inversiones metafнsicas que ha realizado siempre, el «inconsciente» no
es mбs una «cosa» que otra cosa, no mбs una cosa que una consciencia
virtual o enmascarada. Esta alteridad radical con relaciуn a todo modo
posible de presencia se seсala en efectos irreductibles de destiempo, de
retardamiento. Y, para describirlos, para leer las marcas [traces] de
las marcas [traces] «inconscientes» (no hay marca [trace] «consciente»),
el lenguaje de la presencia o de la ausencia, el discurso metafнsico de
la fenomenologнa es inadecuado (pero el «fenomenуlogo» no es el ъnico
que habla).
La estructura del retardamiento (Nachtrдglichkeit),
impide en efecto que se haga de la temporalizaciуn una simple
complicaciуn dialйctica del presente vivo como sнntesis originaria e
incesante, constantemente reconducida a sн, concentrada sobre sн,
concentrante, de rastros [traces]
retencionles y de aberturas protencionales. Con
la alteridad del «inconsciente» entramos en contacto no con horizontes
de presentes modificados -pasados o por venir-, sino con un «pasado» que
nunca ha sido presente y que no lo serб jamбs, cuyo «por-venir» nunca
serб la producciуn o la reproducciуn en la forma de la
presencia. El concepto de rastro [trace] es, pues, inconmensurable con
el de retenciуn, de devenir-pasado de lo que ha sido presente. No se
puede pensar el rastro [la trace] -y asн la diffйrance- a partir del
presente, o de la presencia del presente.
Un pasado que nunca ha sido presente, esta es la
fуrmula por la cual Emmanuel Levinas, segъn vнas que ciertamente no son
las del psicoanбlisis, califica la marca [la trace] y el enigma de la
alteridad absoluta: el otro [autrui]. En estos lнmites y desde este
punto de vista al menos, el pensamiento de la diffйrance implica toda la
crнtica de la ontologнa clбsica emprendida por Levinas. Y el concepto de
marca [trace], como el de diffйrance, organiza asн a travйs de estas
marcas [traces] diferentes y estas diferencias de marcas [traces], en el
sentido de Nietzsche, de Freud, de Levinas (estos
«nombres de autores» no son aquн mбs que indicios), la red que concentra
y atraviesa nuestra «йpoca» como delimitaciуn de la ontologнa (de la
presencia).
Es decir, del ente o de la entidad [l’йtant ou de
l’йtantitй]. En todas partes, es la dominaciуn del ente [l’etant] lo que
viene a solicitar la diffйrance, en el sentido en que solicitare
significa, en viejo latнn, sacudir como un todo, hacer temblar en
totalidad. Es la determinaciуn del ser como presencia o como enticidad
[йtantitй] lo que es asн pues interrogado por el pensamiento de la
diffйrance. Una pregunta semejante no podrнa surgir y dejarse comprender
sin que se abriera en alguna parte la diferencia que hay entre el ser y
el ente [la diffйrence de l’кtre а l’йtant]. Primera consecuencia: la
diffйrance no es. No es un ente-presente [йtant-prйsent], por excelente,
ъnico, de principio o transcendental que lo queramos considerar. No
gobierna nada, no reina sobre nada, y no ejerce en ninguna parte
autoridad alguna. No se anuncia por ninguna mayъscula. No sуlo no hay
reino de la diffйrance, sino que йsta fomenta la subversiуn de todo
reino. Lo que la hace evidentemente amenazante e infaliblemente temida
por todo lo que en nosotros desea el reino, la presencia pasada o por
venir de un reino. Y es siempre en el nombre de un reino como se puede,
creyendo verla engrandecerse con una mayъscula, reprocharle querer
reinar.
їEs que, sin embargo, la diferencia se ajusta en la
desviaciуn de la diferencia уntico-ontolуgica tal como se piensa; tal
como la «йpoca» se piensa ahн en particular «a travйs», si aъn puede
decirse, de la meditaciуn heideggeriana?
No hay respuesta simple a una pregunta semejante.
Por una cierta cara de sн misma, la diffйrance no
es ciertamente mбs que el despliegue histуrico y de йpoca
del ser o de la diferencia ontolуgica. La a de la
diffйrance seсala el movimiento de este despliegue.
Y sin embargo, el pensamiento del sentido
o de la verdad del ser, la determinaciуn de la diffйrance
en diferencia уntico-ontolуgica, la diferencia pensada en el horizonte
de la cuestiуn del ser, їno es todavнa un efecto
intrametafнsico de la diffйrance? El despliegue de la diffйrance no es
quizб sуlo la verdad del ser o de la epocalidad del ser. Quizб hace
falta intentar pensar este pensamiento inaudito, este trazado
silencioso: que la historia del ser, cuyo pensamiento inscribe al logos
griego-occidental, no es en sн misma, tal como se produce a travйs de la
diferencia ontolуgica, mбs que una йpoca del diapherein.
No podrнamos siquiera llamarla desde aquн «йpoca» perteneciendo el
concepto de epocalidad al interior de la historia como historia del ser.
No habiendo tenido nunca «sentido» el ser, no habiendo nunca sido
pensado o dicho como tal mбs que disimulбndose en el ente, la diffйrance
de una cierta y muy extraсa manera, (es) mбs «vieja» que la diferencia
ontolуgica o que la verdad del ser. A esta edad se la puede llamar juego
de la marca [trace]. De una marca [trace] que no pertenece ya al
horizonte del ser sino cuyo juego lleva y cerca el sentido del ser:
juego de la marca [trace] o de la diffйrance que no tiene sentido y que
no existe. Que no pertenece. Ningъn mantenimiento, pero ninguna
profundidad para este damero sin fondo donde el ser se pone en juego.
Es acaso asн como el juego heracliteano del
en diapheron eauto, del uno diferente de sн, difiriйndose
consigo, se pierde ya como una marca [trace] en la determinaciуn del
diapherein en diferencia ontolуgica.
Pensar la diferencia ontolуgica sigue siendo sin
duda, una tarea difнcil cuyo enunciado ha permanecido casi inaudible.
Tambiйn prepararse mбs allб de nuestro logos, para una
diffйrance tanto mбs violenta cuanto que no se deja todavнa reconocer
como epocalidad del ser y diferencia ontolуgica, no es ni eximirse del
paso por la verdad del ser ni de ninguna manera «criticarlo»,
«contestarlo», negar su incesante necesidad. Es necesario, por el
contrario, quedarse en la dificultad de este paso, repetirlo en la
lectura rigurosa de la metafнsica en todas partes donde normaliza el
discurso occidental, y no solamente en los textos de la «historia de la
filosofнa». Hay que dejar en todo rigor aparecer/desaparecer la marca
[trace] de lo que excede la verdad del ser. Marca [Trace] (de lo) que no
puede nunca presentarse, marca [trace] que en sн misma no puede nunca
presentarse: aparecer y manifestarse como tal en su fenуmeno. Marca
[trace] mбs allб de lo que liga en profundidad la ontologнa fundamental
y la fenomenologнa. Siempre difiriendo, la marca [trace] no estб nunca
como tal en presentaciуn de sн. Se borra al presentarse, se ensordece
resonando, como la a al escribirse, inscribiendo su
pirбmide en la diffйrance.
De este movimiento siempre se puede descubrir la
marca [trace] anunciadora y reservada en el discurso metafнsico y sobre
todo en el discurso contemporбneo que habla, a travйs de las tentativas
en que nos hemos interesado hace un instante (Nietzsche, Freud, Levinas)
del cierre de la ontologнa. Singularmente en el texto heideggeriano.
Este nos provoca a interrogar la esencia del
presente, la presencia del presente.
Quй es el presente? Quй es pensar el presente en su
presencia?
Consideremos por ejemplo, el texto de 1946 que se
titula Der Spruch des Anaximander. Heidegger
recuerda ahн que el olvido del ser olvida la diferencia del ser y el
ente: «Pero la cosa del ser (die Sache des Seins), es ser
el ser de lo ente. La forma lingьнstica de este genitivo
con multivalencia enigmбtica nombra una gйnesis (Genesis),
una proveniencia (Herkunft) del presente a
partir de la presencia (des Anbwesenden
aus dem Anwesen). Pero, con la muestra de los dos, la esencia
(Wesen) de esta proveniencia permanece secreta (verborgen).
No solamente la esencia de esta proveniencia, sino tambiйn la
simple relaciуn entre presencia y presente
(Anwesen und Anwesendem) permanece impensada. Desde la
aurora, parece que la presencia, y el ente-presente
sean, cada uno por su lado, separadamente algo. Imperceptiblemente, la
presencia se hace ella-misma un presente... La esencia de
la presencia (Des Wesen des Anwesens)
y asн la diferencia de la presencia y el presente
es olvidada. El olvido del ser es el olvido de la diferencia del
ser y el ente (traducciуn en Chemins, pбgs.
296-297).[i]
Recordбndonos la diferencia entre el ser y el ente
(la diferencia ontolуgica) como diferencia de la presencia y el
presente, Heidegger avanza una proposiciуn, un conjunto de proposiciones
que aquн no se tratarб, por una precipitaciуn propia de la necedad, de
«criticar», sino de devolver mбs bien a su poder de provocaciуn.
Procedamos lentamente. Lo que Heidegger quiere,
pues, seсalar [marquer] es esto: la diferencia del ser y el ente, lo
olvidado de la metafнsica, ha desaparecido sin dejar marca [trace]. La
marca [trace] misma de la diferencia se ha perdido. Si admitimos que la
diffйrance (es) (en sн misma) otra cosa que la ausencia y la presencia,
si marca, [trace] serнa preciso
hablar aquн, tratбndose del olvido de la diferencia (del ser y el ente),
de una desapariciуn de la marca [trace] de la marca [trace]. Es lo que
parece implicar tal pasaje de La palabra de Anaximandro.
«El olvido del ser forma parte de la esencia misma del ser,
velado por йl. El olvido pertenece tan esencialmente al destino del ser
que la aurora de este destino comienza precisamente en tanto que
desvelamiento del presente en su presencia. Esto quiere
decir: la historia del ser comienza por el olvido del ser en que el ser
retiene su esencia, la diferencia con lo ente. La diferencia falta.
Permanece olvidada. Sуlo lo diferenciado -el presente y la presencia
(das Anwesende und dar Anwesen) se desabriga, pero no
en tanto que lo diferenciado. Al contrario, la
marca [trace] matinal (die frьhe Spur) de la
diferencia se borra desde el momento en que la presencia aparece como un
ente-presente (Das Anwesen wie ein Anwesendes erscheint) y
encuentra su proveniencia en un (ente)-presente supremo (in
einem hцchsten Anwesenden)».[ii]
No siendo la marca [trace] una presencia, sino un
simulacro de una presencia que se disloca, se desplaza, se repite, no
tiene propiamente lugar, el borrarse pertenece a su estructura. No sуlo
el borrarse que siempre debe poder sorprenderla, a falta de lo que ella
no serнa marca [trace], sino indestructible, monumental substancia, sino
el borrarse que [la constitue d’entrйe de jeu en trace, qui l’installe
en changement de lieu] y la hace desaparecer en su apariciуn, salir de
sн en su posiciуn. El borrarse de la marca [trace] precoz (die
frьhe Spur) de la diferencia es, pues, «el mismo» que su trazado
[tracement] en el texto metafнsico. Este debe haber guardado la marca
[marque] de lo que ha perdido o reservado, dejado de lado. La paradoja
de una estructura semejante, es, en el lenguaje de la metafнsica, esta
inversiуn del concepto metafнsico que produce el efecto siguiente: el
presente se hace el signo del signo, la marca [trace] de la marca
[trace]. Ya no es aquello a lo que en ъltima instancia reenvнa todo
reenvнo. Se convierte en una funciуn dentro de una estructura de reenvнo
generalizada. Es marca [trace] y marca [trace] del borrarse de la marca
[trace].
El texto de la metafнsica es asн comprendido.
Todavнa legible; y para leerse. No estб rodeado, sino atravesado por
su lнmite, marcado [marquй] en su interior por la estela mъltiple de su
margen. Proponiendo a la vez el monumento y el espejismo
de la marca [trace], la marca [trace] simultбneamente marcada [tracйe] y
borrada, simultбneamente viva y muerta, viva como siempre al simular
tambiйn la vida en su inscripciуn guardada. Pirбmide. No un lнmite que
hay que franquear, sino pedregosa, sobre una muralla, en otras palabras
que hay que descifrar, un texto sin voz.
Se piensa entonces sin contradicciуn, sin conceder
al menos ninguna pertinencia a tal contradicciуn, lo perceptible y lo
imperceptible de la marca [trace]. La «marca [trace] matinal» de la
diferencia se ha perdido en una invisibilidad sin retorno y, sin
embargo, su pйrdida misma estб abrigada, guardada, mirada, retardada. En
un texto. Bajo la forma de la presencia. De la propiedad. Que en sн
misma no es mбs que un efecto de escritura.
Despuйs de haber hablado del borrarse de la marca
[trace] matinal, Heidegger puede, pues, en la contradicciуn sin
contradicciуn, consignar contrasignar el empotramiento de la marca
[trace]. Un poco mбs lejos: -«La diferencia del ser y lo ente no puede
sin embargo, llegar luego a la experiencia como un olvido mбs que si se
ha descubierto ya con la presencia del presente (mit dem Anwesen
des Anwesenden), y si estб asн sellada en una marca
[trace] (so eine Spur geprдgt hat) que permanece
guardada (gewahrt bleibt) en la lengua a la que adviene el
ser.»[iii]
Mбs adelante de nuevo, meditando el to khreon
de Anaximandro, traducido aquн como Brauch
(conservaciуn) [maintien], Heidegger escribe esto:
«Disponiendo acuerdo y deferencia (Fug und
Ruch. verfьgend) la conservaciуn libera el presente (Anwesende)
en su permanencia y lo deja libre cada vez para su estancia. Pero
por eso mismo, el presente se ve igualmente comprometido en el peligro
constante de endurecerse en la insistencia (in das blosze Beharren
verbдrtet) a partir de su duraciуn que permanece. Asн la
conservaciуn (Brauch) sigue siendo al mismo tiempo en sн
misma des-poseimiento (Aushдndigung: des-conservaciуn) de
la presencia (des Anwesens) in der Un-fug, en lo
disonante (el desunimiento). La conservaciуn aсade el des- (Der
Brauch fьgt das Un-).»[iv]
Y es en el momento en que Heidegger reconoce la
conservaciуn como marca [trace]
cuando debe plantearse la cuestiуn: їse puede y hasta dуnde se puede
pensar esta marca y el des- [dis] de la
diffйrance como Wesen des Seins? їEl des- de la
diferencia no nos lleva mбs allб de la historia del ser, mбs allб de
nuestra lengua tambiйn y de todo lo que en ella puede nombrarse? їNo
apela, en la lengua del ser, a la transformaciуn, necesariamente
violenta, de esta lengua en una lengua totalmente diferente?
Precisemos esta cuestiуn. Y, para desalojar en ella
la «marca» [«trace»] (y їquiйn ha creнdo que se ojeaba algo mбs que
pistas para despistar?), leamos otra vez este pasaje:
«La traducciуn de to khreon
como: «la conservaciуn» (Brauch) no proviene de
reflexiones etimolуgico-lйxicas. La elecciуn de la palabra
«conservaciуn» proviene de una tra-ducciуn anterior (Ubersetzen)
del pensamiento que trata de pensar la diferencia en el despliegue
del ser (im Wesen des Seins) hacia el comienzo historial
del olvido del ser. La palabra «la conservaciуn» es dictada al
pensamiento en la aprehensiуn (Erfahrung) del olvido del
ser. Lo que de esto propiamente hay que pensar en la palabra «la
conservaciуn», to khreon nombra propiamente una
marca [trace] (Spur), marca [trace] que desaparece
enseguida (aisbald verschwindet) en la historia del ser
que se muestra histуrico-mundialmente como metafнsica occidental.»[v]
їCуmo pensar lo que estб fuera de un texto? їMбs o
menos como su propio margen? Por
ejemplo, їlo otro del texto de la metafнsica occidental? Ciertamente la
«marca [trace] que desaparece enseguida en la historia del ser... como
metafнsica occidental» escapa a todas las determinaciones, a todos los
nombres que podrнa recibir en el texto metafнsico. En estos nombres se
abriga y asн se disimula. No aparece ahн como la marca [trace] «en sн
misma». Pero es porque no podrнa nunca aparecer en sн misma, como tal.
Heidegger tambiйn dice que la diferencia no puede aparecer en tanto que
tal: «Lichtung des Unterschiedes kann deshalb auch nicht bedeuten,
dasz der Unterschied als der Unterschied erscheint.» No hay
esencia de la diffйrance, йsta (es) lo que no sуlo no sabrнa dejarse
apropiar en йl como tal de su nombre o de su aparecer,
sino lo que amenaza la autoridad del como tal en general,
de la presencia de la cosa misma en su esencia. Que no haya, en este
punto, esencia propia[vi],
de la diffйrance, implica que no haya ni ser ni verdad del juego de la
escritura en tanto que inscribe la diffйrance.
Para nosotros, la diffйrance sigue siendo un nombre
metafнsico y todos los nombres que recibe en nuestra lengua son aъn, en
tanto que nombres, metafнsicos. En particular cuando dicen la
determinaciуn de la diffйrance como diferencia entre la presencia y el
presente (Anwesen/Anwesend), pero sobre todo, y ya
de la manera mбs general cuando dicen la determinaciуn de la diffйrance
como diferencia entre el ser y el ente.
Mбs «vieja» que el ser mismo, una tal diffйrance no
tiene ningъn nombre en nuestra lengua. Pero «sabemos ya» que si es
innombrable no es por provisiуn, porque nuestra lengua todavнa no ha
encontrado o recibido este nombre, o porque serнa
necesario buscarlo en otra lengua, fuera del sistema finito de la
nuestra. Es porque no hay nombre para esto ni siquiera el de esencia o
el de ser, ni siquiera el de «diffйrance», que no es un nombre, que no
es una unidad nominal pura y se disloca sin cesar en una cadena de
sustituciones que difieren.
«No hay nombre para esto»: leer esta proposiciуn en
su banalidad. Este innombrable no es un ser inefable al que ningъn
nombre podrнa aproximarse: Dios por ejemplo. Este innombrable es el
juego que hace que haya efectos nominales, estructuras relativamente
unitarias o atуmicas que se llaman nombres, cadenas de sustituciones de
nombres, y en las que, por ejemplo, el efecto nominal «diffйrance» es йl
mismo acarreado, llevado, reinscrito, como una falsa entrada o una falsa
salida todavнa es parte del juego, funciуn del sistema.
Lo que sabemos, lo que sabrнamos si se tratara aquн
simplemente de un saber, es que no ha habido nunca, que nunca habrб
palabra ъnica, nombre-seсor. Es por lo que el pensamiento de la letra
a de la diffйrance no es prescripciуn primera ni el
anuncio profйtico de una nominaciуn inminente y todavнa inoнda. Esta
«palabra» no tiene nada de kerygmбtica, por poco
que se pueda percibir la mayusculaciуn. Poner en cuestiуn el nombre de
nombre.
No habrб nombre ъnico, aunque sea el nombre del
ser. Y es necesario pensarlo sin nostalgia, es
decir, fuera del mito de la lengua puramente materna o puramente
paterna, de la patria perdida del pensamiento. Es preciso, al contrario,
afirmarla, en el sentido en que Nietzsche pone en
juego la afirmaciуn, con una risa y un paso de danza.
Desde esta risa y esta danza, desde esta afirmaciуn
extraсa a toda dialйctica, viene cuestionada esta otra cara de la
nostalgia que yo llamarй la esperanza
heideggeriana. No paso por alto lo que esta palabra puede tener aquн de
chocante. Me arriesgo no obstante, sin excluir implicaciуn alguna, y lo
pongo en relaciуn con lo que La palabra de Anaximandro
me parece retener de la metafнsica: la bъsqueda de la palabra propia
y del nombre ъnico. Hablando de la «primera palabra del ser» (das
frьhe Wort des Seins), escribe Heidegger: «La relaciуn con el
presente, que muestra su orden en la esencia misma de la presencia, es
ъnica (ist eine einzige). Permanece por excelencia
incomparable a cualquier otra relaciуn, pertenece a la unicidad del ser
mismo (Sie gehцrt zur Einzigkeit des Seins selbst). La
lengua deberнa, pues, para nombrar lo que se muestra en el ser (das
Wesende des Seins), encontrar una sola palabra, la palabra ъnica
(ein einziges, das einzige Wort). Es aquн donde medimos lo
arriesgado que es toda palabra del pensamiento [toda palabra pensante:
denkende Wort] que se dirige al ser (das dem
Sein zugesprochen wird). Sin embargo, lo que aquн se arriesga no
es algo imposible; pues el ser habla en todas partes y siempre y a
travйs de toda lengua.»[vii]
Tal es la cuestiуn: la alianza del habla y del ser
en la palabra ъnica, en el nombre al fin propio. Tal es la cuestiуn que
se inscribe en la afirmaciуn jugada de la diffйrance. Se refiere a cada
uno de los miembros de esta frase: «El ser/habla/en todas partes y
siempre/a travйs de/toda/lengua.»
Jacques Derrida
*
Juega Derrida con la doble connotaciуn diferente/diferencia y
diferente/desavenencia, que, en castellano, estб tambiйn incluida en
el tйrmino «diferencias». (N. del T)
[i]
[«Pero el asunto del ser, es ser el ser
de lo ente.
La forma lingьнstica
de este genitivo enigmбticamente polisйmico, nombra una gйnesis, un
origen de lo presente, a partir de la presencia. Pero con la
presencia de ambos, la esencia de este origen permanece oculta. No
sуlo йsta, sino incluso la relaciуn entre presencia y presente
permanece impensada. Desde muy temprano parece como si la presencia
y lo presente fueran algo cada uno por separado. Imperceptiblemente,
la presencia se convierte ella misma en un presente. [...] La
esencia de la presencia y, con ella, la diferencia de la presencia
respecto a lo presente, queda olvidada. El olvido del ser es
del olvido de la diferencia entre el ser y lo ente.» Trad.
cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos del bosque»,
Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329.]
[ii]
[«El olvido del ser forma parte de la
esencia del ser velada por el propio olvido. Forma parte tan
esencial del destino del ser, que la aurora de este destino comienza
como desvelamiento de lo presente en su presencia. Esto quiere decir
que la historia del ser comienza con el olvido del ser, dede el
momento en que el ser se repliega con su esencia: la diferencia
respecto a lo ente. Cae la diferencia. Queda olvidada. Lo que se
desencubre es lo diferente, lo presente y la presencia, pero no
en tanto que eso diferente. Por el contrario, se borra
hasta la primera huella de diferencia, dede el momento en que la
presencia se manifiesta como lo presente y encuentra su origen en un
supremo presente.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en
«Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329
[iii]
[«Pero al haber sido olvidada la
diferencia del ser respecto a lo ente sуlo puede ser experimentada
cuando ya se desvela en la presencia de lo presente y, de este modo,
imprime una huella que permanece guardada en el lenguaje al que
llega el ser.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en
«Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329-330.]
[iv]
[«Disponiendo acuerdo y atenciуn, el uso
libera en la morada y abandona en cada ocasiуn a lo presente a su
morada. Pero, de este modo, tambiйn se ve entregado al contante
peligro de endurecerse en la mera persistencia a partir de la
insistencia que mora. Por lo tanto, el uso sigue siendo en sн, al
mismo tiempo, la entrega en mano de lo presente en el des-acuerdo.
El uso dispone el des-.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte
en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 332-333.]
[v]
[«La traducciуn de to khreфn
por “el uso” no ha surgido sуlo de una meditaciуn etimolуgica y
lйxica. La elecciуn del termino uso nace de una traslaciуn anterior
del pensar, que intenta pensar la diferencia en la esencia del ser,
en el inicio destinal del olvido del ser. La palabra «uso» ha sido
dictada al pensar en la experiencia del olvido del ser.
Probablemente, to khreфn nombra un rastro de lo que
queda verdaderamente por pensar en el tйrmino “uso” rastro que
desaparece de inmediato en el destino del ser, el cual se despliega
en la historia del mundo como metafнsica occidental.» Trad. cast. de
Helena Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza,
Madrid, 1996, pбg. 341.]
[vi]
La diffйrance no es una «especie» del gйnero «diferencia
ontolуgicas. Si «la donaciуn de presencia es propiedad del
Ereignen» («Die Gabe von Anwesen ist Eigentum des
Ereignens») («Zeit und Sein», en L'endurance de la pensйe,
Plon, 1968, tr. fr. Fйdier, pбg. 63), la diffйrance no es un
proceso de propiaciуn en cualquier sentido que se tome. No es ni la
posiciуn (apropiaciуn) ni la negaciуn (expropiaciуn), sino lo otro.
Desde este momento, parece, pero seсalamos aquн nosotros mбs bien la
necesidad de un recorrido que ha de venir, no serнa mбs que el ser
una especie del gйnero Ereignis. Heidegger «...
entonces el ser tiene su lugar en el movimiento que hace advenir a
si lo propio (Dan gebцrt das Sein in das Ereignen). De
йl acogen y reciben su determinaciуn el dar y su donaciуn. Entonces
el ser serнa un gйnero del Ereignis y no
el Ereignis un gйnero del ser. Pero la huida
que busca refugio en semejante inversiуn serнa demasiado barata.
Pasa al lado del verdadero pensamiento de la cuestiуn y de su
paladнn (Sie denkt am Sachverhalt vorbei). Ereignis
no es el concepto supremo que comprende todo, y bajo el que se
podrнan alinear ser y tiempo. Las relaciones lуgicas de orden no
quieren decir nada aquн. Pues, en la medida en que pensamos en pos
del ser mismo y seguimos lo que tiene de propio (seinem
Eigenen folgen), йste se revela como la donaciуn, concedida
por la extensiуn (Reichen) del tiempo, del destino de
parousia (gewдhrte Gabe des geschickes von
Anwesenheit). La donaciуn de presencia es propiedad del
Ereignen (Die Dabe von Anweswn ist Eigentum des
Ereignens)».
[«Entonces el ser
pertenece al [acaecer como] apropiar. Desde йste
reciben su determinaciуn el dar y su don. Entonces serнa el ser una
especie de acaecimiento y no el acaecimiento una especie del ser.
La huida a semejante
inversiуn serнa demasiado fбcil. Soslaya con el pensamiento la
нndole de la cosa. El acaecimiento entendido como “apropiaciуn” o
acaecimiento apropiador no es el concepto abarcante
superior, bajo el cual se dejan ordenar ser y tiempo. Las relacines
de ordenaciуn lуgica aquн no dicen nada. Pues, si buscamos con el
pensamiento el rastro al ser mismo y seguimos lo que tiene de
propio, el ser se demuestra como el don, concedido en la verdad
mediante la regalнa del tiempo, del destino de la presencia. El don,
la donaciуn del estar presente es propiedad del apropiar. »
Traducciуn de Manuel Garrido, en «Tiempo y Ser», Tecnos, Madrid,
2000, p. 41.]
Sin la reinscripciуn
desplazada en esta cadena (ser, presencia, propiaciуn, etc.), no se
transformarб nunca de manera rigurosa e irreversible las relaciones
entre lo onto-lуgico, general o fundamental, y lo que ella domina o
se subordina a tнtulo de ontologнa regional o de ciencia particular:
por ejemplo, la economнa polнtica, el psicoanбlisis, la
semiolingьнstica, la retуrica, en los que el valor de
propiedad desempeсa, mбs que en otras partes, un papel
irreductible, pero igualmente las metafнsicas espiritualistas o
materialistas. A esta elaboraciуn preliminar apuntan los anбlisis
articulados en este volumen. Es evidente que una reinscripciуn
semejante no estarб nunca contenida en un discurso filosуfico o
teуrico, ni en general en un discurso o un escrito; sуlo sobre la
escena de lo que he llamado en otra parte el texto general (1972).
[vii]
[«La relaciуn con lo presente que reina
en la propia esencia de la presencia, es ъnica. Permanece por
excelencia incomparable con cualquier otra relaciуn. Forma parte de
la unicidad del propio ser. Asн pues, para nombrar lo que se hace
presente en el ser, la lengua deberнa encontrar una ъnica palabra,
la ъnica. Esto nos permite medir hasta quй punto es osada cualquier
palabra pensante que apela al ser. Pero este riesgo no es nada
imposible, pues el ser habla de las maneras mбs distintas siempre y
en todo lugar, a travйs de toda lengua.» Trad. cast. de Helena
Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996,
pбg. 331.]
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Sitio
creado y actualizado por Horacio
Potel
Derrida en castellano - La Diffйrance
|
JACQUES DERRIDA
La Diffйrance
Conferencia pronunciada en la Sociedad Francesa de Filosofнa, el
27 de enero de 1968, publicada simultбneamente en el Bulletin de
la Societй franзaise de philosophie (julio-septiembre, 1968) y
en Theorie d’ensenble (col. Quel, Ed. de Seuil, 1968); en
DERRIDA, J., Mбrgenes de la filosofнa, traducciуn de
Carmen Gonzбlez Marнn (modificada; Horacio Potel), Cбtedra, Madrid,
31998. Ediciуn digital de
Derrida en castellano.
Texto en francйs

Hablarй, pues, de un letra.
De la primera, si hay que creer al alfabeto y a la
mayor parte de las especulaciones que se han aventurado al respecto.
Hablarй, pues, de la letra a, de esta
primera letra que ha podido parecer necesario introducir, aquн o allб,
en la escritura de la palabra diffйrence; y ello en
el curso de una escritura sobre la escritura, de una escritura en la
escritura y cuyos diferentes trayectos se encuentran, pues, pasando, en
ciertos puntos muy determinados, por una suerte de gran falta de
ortografнa, por esa falta de ortodoxia que rige una escritura, una falta
contra la ley que rige lo escrito y el continente en su decencia. Esta
falta de ortografнa, siempre puede ser borrada o reducida, de hecho y de
derecho, y encontrarla segъn los casos que se analizan cada vez, pero
que aquн vienen a ser lo mismo, grave, indecorosa, incluso en la
hipуtesis de la mayor ingenuidad, divertida. Aunque se trata de pasar en
silencio tal infracciуn, el interйs que en ello se pone se deja
reconocer de antemano, asignar, como prescrito por la ironнa muda,
inaudible de esta permutaciуn de letras, siempre podrб hacerse como si
esto no seсalara ninguna diferencia. Mi propуsito de hoy, debo decir
desde ahora, se dirigirб menos a pensar en justificar esta falta
silenciosa de ortografнa, menos todavнa a excusarla, que a agravar el
juego con una cierta insistencia.
A cambio, se me deberб excusar si me refiero, al
menos implнcitamente, a tal o cual texto que me he arriesgado a
publicar. Es que yo querrнa precisamente intentar, en una cierta medida,
y por mбs que esto sea en principio y al fin por razones esenciales de
derecho, imposible, unir en un haz [faisceau]
las diferentes direcciones en las que he podido utilizar o mejor me he
dejado imponer en su neografismo por lo que provisionalmente denominarй
la palabra o el concepto de diffйrance y que
no es, ya lo veremos, literalmente, ni una palabra ni un concepto. Tengo
interйs en utilizar aquн la palabra haz [faisceau]
por dos razones: por una parte no se tratarб, cosa que tambiйn
habrнa podido hacer, de describir una historia, de contar las etapas,
texto por texto, contexto por contexto, mostrando cada vez quй economнa
ha podido imponer este desarreglo grбfico, sino mбs bien del
sistema general de esta economнa. Por otra parte, la
palabra haz [faisceau] parece mбs
apropiada para indicar [marquer] que la agrupaciуn propuesta tiene la
estructura de una intricaciуn, de un tejido, de un cruce que dejarб que
los diferentes hilos y las diferentes lнneas de sentido -o de fuerza-
partan de nuevo, asн como estarб preparado para anudar otros nuevos.
Recuerdo, pues, de una manera completamente
preliminar, que esta discreta intervenciуn grбfica, que no se ha hecho
en principio ni simplemente para el escбndalo del lector o del
gramбtico, ha sido calculada en el proceso escrito de una interrogaciуn
sobre la escritura. Ahora bien, se da el caso, dirнa en realidad, de que
esta diferencia grбfica (la a en el lugar de la
e), esta diferencia seсalada entre dos notaciones
aparentemente vocales, entre dos vocales, es puramente grбfica; se
escribe o se lee, pero no se oye. No se puede oнr, y veremos tambiйn en
quй sentido sobrepasa el orden del entendimiento. Se propone por una
marca [marque] muda, un monumento tбcito, yo dirнa incluso por una
pirбmide, que piensa asн no sуlo en la forma de la letra cuando se
imprime en capital o en mayъscula, sino tambiйn en ese texto de la
Enciclopedia de Hegel en el que el cuerpo del signo se
compara a la pirбmide egipcia. La a de la
diffйrance, pues, no se oye, permanece silenciosa,
secreta y discreta como una tumba: oikevis.
Seсalaremos asн por anticipaciуn este lugar, residencia familiar y tumba
de lo propio donde se produce en diffйrance la economнa de la
muerte. Esta piedra no estб lejos, siempre que se sepa
descifrar la leyenda, de seсalar la muerte del dinasta.
Una tumba que no se puede ni siquiera hacer
resonar. En efecto, yo no puedo hacerles saber por mi discurso, por mi
palabra proferida en este momento ante la Sociedad Francesa de
Filosofнa, de quй diferencia hablo en el momento en que hablo. No puedo
hablar de esta diferencia grбfica sino sosteniendo un discurso muy
desviado sobre una escritura y a condiciуn de precisar, cada vez, que me
refiero a la diferencia con una e o a la
diffйrance con una a. Lo cual no va a simplificar
las cosas hoy y nos darб muchos problemas a ustedes y a mн si al menos
queremos entendernos. De todas formas, las precisiones orales que harй,
cuando diga «con e», o «con a»
se referirбn a un texto escrito, que vigila mi discurso, a
un texto que tengo delante, que leerй y hacia el cual serб preciso que
intente conducir sus manos y sus ojos. No podemos evitar pasar por [nous
passer ici de passer] un texto escrito, ordenarnos [rйgler] sobre el
desarreglo [dйrиglement] que se produce en йl, y esto es lo que me
importa antes que nada.
Sin duda este silencio piramidal de la diferencia
grбfica entre la e y la a
no puede funcionar sino en el interior del sistema de la escritura
fonйtica, y en el interior de una lengua o de una gramбtica
histуricamente ligada a la escritura fonйtica asн como a toda la cultura
que le es inseparable. Pero dirй que ello mismo -este silencio que
funciona en el interior solamente de una escritura llamada fonйtica-
seсala o recuerda de manera muy oportuna que, contrariamente a un enorme
prejuicio, no hay escritura fonйtica. No hay una escritura pura y
rigurosamente fonйtica. La escritura llamada fonйtica no puede en
principio y de derecho, y no sуlo por una insuficiencia empнrica o
tйcnica, funcionar, si no es admitiendo en ella misma ‘signos’ no
fonйticos (puntuaciуn, espacios etc.) de los que se darб cuenta
enseguida, al examinar la estructura y la necesidad, que toleran muy mal
el concepto de signo. Mejor, el juego de la diferencia del que Saussure
sуlo ha recordado que es la condiciуn de posibilidad y de funcionamiento
de todo signo, este juego es en sн mismo silencioso. Es inaudible la
diferencia entre dos fonemas, lo ъnico que les permite ser y operar como
tales. Lo inaudible abre a la interpretaciуn los dos fonemas presentes,
tal como se presentan. Si no hay, pues, una escritura puramente
fonйtica, es que no hay phonй puramente fonйtica.
La diferencia que hace separarse los fonemas y hace que se oigan [les
donne а entendre], en todos los sentidos de esta palabra, permanece
inaudible.
Se objetarб que por las mismas razones, la
diferencia grбfica se sumerge tambiйn en la noche, nunca es plenamente
un tйrmino sensible, sino que alarga una relaciуn invisible, el trazo de
una relaciуn no aparente entre dos espectбculos sin duda. Pero que,
desde ese punto de vista, la diferencia marcada [marquйe] en la «diffйr(
)nce» entre la e y la a se desnuda a
la vista y al oнdo, sugiere quizб felizmente que es preciso dejarse ir
aquн a un orden que ya no pertenece a la sensibilidad. Pero no pertenece
mбs a la inteligibilidad, a una idealidad que no estб fortuitamente
afiliada a la objetividad del theorein o del
entendimiento. Es preciso dejarse llevar aquн a un orden, pues, que
resista a la oposiciуn, fundadora de la filosofнa, entre lo sensible y
lo inteligible. El orden que resiste a esta oposiciуn, y la resiste
porque la lleva (en sн), se anuncia en un movimiento de diffйrance (con
una a) entre dos diferencias o entre dos letras, diffйrance que no
pertenece ni a la voz ni a la escritura en el sentido ordinario y que se
tiende, como el espacio extraсo que nos reunirб aquн durante una hora,
entre palabra y escritura, mбs allб tambiйn de la
familiaridad tranquila que nos liga a la una y a la otra, a veces en la
ilusiуn de que son dos.
їCуmo me las voy a arreglar para hablar de la
a de la diffйrance? Estб claro que esto no puede ser
expuesto. Nunca se puede exponer mбs que lo que en un momento
determinado puede hacerse presente, manifiesto, lo que se
puede mostrar, presentarse como algo presente, un ente-presente en su
verdad, la verdad de un presente, o la presencia del presente. Ahora
bien, si la diferencia es (pongo el «es» bajo una tachadura) lo
que hace posible la presentaciуn del ente-presente, ella no se presenta
nunca como tal. Nunca se hace presente. A nadie. Reservбndose y no
exponiйndose, excede en este punto preciso y de manera regulada el orden
de la verdad, sin disimularse, sin embargo, como cualquier cosa, como un
ser misterioso, en lo oculto de un no-saber o en un agujero cuyos bordes
son determinables (por ejemplo, en una topologнa de la castraciуn). En
toda exposiciуn estarнa expuesta a desaparecer como desapariciуn,
correrнa el riesgo de aparecer: de desaparecer.
Sin embargo, los rodeos, los periodos, la sintaxis
a la que a menudo deberй recurrir se parecerбn, a veces hasta
confundirse con ellos, a los de la teologнa negativa. Ya se ha hecho
necesario seсalar que la diffйrance no es,
no existe, no es un ente-presente (on), cualquier que йste
sea; y se nos llevara a seсalar tambiйn todo lo que no es,
es decir, todo; y en consecuencia que no tiene
ni existencia ni esencia. No depende de ninguna categorнa del ente, sea
йste presente o ausente. Y sin embargo, lo que se seсala asн de la
diffйrance no es teolуgico, ni siquiera del orden mбs negativo de la
teologнa negativa, que siempre se ha ocupado de librar, como es sabido,
una superesencialidad mбs allб de las categorнas finitas de la esencia y
de la existencia, es decir, de la presencia, y siempre de recordar que
si a Dios le es negado el predicado de existencia, es para reconocerle
un modo de ser superior, inconcebible, inefable. No se trata aquн de un
movimiento asн, y ello se confirmarб progresivamente. La diffйrance es
no sуlo irreductible a toda reapropiaciуn ontolуgica o teolуgica
–onto-teologнa-, sino que, incluso abriendo el espacio en el que la
onto-teologнa -la filosofнa- produce su sistema y su historia, la
comprende, la inscribe, y la excede sin retorno.
Por la misma razуn, no sabrй por dуnde
comenzar a trazar el haz o el grбfico de la diferencia. Puesto
que lo que se pone precisamente en tela de juicio, es el requerimiento
de un comienzo de derecho, de un punto de partida absoluto, de una
responsabilidad de principio. La problemбtica de la escritura se abre
con la puesta en tela de juicio del valor de arkhй.
Lo que yo propondrй aquн no se desarrollarб, pues, simplemente como un
discurso filosуfico, que opera desde un principio, unos postulados,
axiomas o definiciones y se desplaza siguiendo la linealidad discursiva
de un orden de razones. Todo en el trazado [tracй] de la diffйrance es
estratйgico y aventurado. Estratйgico porque ninguna verdad
transcendente y presente fuera del campo de la escritura puede gobernar
teolуgicamente la totalidad del campo. Aventurado porque esta estrategia
no es una simple estrategia en el sentido en que se dice que la
estrategia orienta la tбctica desde un objetivo final, un telos
o el tema de una dominaciуn, de una maestrнa, y de una reapropiaciуn
ъltima del movimiento o del campo. Estrategia finalmente sin finalidad,
se la podrнa llamar tбctica ciega, empнrica, si el valor de empirismo no
tomara en sн mismo todo su sentido de su oposiciуn a la responsabilidad
filosуfica. Si hay un cierto vagabundeo en el trazado de la diffйrance,
йsta no sigue la lнnea del discurso filosуfico-lуgico mбs que la de su
contrario simйtrico y solidario, el discurso empнrico-lуgico. El
concepto de juego estб mбs allб de esta oposiciуn, anuncia
en vнsperas y mбs allб de la filosofнa, la unidad del azar y de la
necesidad en un cбlculo sin fin.
Tambiйn, por decisiуn y regla de juego, si asн lo
quieren ustedes, haciendo volver esta charla sobre sн misma, nos
introduciremos en el pensamiento de la diffйrance por el tema de la
estrategia o de la estratagema. Con esta justificaciуn, solamente
estratйgica, quiero subrayar que lo eficaz de esta temбtica de la
diffйrance puede muy bien, deberб ser relevado un dнa, prestarse йl
mismo, si no ya a su reemplazo, al menos a su encadenamiento en una
cadena que en verdad no habrб gobernado nunca. Por lo que, una vez mбs,
no es teolуgica.
Dirй pues en principio que la diffйrance, que no es
ni un palabra ni un concepto, me ha parecido estratйgicamente lo mбs
propio para ser pensado, si no para ser dominado -siendo el pensamiento
quizб aquн lo que hay en una cierta relaciуn necesaria con los lнmites
estructurales del dominio- lo mбs irreductible de nuestra «йpoca».
Parto, pues, estratйgicamente, del lugar y del tiempo en que «nosotros»
estamos, aunque mi overtura no sea en ъltima instancia justificable y
siempre sea a partir de la diffйrance y de su «historia» como podemos
pretender saber quiйnes y dуnde estamos «nosotros», y lo que podrнan ser
los lнmites de una «йpoca».
Aunque «diffйrance» no sea ni una palabra ni un
concepto, tratemos no obstante de hacer un anбlisis semбntico fбcil y
aproximativo que nos llevarб a la vista del juego.
Sabido es que el verbo «diferir» (verbo latino
differre) tiene dos sentidos que parecen muy
distintos; son objeto, por ejemplo en el Littrй, de dos artнculos
separados. En este sentido el differre latino no es
la traducciуn simple del diapherein griego y ello
no dejarб de tener consecuencias para nosotros, que vinculamos esta
charla a una lengua particular y una lengua que pasa por ser menos
filosуfica, menos originariamente filosуfica que la otra. Pues la
distribuciуn del sentido en el griego no comporta uno de los dos motivos
del differre latino a saber, la acciуn de dejar
para mбs tarde, de tener en cuenta, de tener en cuenta el tiempo y las
fuerzas en una operaciуn que implica un cбlculo econуmico, un desvнo,
una demora, un retraso, una reserva, una representaciуn, conceptos todos
que yo resumirнa aquн en una palabra de la que nunca me he servido, pero
que se podrнa inscribir en esta cadena: la temporizaciуn [temporisation].
Diferir en este sentido es contemporizar, es recurrir, consciente o
inconscientemente a la mediaciуn temporal y contemporizadora de un
desvнo que suspenda el cumplimiento o la satisfacciуn del «deseo» o de
la «voluntad», efectuбndolo tambiйn en un modo que anula o templa el
efecto. Y veremos -mбs tarde- que esta temporizaciуn [temporisation] es
tambiйn temporalizaciуn [temporalisation] y espaciamiento, hacerse
tiempo del espacio, y hacerse espacio del tiempo, «constituciуn
originaria» del tiempo y del espacio, dirнa la metafнsica o la
fenomenologнa transcendental en el lenguaje que aquн se critica y
desplaza.
El otro sentido de diferir es
el mбs comъn y el mбs identificable: no ser idйntico, ser otro,
discernible, etc. Tratбndose de diferen(te)/(cia)s*,
palabra que se puede escribir como se quiera, con una t o
una d final, ya sea cuestiуn de alteridad de desemejanza o
de alteridad de alergia y de polйmica, es preciso que entre los
elementos otros se produzca, activamente, dinбmicamente, y con una
cierta perseverancia en la repeticiуn, intervalo, distancia,
espaciamiento. [espacement]
Ahora bien, la palabra diferencia [diffйrence] (con
e) nunca ha pedido remitir asн a diferir como
temporizaciуn ni al desacuerdo [diffйrend] como polemos.
Es esta pйrdida de sentido lo que deberнa compensar -econуmicamente- la
palabra diffйrance (con a). Йsta puede remitir a la vez a
toda la configuraciуn de sus significaciones, es inmediatamente e
irreductiblemente polisйmica y ello no serб indiferente a la economнa
del discurso que trato de sostener. Remite no sуlo, por supuesto como
toda significaciуn, a ser sostenida por un discurso o un contexto
interpretativo, sino tambiйn ya en alguna manera por sн misma, o al
menos mбs fбcilmente por sн misma que cualquier otra palabra, viniendo
la a inmediatamente del participio presente (difiriendo) y
aproximбndonos a la acciуn en curso del diferir, antes incluso que haya
producido un efecto constituido en diferente o en diferencia (con
e). En una conceptualidad y con exigencias clбsicas, se dirнa
que «diffйrance» designa la causalidad constituyente, productiva y
originaria, el proceso de ruptura y de divisiуn cuyos diferentes o
diferencias serнan productos o efectos constituidos. Pero aproximбndonos
al nъcleo infinitivo y activo del diferir, «diffйrance» (con a)
neutraliza lo que denota el infinitivo como simplemente activo, lo mismo
que mouvance no significa en nuestra lengua el simple
hecho de mover, de moverse o de ser movido. La resonancia no es en mayor
medida el acto de resonar. Hay que meditar, en el uso de nuestra lengua,
que la terminaciуn en ancia permanece indecisa entre
lo activo y lo pasivo. Y veremos por quй lo que se deja designar como
«diffйrance» no es simplemente activo ni simplemente pasivo, y anuncia o
recuerda mбs bien algo como la voz media, dice una operaciуn que no es
una operaciуn, que no se deja pensar ni como pasiуn ni como acciуn de un
sujeto sobre un objeto, ni a partir de un agente ni a partir de un
paciente, ni a partir ni a la vista de cualquiera de estos
tйrminos. Ahora bien, la voz media, una cierta intransitividad,
es quizб lo que la filosofнa, constituyйndose en esta represiуn, ha
comenzado por distribuir en voz activa y voz pasiva.
Diffйrance como temporizaciуn, diffйrance como
espaciamiento. їCуmo se conjugan?
Partamos, puesto que ya estamos instalados en ella,
de la problemбtica del signo y de la escritura. El signo, se suele
decir, se pone en lugar de la cosa misma, de la cosa presente, «cosa»
vale aquн tanto por el sentido como por el referente. El signo
representa lo presente en su ausencia. Tiene lugar en ello. Cuando no
podemos tomar o mostrar la cosa, digamos lo presente, el ser-presente,
cuando lo presente no se presenta, significamos, pasamos por el rodeo
del signo. Tomamos o damos un signo. Hacemos signo. El signo serнa,
pues, la presencia diferida. Bien se trate de signo verbal o escrito, de
signo monetario, de delegaciуn electoral y de representaciуn polнtica,
la circulaciуn de los signos difiere el momento en el que podrнamos
encontrarnos con la cosa misma, adueсarnos de ella, consumirla o
guardarla, tocarla, verla, tener la intuiciуn presente. Lo que yo
describo aquн para definir, en la banalidad de sus trazos, la
significaciуn como diffйrance de temporizaciуn, es la estructura
clбsicamente determinada del signo: presupone que el signo, difiriendo
la presencia, sуlo es pensable a partir de la presencia
que difiere y a la vista de la presencia diferida que
pretende reapropiarse. Siguiendo esta semiologнa clбsica, la sustituciуn
del signo por la cosa misma es a la vez segunda y
provisional: segunda desde una presencia original y perdida de
la que el signo vendrнa a derivar; provisional con respecto a esta
presencia final y ausente en vista de la cual el signo serнa un
movimiento de mediaciуn.
Al tratar de poner en tela de juicio este carбcter
de secundariedad provisional del sustituto, sin duda verнamos anunciarse
algo como una diffйrance originaria, pero no se podrб siquiera llamarla
originaria o final, en la medida en que los valores de origen, de
arkhй, de telos, de ekhatos
etc., siempre han denotado la presencia-ousia,
parousia, etc. Cuestionar el carбcter secundario y provisional
del signo, oponerle una diferencia «originaria», tendrнa, pues, como
consecuencias:
1. que ya no se podrнa comprender la diffйrance
bajo el concepto de «signo» que siempre ha querido decir representaciуn
de una presencia y se ha constituido en un sistema (pensamiento o
lengua) regulado a partir y a la vista de la presencia;
2. que se pone asн en tela de juicio la autoridad
de la presencia o de su simple contrario simйtrico, la ausencia o la
falta. Se interroga asн el lнmite que siempre nos ha constreсido, que
todavнa nos constriсe a nosotros, los hablantes de una lengua y de un
sistema de pensamiento -a formar el sentido del ser en general como
presencia o ausencia, en las categorнas del ser y de la entidad (ousia).
Se ve ya que el tipo de pregunta al que de este modo hemos sido
reconducidos es, digamos, el tipo heideggeriano, y la diferencia parece
conducirnos a la diferencia уntico-ontolуgica. Se me permitirб que
posponga esta referencia. Seсalarй solamente que entre la diferencia
como temporizaciуn-temporalizaciуn, que ya no se puede pensar en el
horizonte del presente, y lo que dice Heidegger en El ser y el
tiempo de la temporalizaciуn como horizonte transcendental de la
cuestiуn del ser, que es preciso liberar de la dominaciуn tradicional y
metafнsica por el presente o el ahora, la comunicaciуn es estrecha,
incluso si no es exhaustiva e irreductiblemente necesaria.
Pero primero quedйmonos en la problemбtica
semiolуgica para ver conjugadas allн la diffйrance como temporizaciуn y
la diffйrance como espaciamiento. La mayorнa de las investigaciones
semiolуgicas o lingьнsticas que hoy dominan el campo del pensamiento,
sea por sus propios resultados, sea por la funciуn de modelo regulador
que ven reconocer por todas partes, conducen genealуgicamente a
Saussure, errada o acertadamente, como al comъn instaurador. Ahora bien,
Saussure es inicialmente quien ha situado lo arbitrario del signo
y el carбcter diferencial del signo en el
principio de la semiologнa general, singularmente de la lingьнstica. Y
los dos motivos -arbitrario y diferencial- son a sus ojos, es sabido,
inseparables. No puede haber algo arbitrario si no es porque el sistema
de los signos estб constituido por diferencias, no por la totalidad de
los tйrminos. Los elementos de la significaciуn funcionan no por la
fuerza compacta de nъcleo, sino por la red de las oposiciones que los
distinguen y los relacionan unos a otros. «Arbitrario y diferencial»,
dice Saussure, «son dos cualidades correlativas».
Ahora bien, este principio de la diferencia, como
condiciуn de la significaciуn, afecta a la totalidad del signo,
es decir, a la vez a la cara del significado y a la cara del
significante. La cara del significado es el concepto, el sentido ideal;
y el significante es lo que Saussure llama la «imagen», «huella
psнquica» de un fenуmeno material, fнsico, por ejemplo acъstico. No
vamos a entrar aquн en todos los problemas que plantean estas
definiciones. Citemos solamente a Saussure en el punto que nos interesa:
«Si la parte conceptual del valor estб constituida ъnicamente por
relaciones y diferencias con los otros tйrminos de la lengua se puede
decir lo mismo de la parte material...» Todo lo que precede viene a
decir que en la lengua no hay mбs que diferencias. Aun mбs, una
diferencia supone en general tйrminos positivos entre los que se
establece: pero en la lengua no hay mбs que diferencias sin tйrminos
positivos. Ya tomemos el significado o el significante, la lengua no
comporta ni ideas ni sonidos que preexistan al sistema lingьнstico, sino
solamente diferencias conceptuales o diferencias fуnicas resultados de
este sistema. «Lo que hay de idea o de materia fуnica en un signo
importa menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos.»
Extraeremos como primera consecuencia que el
concepto significado no estб nunca presente en sн mismo, en una
presencia suficiente que no conducirнa mбs que a sн misma. Todo concepto
estб por derecho y esencialmente inscrito en una cadena o en un sistema
en el interior del cual remite al otro, a los otros conceptos, por un
juego sistemбtico de diferencias. Un juego tal, la diffйrance, ya no es
entonces simplemente un concepto, sino la posibilidad de la
conceptualidad, del proceso y del sistema conceptuales en general. Por
la misma razуn, la diffйrance, que no es un concepto, no es una mera
palabra, es decir, lo que se representa como una unidad tranquila y
presente, autorreferente, de un concepto y una fonнa. Veremos mбs
adelante lo que es una palabra en general.
La diferencia de la que habla Saussure no es en sн
misma ni un concepto ni una palabra entre otras. Se puede decir esto a
fortiori de la diffйrance. Y asн se nos conduce a
explicitar la relaciуn que une la una y la otra.
En una lengua, en el sistema de la
lengua, no hay mбs que diferencias. Una operaciуn taxonуmica puede
siempre proporcionar el inventario sistemбtico, estadнstico y
clasificatorio. Pero, por una parte, estas diferencias actъan:
en la lengua, en el habla tambiйn y en el intercambio entre lengua y
habla. Por otra parte, estas diferencias son en sн mismas efectos.
No han caнdo del cielo ya listas; no estбn mбs inscritas en un
topos noetos que prescritas en la cera del
cerebro. Si la palabra «historia» no comportara en sн misma el motivo de
una represiуn final de la diferencia, se podrнa decir que ъnicamente las
diferencias pueden ser de entrada y totalmente «histуricas».
Lo que se escribe como «diffйrance» serб asн el
movimiento de juego que «produce», por lo que no es simplemente una
actividad, estas diferencias, estos efectos de diferencia. Esto no
quiere decir que la diffйrance que produce las diferencias estй antes
que ellas en un presente simple y en sн mismo inmodificado,
in-diferente. La diffйrance es el «origen» no-pleno, no-simple, el
origen estructurado y diferente (de diferir) de las diferencias. El
nombre de «origen», pues, ya no le conviene.
Puesto que la lengua, de la que Saussure dice que
es una clasificaciуn, no ha caнdo del cielo, las diferencias se han
producido, son efectos producidos, pero efectos que no tienen como causa
un sujeto o una sustancia, una cosa en general, un ente presente en
alguna parte y que escapa al juego de la diffйrance. Si hubiera
implicada una tal presencia, de la forma mбs clбsica del mundo, en el
concepto de causa en general, serнa pues necesario hablar de efecto sin
causa, lo que enseguida conducirнa a no hablar mбs de efecto. La salida
fuera del cierre de este esquema, he tratado de indicar su objetivo a
travйs de la «marca» [«trace»], que ya no es un efecto que no tiene una
causa, sino que no puede bastarse a sн misma, fuera de texto, para
operar la transgresiуn necesaria.
Como no hay presencia antes de la diferencia
semiolуgica y fuera de ella, se puede extender al signo en general lo
que Saussure escribe de la lengua: «La lengua es necesaria para que el
habla sea inteligible, y produzca todos sus efectos; pero йsta es
necesaria para que la lengua se establezca; histуricamente, el acto de
habla la precede siempre.»
Reteniendo al menos el esquema, si no ya el sentido
de la exigencia formulada por Saussure, designaremos como
diffйrance
el movimiento segъn el cual la lengua, o
todo cуdigo, todo sistema de repeticiones en general se constituye
«histуricamente» como entramado de diferencias. «Se constituye», «se
produce», «se crea», «movimiento», «histуricamente», etc., se deben
entender mбs allб de la lengua metafнsica en la que se han trazado con
todas sus implicaciones. Serнa necesario mostrar por quй los conceptos
de producciуn, como los de constituciуn y de historia, son
desde este punto de vista cуmplices del que aquн ponemos en cuestiуn,
pero esto me llevarнa hoy demasiado lejos -hacia la teorнa de la
representaciуn del «cнrculo» en el cual parece que estamos encerrados
nosotros mismos- y yo no los uso aquн, como muchos otros conceptos, sino
por comodidad estratйgica y para iniciar la deconstrucciуn de su sistema
en el punto actualmente mбs decisivo. Se habrб en todo caso comprendido,
por el cнrculo mismo en que parecemos inscritos, que la diffйrance, tal
como se escribe aquн, no es mбs estбtica que genйtica, no es mбs
estructural que histуrica. O no menos, y es no leer, no leer sobre todo
lo que aquн falta a la йtica ortogrбfica, querer objetarla a partir de
la mбs vieja de las oposiciones metafнsicas, por ejemplo oponiйndole
algъn punto de vista generativo a un punto de vista
estructuralista-taxonomista, o a la inversa. En cuanto a la diffйrance,
lo que sin duda hace el pensamiento incуmodo y el confort poco seguro,
estas oposiciones no tienen la mбs mнnima pertinencia.
Si consideramos ahora la cadena en la que la
«diffйrance» se deja someter a un cierto nъmero de substituciones no
sinonнmicas, segъn la necesidad del contexto, por quй recurrir a la
«reserva», a la «archiescritura», al «archirrastro» [«archi-trace»], al
«espaciamiento», incluso al «suplemento», o al pharmakon,
pronto al himen, al margen-marca[marque]-marcha, etc.
Recomencemos. La diffйrance es lo que hace, que el
movimiento de la significaciуn no sea posible mбs que si cada elemento
llamado «presente», que aparece en la escena de la presencia, se
relaciona con otra cosa, guardando en sн la marca [marque] del elemento
pasado y dejбndose ya hundir por la marca [marque] de su relaciуn con el
elemento futuro, no relacionбndose la marca [trace] menos con lo que se
llama el futuro que con lo que se llama el pasado, y constituyendo lo
que se llama el presente por esta misma relaciуn con lo que no es йl: no
es absolutamente, es decir, ni siquiera un pasado o un futuro como
presentes modificados. Es preciso que le separe un intervalo de lo que
no es йl para que sea йl mismo, pero este intervalo que lo constituye en
presente debe tambiйn a la vez decidir el presente en sн mismo,
compartiendo asн, con el presente, todo lo que se puede pensar a partir
de йl, es decir, todo ente, en nuestra lengua metafнsica, singularmente
la sustancia o el sujeto. Constituyйndose este intervalo, decidiйndose
dinбmicamente, es lo que podemos llamar espaciamiento,
devenir-espacio del tiempo o devenir-tiempo del espacio (temporalizaciуn).
Y es esta constituciуn del presente, como sнntesis «originaria» e
irreductiblemente no-simple, pues, estricto sensu,
no-originaria, de marcas [marques], de rastros [traces] de retenciones y
de protenciones (para reproducir aquн, analуgicamente y de manera
provisional, un lenguaje fenomenolуgico y transcendental que se revelarб
enseguida inadecuado) que yo propongo llamar archi-escritura
[archi-йcriture], archirastro [archi-trace] o diffйrance. Esta (es) (a
la vez) espaciamiento (y) temporizaciуn.
Este movimiento (activo) de la (producciуn de la)
diffйrance sin origen, їno habrнamos podido
llamarla simplemente y sin neografismo, diferenciaciуn?
Entre otras confusiones, una palabra asн hubiera dejado pensar en
alguna unidad orgбnica, originaria y homogйnea, que en un momento dado
viene a dividir, a recibir la diferencia como un acontecimiento. Sobre
todo, formado sobre el verbo diferenciar, anularнa la
significaciуn econуmica del rodeo, de la demora temporalizadora, del
«diferir». Una nota, aquн, de paso. La debo a una lectura reciente de un
texto que Koyrй habнa consagrado en 1934, en la Revue d'histoire
et de philosophie religieuse a Hegel en Jena
(reproducida en sus Йtudes d'histoire de la penseй philosophique).
Koyrй hace ahн largas citas, en alemбn, de la Lуgica
de Jena y propone su traducciуn. Ahora bien, en dos ocasiones
encuentra en el texto de Hegel la expresiуn differente
Beziehung. Esta palabra de raнz latina (different)
es rara en alemбn y tambiйn, creo, en Hegel, que mбs bien dice
verschieden, ungleich, que llama a la
diferencia Unterschied, y Verschiedenheit a
la variedad cualitativa. En la Lуgica de Jena, se
sirve de la palabra differente en el momento en que
trata precisamente del tiempo y del presente. Antes de llegar a una
discusiуn preciosa de Koyrй, he aquн algunas frases
de Hegel, tal como las traduce: «El infinito, en esta simplicidad, es,
como momento opuesto a lo igual consigo mismo lo negativo, y en sus
momentos, mientras que se presenta a (sн mismo) y en sн mismo la
totalidad, (es) lo que excluye en general, el punto o el lнmite, pero en
йsta su acciуn de negar, se relaciona inmediatamente con el otro y se
niega a sн mismo. El lнmite o el momento del presente (der
Gegen-wart), el «este» absoluto del tiempo, o el ahora, es de
una simplicidad negativa absoluta, que excluye de sн absolutamente toda
multiplicidad y, por esto mismo, estб absolutamente determinado; es no
un todo o un quantum que se extenderнa en sн (y)
que, en sн mismo, tambiйn tendrнa un momento indeterminado, un diverso
que, indiferente (gleichgьltig) o exterior en el
mismo, se relacionarнa con otro (auf ein anderer bezцge),
pero es ahн una relaciуn absolutamente diferente del simple (sonderns
es ist absolut differente Beziehung).» Y Koyrй precisa de
manera digna de menciуn en nota: «Relaciуn diferente: diferente
Beziehung. Se podrнa decir: relaciуn diferenciante.» Y en
la pбgina siguiente, otro texto de Hegel, donde se puede leer esto: «Diese
Beziehung ist Gegenwart, als eine differente Beziehung. (Esta
relaciуn es [el] presente como relaciуn diferente).» Otra nota de Koyrй:
«El tйrmino different se toma aquн en un sentido
activo.»
Escribir difiriente o
diffйrance (con una a) podrнa ya tener la utilidad de hacer
posible, sin otra nota o precisiуn, la traducciуn de Hegel en este punto
particular que tambiйn es un punto absolutamente decisivo de su
discurso. Y la traducciуn serнa, como siempre debe serlo, transformaciуn
de una lengua en otra. Naturalmente, sostengo que la palabra
diffйrance puede tambiйn servir para otros usos:
inicialmente porque seсala no sуlo la actividad de la diferencia
«originaria», sino tambiйn el rodeo temporalizador del diferir; sobre
todo porque a pesar de relaciones de afinidad muy profunda que la
diferancia asн escrita mantiene con el discurso hegeliano, tal como debe
ser leнdo, puede en un cierto punto no romper con йl, lo que no tiene
ningъn tipo de sentido ni de oportunidad, sino operar en йl una especie
de desplazamiento a la vez нnfimo y radical, cuyo espacio trato de
indicar en otro lugar pero del que me serнa difнcil hablar muy deprisa
aquн.
Las diferencias son, pues, «producidas» -diferidas-
por la diffйrance. їPero quй es lo que difiere o
quiйn difiere? En otras palabras, їquй es la diffйrance?
Con esta pregunta llegamos a otro lugar y otro recurso de la
problemбtica.
Que es lo que difiere? їQuiйn difiere? їQuй es la
diffйrance?
Si respondiйramos a estas preguntas antes incluso
de interrogarlas como pregunta, antes de darles la vuelta y de sospechar
de su forma, hasta en lo que parece en ellas mбs natural y mбs
necesario, volverнamos ya a caer de este lado de lo que acabamos de
despejar. Si aceptбramos, en efecto, la forma de la pregunta, en su
sentido y en su sintaxis («quй es lo que», «quй es quien» «quiйn es el
que»...), serнa necesario admitir que la diffйrance es derivada,
sobrevenida, dominada y gobernada a partir del punto de un ente-presente
[йtant-prйsent], pudiendo йste ser cualquier cosa, una forma, un estado,
un poder en el mundo, a los que se podrб dar toda clase de nombres, un
que, o un ente presente como sujeto, un quien.
En este ъltimo caso especialmente, se admitirнa implнcitamente que
este ente presente, como ente presente para sн, como consciencia,
llegarнa en un momento dado a diferir de ella: ya sea a retrasar y a
alejar la satisfacciуn de una «necesidad» o de un «deseo», ya sea a
diferir de sн, pero, en ninguno de estos casos, un ente-presente
semejante serнa «constituido» por esa diffйrance.
Ahora bien, si nos referimos una vez mбs a la
diferencia semiolуgica, їquй es lo que Saussure, en particular, nos ha
recordado? Que «la lengua [que no consiste, pues, mбs que en
diferencias] no es una funciуn del sujeto hablante». Esto implica que el
sujeto (identidad consigo mismo o en su momento, consciencia de la
identidad consigo mismo, consciencia de sн) estб inscrito en la lengua,
es «funciуn» de la lengua, no se hace sujeto hablante mбs que
conformando su habla, incluso en la llamada «creaciуn», incluso en la
llamada «transgresiуn», al sistema de prescripciones de la lengua como
sistema de diferencias, o al menos a la ley general de la diferencia,
rigiйndose sobre el principio de la lengua del que dice Saussure que es
«el lenguaje menos el habla». «La lengua es necesaria para que el habla
sea inteligible y produzca todos sus efectos.»
Si por hipуtesis tenemos por absolutamente rigurosa
la oposiciуn del habla a la lengua, la diffйrance serб no sуlo el juego
de las diferencias en la lengua, sino la relaciуn del habla con la
lengua, el rodeo tambiйn por el cual debo pasar para hablar, la prenda
silenciosa que debo dar, y que igualmente vale para la semiologнa
general que rige todas las relaciones del uso y al esquema del mensaje,
el cуdigo, etc. (He tratado de sugerir en otra parte que esta diferencia
en la lengua y en la relaciуn del habla con la lengua impide la
disociaciуn esencial que en otro estrato de su discurso querнa
tradicionalmente seсalar Saussure entre el habla y la escritura. La
prбctica de la lengua o del cуdigo que supone un juego de formas, sin
sustancia determinada e invariable, que supone tambiйn en la prбctica de
este juego una retenciуn y una protenciуn de las diferencias, un
espaciamiento y una temporizaciуn, un juego de marcas [traces], es
preciso que sea una especie de escritura avant la lettre
una archiescritura sin origen presente, sin arkhe.
De donde la tachadura regida por la arkhe y la
transformaciуn de la semiologнa general en gramatologнa, operando
йsta un trabajo crнtico sobre todo lo que, en la semiologнa y hasta en
su concepto matriz -el signo- retenнa presupuestos metafнsicos
incompatibles con el motivo de la diffйrance.)
Podrнamos sentirnos tentados por una objeciуn:
ciertamente, el sujeto no se hace «hablante» mбs que comerciando con el
sistema de las diferencias lingьнsticas; o incluso el sujeto no se hace
significante (en general, por el habla u otro signo) mбs que
inscribiйndose en el sistema de las diferencias. En este sentido,
ciertamente, el sujeto hablante o significante no estarнa presente para
sн en tanto que hablante o significante sin el juego de la diferencia
lingьнstica o semiolуgica. Pero їno se puede concebir una presencia y
una presencia para sн del sujeto antes de su habla o su signo, una
presencia para sн del sujeto en una consciencia silenciosa e intuitiva?
Una pregunta semejante supone, pues, que antes del
signo y fuera de йl, con la exclusiуn de todo rastro [trace] y de toda
diffйrance es posible algo semejante a la consciencia. Y que, antes
incluso de distribuir sus signos en el espacio y en el mundo, la
consciencia puede concentrarse ella misma en su presencia. Ahora bien,
їquй es la consciencia? їQuй quiere decir «consciencia»? Lo mбs a menudo
en la forma misma del «querer decir» no se ofrece al pensamiento bajo
todas sus modificaciones mбs que como presencia para sн, percepciуn de
sн misma de la presencia. Y lo que vale de la consciencia vale aquн de
la existencia llamada subjetiva en general. De la misma manera que la
categorнa del sujeto no puede y no ha podido nunca pensarse sin la
referencia a la presencia como upokeimenon o como
ousia, etc., el sujeto como consciencia nunca ha podido
anunciarse de otra manera que como presencia para sн mismo. El
privilegio concedido a la consciencia significa, pues, el privilegio
concedido al presente; e incluso si se describe, en la profundidad con
que lo hace Husserl, la temporalidad transcendental de la consciencia es
al «presente viviente» al que se concede el poder de sнntesis y de
concentraciуn incesante de las marcas.
Este privilegio es el йter de la metafнsica, el
elemento de nuestro pensamiento en tanto que es tomado en la lengua de
la metafнsica. No se puede delimitar un tal cierre mбs que solicitando
hoy este valor de presencia del que Heidegger ha mostrado que es la
determinaciуn ontoteolуgica del ser; y al solicitar asн este valor de
presencia, por una puesta en tela de juicio cuyo status
debe ser completamente singular, interrogamos el privilegio absoluto de
esta forma o de esta йpoca de la presencia en general que es la
consciencia como querer-decir en la presencia para sн.
Ahora bien, llegamos, pues, a plantear la presencia
-y singularmente la consciencia, el ser cerca de sн de la consciencia-
no como la forma matriz absoluta del ser, sino como una «determinaciуn»
y como un «efecto». Determinaciуn o efecto en el interior de un sistema
que ya no es el de la presencia, sino el de la diffйrance, y que ya no
tolera la oposiciуn de la actividad y de la pasividad, en mayor medida
que la de la causa y del efecto o de la indeterminaciуn y de la
determinaciуn, etc., de tal manera que al designar la consciencia como
un efecto o una determinaciуn se continъa, por razones estratйgicas, que
pueden ser mбs o menos lъcidamente deliberadas y sistemбticamente
calculadas, a operar segъn el lйxico de lo mismo que se de-limita.
Antes de ser, tan radicalmente y tan expresamente,
el de Heidegger, este gesto ha sido tambiйn el de Nietzsche y el de
Freud; quienes, uno y otro, como es sabido, y a veces de manera tan
semejante, han puesto en tela de juicio la consciencia en su certeza
segura de sн. Ahora bien, їno es notable que lo hayan echo uno y otro a
partir del motivo de la diffйrance?
Este aparece casi seсaladamente en sus textos y en
esos lugares donde se juega todo. No podrнa extenderme aquн; simplemente
recordarй que para Nietzsche la gran actividad principal es inconsciente
y que la consciencia es el efecto de las fuerzas cuya esencia y vнas y
modos no le son propios. Ahora bien, la fuerza misma nunca estб
presente: no es mбs que un juego de diferencias y de cantidades. No
habrнa fuerza en general sin la diferencia entre las fuerzas; y aquн la
diferencia de cantidad cuenta mбs que el contenido de la cantidad, que
la grandeza absoluta misma: «La cantidad misma no es, pues, separable de
la diferencia de cantidad. La diferencia de cantidad es la esencia de la
fuerza, la relaciуn de la fuerza con la fuerza. Soсar con dos fuerzas
iguales, incluso si se les concede una oposiciуn de sentido, es un sueсo
aproximativo y grosero, sueсo estadнstico donde lo viviente se sumerge,
pero que disipa la quнmica» (G. Deleuze, Nietzsche et la
philosophie, pбg. 49). Todo el pensamiento de Nietzsche
їno es una crнtica de la filosofнa como indiferencia activa ante la
diferencia, como sistema de reducciуn o de represiуn a-diaforнstica? Lo
cual no excluye que segъn la misma lуgica, segъn la lуgica misma, la
filosofнa viva en y de la diffйrance,
cegбndose asн a lo mismo que no es lo idйntico. Lo mismo
es precisamente la diffйrance (con una a) como paso desviado y equнvoco
de un diferente a otro, de un tйrmino de la oposiciуn a otro. Podrнamos
asн volver a tomar todas las parejas en oposiciуn sobre las que se ha
construido la filosofнa y de las que vive nuestro discurso para ver ahн
no borrarse la oposiciуn, sino anunciarse una necesidad tal que uno de
los tйrminos aparezca como la diffйrance del otro, como el otro diferido
en la economнa del mismo (lo inteligible como difiriendo de lo sensible,
como sensible diferido; el concepto como intuiciуn diferida-diferente;
la cultura como naturaleza diferida-diferente; todos los otros de la
physis-techne, nomos, thesis,
sociedad, libertad, historia, espнritu, etc., -como physis
diferida o como physis diferente. Physis
en diffйrance. Aquн se indica el lugar de una reciente
interpretaciуn de la mimesis, en su pretendida oposiciуn a
la physis). Es a partir de la muestra de este mismo
como diffйrance cuando se anuncia la mismidad de la diferencia y de la
repeticiуn en el eterno retorno. Tantos temas que se pueden poner en
relaciуn en Nietzsche con la sintomatologнa que siempre diagnostica el
rodeo o la artimaсa de una instancia disfrazada en su diffйrance; o
incluso con toda la temбtica de la interpretaciуn activa que sustituye
con el desciframiento incesante al desvelamiento de la verdad como
presentaciуn de la cosa misma en su presencia, etc. Cifra sin verdad, o
al menos sistema de cifras no dominado por el valor de verdad que se
convierte entonces en sуlo una funciуn comprendida, inscrita,
circunscrita.
Podremos, pues, llamar diffйrance a esta discordia
«activa», en movimiento, de fuerzas diferentes y de diferencias de
fuerzas que opone Nietzsche a todo el sistema de la gramбtica metafнsica
en todas partes donde gobierna la cultura, la filosofнa y la ciencia.
Es histуricamente significante que esta
diaforнstica en tanto que energйtica o economнa de fuerzas, que se
ordena segъn la puesta, en tela de juicio de la primacнa de la presencia
como consciencia, sea tambiйn el motivo capital del pensamiento de
Freud: otra diaforнstica, a la vez teorнa de la cifra (o de la marca
[trace]) y energйtica. La puesta en tela de juicio de la autoridad de la
consciencia es inicialmente y siempre diferencial.
Los dos valores aparentemente diferentes de la
diffйrance se anudan en la teorнa freudiana: el diferir como
discernibilidad, distinciуn, desviaciуn, diastema, espaciamiento,
y el diferir como rodeo, demora, reserva, temporizaciуn.
1. Los conceptos de marca [trace] (Spur),
de facilitaciуn (Bahnung), de fuerzas de facilitaciуn son
desde el Entwurt [Proyecto de una psicologнa para
neurуlogos] inseparables del concepto de diferencia. No se puede
describir el origen de la memoria y del psiquismo como memoria en
general (consciente o inconsciente) mбs que tomando en consideraciуn la
diferencia entre los razonamientos. Freud lo dice expresamente. No hay
facilitaciуn sin diferencia ni diferencia sin marca [trace].
2. Todas las diferencias en la producciуn de marcas
[traces] inconscientes y en los procesos de inscripciуn (Niederschrift)
pueden tambiйn ser interpretadas como momentos de la diffйrance, en
el sentido de la puesta en reserva. Segъn un esquema que no ha cesado de
guiar el pensamiento de Freud, el movimiento de la marca [trace] se
describe como un esfuerzo de la vida que se protege a sн misma
difiriendo la inversiуn peligrosa, constituyendo una reserva
(Vorrat) y todas las oposiciones de conceptos que
surcan el pensamiento freudiano relacionan cada uno de los conceptos a
otro como los momentos de un rodeo en la economнa de la diffйrance. El
uno no es mбs que el otro diferido, el uno que difiere del otro. El uno
es el otro en diffйrance, el uno es la diffйrance del otro. Asн es como
toda oposiciуn aparentemente rigurosa e irreductible (por
ejemplo, la de lo secundario y lo primario) se ve calificar, en uno u
otro momento, de «ficciуn teуrica». Es tambiйn asн, por ejemplo (pero
este ejemplo gobierna todo, comunica con todo), como la diferencia entre
el principio del placer y el principio de realidad no es sino la
diffйrance como rodeo (Aufschieben, Aufschub). En
Mбs allб del principio de placer escribe Freud:
«Bajo la influencia del instinto de conservaciуn del yo, el principio
del placer se borra y cede el lugar al principio de realidad que hace
que, sin renunciar al fin ъltimo que constituye el placer, consintamos
en diferir la realizaciуn, en no aprovechar ciertas posibilidades que se
nos ofrecen de apresurarnos en ello, incluso en soportar, a favor del
largo rodeo (Aufschub) que tomamos para llegar al placer,
un momentбneo descontento.»
Aquн tocamos el punto de mayor oscuridad en el
enigma mismo de la diffйrance, lo que divide justamente el concepto en
una extraсa particiуn. No es preciso apresurarse a decidir. їCуmo pensar
a la vez la diffйrance como rodeo econуmico que, en el
elemento del mismo, pretende siempre reencontrar el placer en el lugar
en que la presencia es diferida por cбlculo (consciente o
inconscientemente) y por otra parte la diffйrance como relaciуn con la
presencia imposible, como gasto sin reserva, como pйrdida irreparable de
la presencia, usura irreversible de la energнa, como pulsiуn de muerte y
relaciуn con el otro que interrumpe en apariencia toda economнa? Es
evidente -es absolutamente evidente- que no se pueden pensar
conjuntamente lo econуmico y lo no-econуmico, lo
mismo y lo totalmente-otro, etc. Si la diffйrance es este impensable,
quizб no es necesario apresurarse a hacerlo evidente, en el elemento
filosуfico de la evidencia que habrнa hecho pronto disipar la ilusiуn y
lo ilуgico, con la infalibilidad de un cбlculo que conocemos bien, para
haber reconocido precisamente su lugar, su necesidad, su funciуn en la
estructura de la diffйrance. Lo que en la filosofнa sacarнa provecho ya
ha sido tomado en consideraciуn en el sistema de la diffйrance tal como
se calcula aquн. He tratado en otra parte, en una lectura de Bataille,
de indicar lo que podrнa ser una puesta en contacto, si se
quiere, no sуlo rigurosa, sino, en un nuevo sentido, «cientнfica», de
esta «economнa limitada» que no deja lugar al gasto sin reserva, a la
muerte, a la exposiciуn al sin sentido, etc., y de una economнa general
que toma en consideraciуn la no-reserva, si se puede
decir, que tiene en reserva la no-reserva. Relaciуn entre una diffйrance
que encuentra su cuenta y una diffйrance que fracasa en encontrar su
cuenta, la apuesta [mise] de la presencia
pura y sin pйrdida confundiйndose con la de la pйrdida absoluta, de la
muerte. Por esta puesta en contacto de la economнa limitada y de la
economнa general se desplaza y se reinscribe el proyecto mismo de la
filosofнa, bajo la especie privilegiada del hegelianismo. Se doblega la
Aufhebung -el relevo- a escribirse de otra manera.
Quizб, simplemente, a escribirse. Mejor, a tomar en consideraciуn su
consumaciуn de escritura.
Pues el carбcter econуmico de la diffйrance no
implica de ninguna manera que la presencia diferida pueda ser todavнa
reencontrada, que no haya asн mбs que una inversiуn que retarda
provisionalmente y sin pйrdida la presentaciуn de la presencia, la
percepciуn del beneficio o el beneficio de la percepciуn. Contrariamente
a la interpretaciуn metafнsica, dialйctica, «hegeliana» del movimiento
econуmico de la diffйrance, hay que admitir aquн un juego donde quien
pierde gana y donde se gana y pierde cada vez. Si la presentaciуn
desviada sigue siendo definitiva e implacablemente rechazada, no es sino
un cierto presente lo que permanece escondido o ausente; pero la
diffйrance nos mantiene en relaciуn con aquello de lo que ignoramos
necesariamente que excede la alternativa de la presencia y de la
ausencia. Una cierta alteridad -Freud le da el nombre metafнsico de
inconsciente- es definitivamente sustraнda a todo proceso de
presentaciуn por el cual lo llamarнamos a mostrarse en persona. En este
contexto y bajo este nombre el inconsciente no es, como es sabido, una
presencia para sн escondida, virtual, potencial. Se difiere, esto quiere
decir sin duda que se teje de diferencias y tambiйn que envнa, que
delega representantes, mandatarios; pero no hay ninguna posibilidad de
que el que manda «exista», estй presente, sea el mismo en algъn sitio y
todavнa menos de que se haga consciente. En este sentido, contrariamente
a los tйrminos de un viejo debate, el lado fuerte de todas las
inversiones metafнsicas que ha realizado siempre, el «inconsciente» no
es mбs una «cosa» que otra cosa, no mбs una cosa que una consciencia
virtual o enmascarada. Esta alteridad radical con relaciуn a todo modo
posible de presencia se seсala en efectos irreductibles de destiempo, de
retardamiento. Y, para describirlos, para leer las marcas [traces] de
las marcas [traces] «inconscientes» (no hay marca [trace] «consciente»),
el lenguaje de la presencia o de la ausencia, el discurso metafнsico de
la fenomenologнa es inadecuado (pero el «fenomenуlogo» no es el ъnico
que habla).
La estructura del retardamiento (Nachtrдglichkeit),
impide en efecto que se haga de la temporalizaciуn una simple
complicaciуn dialйctica del presente vivo como sнntesis originaria e
incesante, constantemente reconducida a sн, concentrada sobre sн,
concentrante, de rastros [traces]
retencionles y de aberturas protencionales. Con
la alteridad del «inconsciente» entramos en contacto no con horizontes
de presentes modificados -pasados o por venir-, sino con un «pasado» que
nunca ha sido presente y que no lo serб jamбs, cuyo «por-venir» nunca
serб la producciуn o la reproducciуn en la forma de la
presencia. El concepto de rastro [trace] es, pues, inconmensurable con
el de retenciуn, de devenir-pasado de lo que ha sido presente. No se
puede pensar el rastro [la trace] -y asн la diffйrance- a partir del
presente, o de la presencia del presente.
Un pasado que nunca ha sido presente, esta es la
fуrmula por la cual Emmanuel Levinas, segъn vнas que ciertamente no son
las del psicoanбlisis, califica la marca [la trace] y el enigma de la
alteridad absoluta: el otro [autrui]. En estos lнmites y desde este
punto de vista al menos, el pensamiento de la diffйrance implica toda la
crнtica de la ontologнa clбsica emprendida por Levinas. Y el concepto de
marca [trace], como el de diffйrance, organiza asн a travйs de estas
marcas [traces] diferentes y estas diferencias de marcas [traces], en el
sentido de Nietzsche, de Freud, de Levinas (estos
«nombres de autores» no son aquн mбs que indicios), la red que concentra
y atraviesa nuestra «йpoca» como delimitaciуn de la ontologнa (de la
presencia).
Es decir, del ente o de la entidad [l’йtant ou de
l’йtantitй]. En todas partes, es la dominaciуn del ente [l’etant] lo que
viene a solicitar la diffйrance, en el sentido en que solicitare
significa, en viejo latнn, sacudir como un todo, hacer temblar en
totalidad. Es la determinaciуn del ser como presencia o como enticidad
[йtantitй] lo que es asн pues interrogado por el pensamiento de la
diffйrance. Una pregunta semejante no podrнa surgir y dejarse comprender
sin que se abriera en alguna parte la diferencia que hay entre el ser y
el ente [la diffйrence de l’кtre а l’йtant]. Primera consecuencia: la
diffйrance no es. No es un ente-presente [йtant-prйsent], por excelente,
ъnico, de principio o transcendental que lo queramos considerar. No
gobierna nada, no reina sobre nada, y no ejerce en ninguna parte
autoridad alguna. No se anuncia por ninguna mayъscula. No sуlo no hay
reino de la diffйrance, sino que йsta fomenta la subversiуn de todo
reino. Lo que la hace evidentemente amenazante e infaliblemente temida
por todo lo que en nosotros desea el reino, la presencia pasada o por
venir de un reino. Y es siempre en el nombre de un reino como se puede,
creyendo verla engrandecerse con una mayъscula, reprocharle querer
reinar.
їEs que, sin embargo, la diferencia se ajusta en la
desviaciуn de la diferencia уntico-ontolуgica tal como se piensa; tal
como la «йpoca» se piensa ahн en particular «a travйs», si aъn puede
decirse, de la meditaciуn heideggeriana?
No hay respuesta simple a una pregunta semejante.
Por una cierta cara de sн misma, la diffйrance no
es ciertamente mбs que el despliegue histуrico y de йpoca
del ser o de la diferencia ontolуgica. La a de la
diffйrance seсala el movimiento de este despliegue.
Y sin embargo, el pensamiento del sentido
o de la verdad del ser, la determinaciуn de la diffйrance
en diferencia уntico-ontolуgica, la diferencia pensada en el horizonte
de la cuestiуn del ser, їno es todavнa un efecto
intrametafнsico de la diffйrance? El despliegue de la diffйrance no es
quizб sуlo la verdad del ser o de la epocalidad del ser. Quizб hace
falta intentar pensar este pensamiento inaudito, este trazado
silencioso: que la historia del ser, cuyo pensamiento inscribe al logos
griego-occidental, no es en sн misma, tal como se produce a travйs de la
diferencia ontolуgica, mбs que una йpoca del diapherein.
No podrнamos siquiera llamarla desde aquн «йpoca» perteneciendo el
concepto de epocalidad al interior de la historia como historia del ser.
No habiendo tenido nunca «sentido» el ser, no habiendo nunca sido
pensado o dicho como tal mбs que disimulбndose en el ente, la diffйrance
de una cierta y muy extraсa manera, (es) mбs «vieja» que la diferencia
ontolуgica o que la verdad del ser. A esta edad se la puede llamar juego
de la marca [trace]. De una marca [trace] que no pertenece ya al
horizonte del ser sino cuyo juego lleva y cerca el sentido del ser:
juego de la marca [trace] o de la diffйrance que no tiene sentido y que
no existe. Que no pertenece. Ningъn mantenimiento, pero ninguna
profundidad para este damero sin fondo donde el ser se pone en juego.
Es acaso asн como el juego heracliteano del
en diapheron eauto, del uno diferente de sн, difiriйndose
consigo, se pierde ya como una marca [trace] en la determinaciуn del
diapherein en diferencia ontolуgica.
Pensar la diferencia ontolуgica sigue siendo sin
duda, una tarea difнcil cuyo enunciado ha permanecido casi inaudible.
Tambiйn prepararse mбs allб de nuestro logos, para una
diffйrance tanto mбs violenta cuanto que no se deja todavнa reconocer
como epocalidad del ser y diferencia ontolуgica, no es ni eximirse del
paso por la verdad del ser ni de ninguna manera «criticarlo»,
«contestarlo», negar su incesante necesidad. Es necesario, por el
contrario, quedarse en la dificultad de este paso, repetirlo en la
lectura rigurosa de la metafнsica en todas partes donde normaliza el
discurso occidental, y no solamente en los textos de la «historia de la
filosofнa». Hay que dejar en todo rigor aparecer/desaparecer la marca
[trace] de lo que excede la verdad del ser. Marca [Trace] (de lo) que no
puede nunca presentarse, marca [trace] que en sн misma no puede nunca
presentarse: aparecer y manifestarse como tal en su fenуmeno. Marca
[trace] mбs allб de lo que liga en profundidad la ontologнa fundamental
y la fenomenologнa. Siempre difiriendo, la marca [trace] no estб nunca
como tal en presentaciуn de sн. Se borra al presentarse, se ensordece
resonando, como la a al escribirse, inscribiendo su
pirбmide en la diffйrance.
De este movimiento siempre se puede descubrir la
marca [trace] anunciadora y reservada en el discurso metafнsico y sobre
todo en el discurso contemporбneo que habla, a travйs de las tentativas
en que nos hemos interesado hace un instante (Nietzsche, Freud, Levinas)
del cierre de la ontologнa. Singularmente en el texto heideggeriano.
Este nos provoca a interrogar la esencia del
presente, la presencia del presente.
Quй es el presente? Quй es pensar el presente en su
presencia?
Consideremos por ejemplo, el texto de 1946 que se
titula Der Spruch des Anaximander. Heidegger
recuerda ahн que el olvido del ser olvida la diferencia del ser y el
ente: «Pero la cosa del ser (die Sache des Seins), es ser
el ser de lo ente. La forma lingьнstica de este genitivo
con multivalencia enigmбtica nombra una gйnesis (Genesis),
una proveniencia (Herkunft) del presente a
partir de la presencia (des Anbwesenden
aus dem Anwesen). Pero, con la muestra de los dos, la esencia
(Wesen) de esta proveniencia permanece secreta (verborgen).
No solamente la esencia de esta proveniencia, sino tambiйn la
simple relaciуn entre presencia y presente
(Anwesen und Anwesendem) permanece impensada. Desde la
aurora, parece que la presencia, y el ente-presente
sean, cada uno por su lado, separadamente algo. Imperceptiblemente, la
presencia se hace ella-misma un presente... La esencia de
la presencia (Des Wesen des Anwesens)
y asн la diferencia de la presencia y el presente
es olvidada. El olvido del ser es el olvido de la diferencia del
ser y el ente (traducciуn en Chemins, pбgs.
296-297).[i]
Recordбndonos la diferencia entre el ser y el ente
(la diferencia ontolуgica) como diferencia de la presencia y el
presente, Heidegger avanza una proposiciуn, un conjunto de proposiciones
que aquн no se tratarб, por una precipitaciуn propia de la necedad, de
«criticar», sino de devolver mбs bien a su poder de provocaciуn.
Procedamos lentamente. Lo que Heidegger quiere,
pues, seсalar [marquer] es esto: la diferencia del ser y el ente, lo
olvidado de la metafнsica, ha desaparecido sin dejar marca [trace]. La
marca [trace] misma de la diferencia se ha perdido. Si admitimos que la
diffйrance (es) (en sн misma) otra cosa que la ausencia y la presencia,
si marca, [trace] serнa preciso
hablar aquн, tratбndose del olvido de la diferencia (del ser y el ente),
de una desapariciуn de la marca [trace] de la marca [trace]. Es lo que
parece implicar tal pasaje de La palabra de Anaximandro.
«El olvido del ser forma parte de la esencia misma del ser,
velado por йl. El olvido pertenece tan esencialmente al destino del ser
que la aurora de este destino comienza precisamente en tanto que
desvelamiento del presente en su presencia. Esto quiere
decir: la historia del ser comienza por el olvido del ser en que el ser
retiene su esencia, la diferencia con lo ente. La diferencia falta.
Permanece olvidada. Sуlo lo diferenciado -el presente y la presencia
(das Anwesende und dar Anwesen) se desabriga, pero no
en tanto que lo diferenciado. Al contrario, la
marca [trace] matinal (die frьhe Spur) de la
diferencia se borra desde el momento en que la presencia aparece como un
ente-presente (Das Anwesen wie ein Anwesendes erscheint) y
encuentra su proveniencia en un (ente)-presente supremo (in
einem hцchsten Anwesenden)».[ii]
No siendo la marca [trace] una presencia, sino un
simulacro de una presencia que se disloca, se desplaza, se repite, no
tiene propiamente lugar, el borrarse pertenece a su estructura. No sуlo
el borrarse que siempre debe poder sorprenderla, a falta de lo que ella
no serнa marca [trace], sino indestructible, monumental substancia, sino
el borrarse que [la constitue d’entrйe de jeu en trace, qui l’installe
en changement de lieu] y la hace desaparecer en su apariciуn, salir de
sн en su posiciуn. El borrarse de la marca [trace] precoz (die
frьhe Spur) de la diferencia es, pues, «el mismo» que su trazado
[tracement] en el texto metafнsico. Este debe haber guardado la marca
[marque] de lo que ha perdido o reservado, dejado de lado. La paradoja
de una estructura semejante, es, en el lenguaje de la metafнsica, esta
inversiуn del concepto metafнsico que produce el efecto siguiente: el
presente se hace el signo del signo, la marca [trace] de la marca
[trace]. Ya no es aquello a lo que en ъltima instancia reenvнa todo
reenvнo. Se convierte en una funciуn dentro de una estructura de reenvнo
generalizada. Es marca [trace] y marca [trace] del borrarse de la marca
[trace].
El texto de la metafнsica es asн comprendido.
Todavнa legible; y para leerse. No estб rodeado, sino atravesado por
su lнmite, marcado [marquй] en su interior por la estela mъltiple de su
margen. Proponiendo a la vez el monumento y el espejismo
de la marca [trace], la marca [trace] simultбneamente marcada [tracйe] y
borrada, simultбneamente viva y muerta, viva como siempre al simular
tambiйn la vida en su inscripciуn guardada. Pirбmide. No un lнmite que
hay que franquear, sino pedregosa, sobre una muralla, en otras palabras
que hay que descifrar, un texto sin voz.
Se piensa entonces sin contradicciуn, sin conceder
al menos ninguna pertinencia a tal contradicciуn, lo perceptible y lo
imperceptible de la marca [trace]. La «marca [trace] matinal» de la
diferencia se ha perdido en una invisibilidad sin retorno y, sin
embargo, su pйrdida misma estб abrigada, guardada, mirada, retardada. En
un texto. Bajo la forma de la presencia. De la propiedad. Que en sн
misma no es mбs que un efecto de escritura.
Despuйs de haber hablado del borrarse de la marca
[trace] matinal, Heidegger puede, pues, en la contradicciуn sin
contradicciуn, consignar contrasignar el empotramiento de la marca
[trace]. Un poco mбs lejos: -«La diferencia del ser y lo ente no puede
sin embargo, llegar luego a la experiencia como un olvido mбs que si se
ha descubierto ya con la presencia del presente (mit dem Anwesen
des Anwesenden), y si estб asн sellada en una marca
[trace] (so eine Spur geprдgt hat) que permanece
guardada (gewahrt bleibt) en la lengua a la que adviene el
ser.»[iii]
Mбs adelante de nuevo, meditando el to khreon
de Anaximandro, traducido aquн como Brauch
(conservaciуn) [maintien], Heidegger escribe esto:
«Disponiendo acuerdo y deferencia (Fug und
Ruch. verfьgend) la conservaciуn libera el presente (Anwesende)
en su permanencia y lo deja libre cada vez para su estancia. Pero
por eso mismo, el presente se ve igualmente comprometido en el peligro
constante de endurecerse en la insistencia (in das blosze Beharren
verbдrtet) a partir de su duraciуn que permanece. Asн la
conservaciуn (Brauch) sigue siendo al mismo tiempo en sн
misma des-poseimiento (Aushдndigung: des-conservaciуn) de
la presencia (des Anwesens) in der Un-fug, en lo
disonante (el desunimiento). La conservaciуn aсade el des- (Der
Brauch fьgt das Un-).»[iv]
Y es en el momento en que Heidegger reconoce la
conservaciуn como marca [trace]
cuando debe plantearse la cuestiуn: їse puede y hasta dуnde se puede
pensar esta marca y el des- [dis] de la
diffйrance como Wesen des Seins? їEl des- de la
diferencia no nos lleva mбs allб de la historia del ser, mбs allб de
nuestra lengua tambiйn y de todo lo que en ella puede nombrarse? їNo
apela, en la lengua del ser, a la transformaciуn, necesariamente
violenta, de esta lengua en una lengua totalmente diferente?
Precisemos esta cuestiуn. Y, para desalojar en ella
la «marca» [«trace»] (y їquiйn ha creнdo que se ojeaba algo mбs que
pistas para despistar?), leamos otra vez este pasaje:
«La traducciуn de to khreon
como: «la conservaciуn» (Brauch) no proviene de
reflexiones etimolуgico-lйxicas. La elecciуn de la palabra
«conservaciуn» proviene de una tra-ducciуn anterior (Ubersetzen)
del pensamiento que trata de pensar la diferencia en el despliegue
del ser (im Wesen des Seins) hacia el comienzo historial
del olvido del ser. La palabra «la conservaciуn» es dictada al
pensamiento en la aprehensiуn (Erfahrung) del olvido del
ser. Lo que de esto propiamente hay que pensar en la palabra «la
conservaciуn», to khreon nombra propiamente una
marca [trace] (Spur), marca [trace] que desaparece
enseguida (aisbald verschwindet) en la historia del ser
que se muestra histуrico-mundialmente como metafнsica occidental.»[v]
їCуmo pensar lo que estб fuera de un texto? їMбs o
menos como su propio margen? Por
ejemplo, їlo otro del texto de la metafнsica occidental? Ciertamente la
«marca [trace] que desaparece enseguida en la historia del ser... como
metafнsica occidental» escapa a todas las determinaciones, a todos los
nombres que podrнa recibir en el texto metafнsico. En estos nombres se
abriga y asн se disimula. No aparece ahн como la marca [trace] «en sн
misma». Pero es porque no podrнa nunca aparecer en sн misma, como tal.
Heidegger tambiйn dice que la diferencia no puede aparecer en tanto que
tal: «Lichtung des Unterschiedes kann deshalb auch nicht bedeuten,
dasz der Unterschied als der Unterschied erscheint.» No hay
esencia de la diffйrance, йsta (es) lo que no sуlo no sabrнa dejarse
apropiar en йl como tal de su nombre o de su aparecer,
sino lo que amenaza la autoridad del como tal en general,
de la presencia de la cosa misma en su esencia. Que no haya, en este
punto, esencia propia[vi],
de la diffйrance, implica que no haya ni ser ni verdad del juego de la
escritura en tanto que inscribe la diffйrance.
Para nosotros, la diffйrance sigue siendo un nombre
metafнsico y todos los nombres que recibe en nuestra lengua son aъn, en
tanto que nombres, metafнsicos. En particular cuando dicen la
determinaciуn de la diffйrance como diferencia entre la presencia y el
presente (Anwesen/Anwesend), pero sobre todo, y ya
de la manera mбs general cuando dicen la determinaciуn de la diffйrance
como diferencia entre el ser y el ente.
Mбs «vieja» que el ser mismo, una tal diffйrance no
tiene ningъn nombre en nuestra lengua. Pero «sabemos ya» que si es
innombrable no es por provisiуn, porque nuestra lengua todavнa no ha
encontrado o recibido este nombre, o porque serнa
necesario buscarlo en otra lengua, fuera del sistema finito de la
nuestra. Es porque no hay nombre para esto ni siquiera el de esencia o
el de ser, ni siquiera el de «diffйrance», que no es un nombre, que no
es una unidad nominal pura y se disloca sin cesar en una cadena de
sustituciones que difieren.
«No hay nombre para esto»: leer esta proposiciуn en
su banalidad. Este innombrable no es un ser inefable al que ningъn
nombre podrнa aproximarse: Dios por ejemplo. Este innombrable es el
juego que hace que haya efectos nominales, estructuras relativamente
unitarias o atуmicas que se llaman nombres, cadenas de sustituciones de
nombres, y en las que, por ejemplo, el efecto nominal «diffйrance» es йl
mismo acarreado, llevado, reinscrito, como una falsa entrada o una falsa
salida todavнa es parte del juego, funciуn del sistema.
Lo que sabemos, lo que sabrнamos si se tratara aquн
simplemente de un saber, es que no ha habido nunca, que nunca habrб
palabra ъnica, nombre-seсor. Es por lo que el pensamiento de la letra
a de la diffйrance no es prescripciуn primera ni el
anuncio profйtico de una nominaciуn inminente y todavнa inoнda. Esta
«palabra» no tiene nada de kerygmбtica, por poco
que se pueda percibir la mayusculaciуn. Poner en cuestiуn el nombre de
nombre.
No habrб nombre ъnico, aunque sea el nombre del
ser. Y es necesario pensarlo sin nostalgia, es
decir, fuera del mito de la lengua puramente materna o puramente
paterna, de la patria perdida del pensamiento. Es preciso, al contrario,
afirmarla, en el sentido en que Nietzsche pone en
juego la afirmaciуn, con una risa y un paso de danza.
Desde esta risa y esta danza, desde esta afirmaciуn
extraсa a toda dialйctica, viene cuestionada esta otra cara de la
nostalgia que yo llamarй la esperanza
heideggeriana. No paso por alto lo que esta palabra puede tener aquн de
chocante. Me arriesgo no obstante, sin excluir implicaciуn alguna, y lo
pongo en relaciуn con lo que La palabra de Anaximandro
me parece retener de la metafнsica: la bъsqueda de la palabra propia
y del nombre ъnico. Hablando de la «primera palabra del ser» (das
frьhe Wort des Seins), escribe Heidegger: «La relaciуn con el
presente, que muestra su orden en la esencia misma de la presencia, es
ъnica (ist eine einzige). Permanece por excelencia
incomparable a cualquier otra relaciуn, pertenece a la unicidad del ser
mismo (Sie gehцrt zur Einzigkeit des Seins selbst). La
lengua deberнa, pues, para nombrar lo que se muestra en el ser (das
Wesende des Seins), encontrar una sola palabra, la palabra ъnica
(ein einziges, das einzige Wort). Es aquн donde medimos lo
arriesgado que es toda palabra del pensamiento [toda palabra pensante:
denkende Wort] que se dirige al ser (das dem
Sein zugesprochen wird). Sin embargo, lo que aquн se arriesga no
es algo imposible; pues el ser habla en todas partes y siempre y a
travйs de toda lengua.»[vii]
Tal es la cuestiуn: la alianza del habla y del ser
en la palabra ъnica, en el nombre al fin propio. Tal es la cuestiуn que
se inscribe en la afirmaciуn jugada de la diffйrance. Se refiere a cada
uno de los miembros de esta frase: «El ser/habla/en todas partes y
siempre/a travйs de/toda/lengua.»
Jacques Derrida
*
Juega Derrida con la doble connotaciуn diferente/diferencia y
diferente/desavenencia, que, en castellano, estб tambiйn incluida en
el tйrmino «diferencias». (N. del T)
[i]
[«Pero el asunto del ser, es ser el ser
de lo ente.
La forma lingьнstica
de este genitivo enigmбticamente polisйmico, nombra una gйnesis, un
origen de lo presente, a partir de la presencia. Pero con la
presencia de ambos, la esencia de este origen permanece oculta. No
sуlo йsta, sino incluso la relaciуn entre presencia y presente
permanece impensada. Desde muy temprano parece como si la presencia
y lo presente fueran algo cada uno por separado. Imperceptiblemente,
la presencia se convierte ella misma en un presente. [...] La
esencia de la presencia y, con ella, la diferencia de la presencia
respecto a lo presente, queda olvidada. El olvido del ser es
del olvido de la diferencia entre el ser y lo ente.» Trad.
cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos del bosque»,
Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329.]
[ii]
[«El olvido del ser forma parte de la
esencia del ser velada por el propio olvido. Forma parte tan
esencial del destino del ser, que la aurora de este destino comienza
como desvelamiento de lo presente en su presencia. Esto quiere decir
que la historia del ser comienza con el olvido del ser, dede el
momento en que el ser se repliega con su esencia: la diferencia
respecto a lo ente. Cae la diferencia. Queda olvidada. Lo que se
desencubre es lo diferente, lo presente y la presencia, pero no
en tanto que eso diferente. Por el contrario, se borra
hasta la primera huella de diferencia, dede el momento en que la
presencia se manifiesta como lo presente y encuentra su origen en un
supremo presente.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en
«Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329
[iii]
[«Pero al haber sido olvidada la
diferencia del ser respecto a lo ente sуlo puede ser experimentada
cuando ya se desvela en la presencia de lo presente y, de este modo,
imprime una huella que permanece guardada en el lenguaje al que
llega el ser.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte en
«Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 329-330.]
[iv]
[«Disponiendo acuerdo y atenciуn, el uso
libera en la morada y abandona en cada ocasiуn a lo presente a su
morada. Pero, de este modo, tambiйn se ve entregado al contante
peligro de endurecerse en la mera persistencia a partir de la
insistencia que mora. Por lo tanto, el uso sigue siendo en sн, al
mismo tiempo, la entrega en mano de lo presente en el des-acuerdo.
El uso dispone el des-.» Trad. cast. de Helena Cortйs y Arturo Leyte
en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996, pбg. 332-333.]
[v]
[«La traducciуn de to khreфn
por “el uso” no ha surgido sуlo de una meditaciуn etimolуgica y
lйxica. La elecciуn del termino uso nace de una traslaciуn anterior
del pensar, que intenta pensar la diferencia en la esencia del ser,
en el inicio destinal del olvido del ser. La palabra «uso» ha sido
dictada al pensar en la experiencia del olvido del ser.
Probablemente, to khreфn nombra un rastro de lo que
queda verdaderamente por pensar en el tйrmino “uso” rastro que
desaparece de inmediato en el destino del ser, el cual se despliega
en la historia del mundo como metafнsica occidental.» Trad. cast. de
Helena Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza,
Madrid, 1996, pбg. 341.]
[vi]
La diffйrance no es una «especie» del gйnero «diferencia
ontolуgicas. Si «la donaciуn de presencia es propiedad del
Ereignen» («Die Gabe von Anwesen ist Eigentum des
Ereignens») («Zeit und Sein», en L'endurance de la pensйe,
Plon, 1968, tr. fr. Fйdier, pбg. 63), la diffйrance no es un
proceso de propiaciуn en cualquier sentido que se tome. No es ni la
posiciуn (apropiaciуn) ni la negaciуn (expropiaciуn), sino lo otro.
Desde este momento, parece, pero seсalamos aquн nosotros mбs bien la
necesidad de un recorrido que ha de venir, no serнa mбs que el ser
una especie del gйnero Ereignis. Heidegger «...
entonces el ser tiene su lugar en el movimiento que hace advenir a
si lo propio (Dan gebцrt das Sein in das Ereignen). De
йl acogen y reciben su determinaciуn el dar y su donaciуn. Entonces
el ser serнa un gйnero del Ereignis y no
el Ereignis un gйnero del ser. Pero la huida
que busca refugio en semejante inversiуn serнa demasiado barata.
Pasa al lado del verdadero pensamiento de la cuestiуn y de su
paladнn (Sie denkt am Sachverhalt vorbei). Ereignis
no es el concepto supremo que comprende todo, y bajo el que se
podrнan alinear ser y tiempo. Las relaciones lуgicas de orden no
quieren decir nada aquн. Pues, en la medida en que pensamos en pos
del ser mismo y seguimos lo que tiene de propio (seinem
Eigenen folgen), йste se revela como la donaciуn, concedida
por la extensiуn (Reichen) del tiempo, del destino de
parousia (gewдhrte Gabe des geschickes von
Anwesenheit). La donaciуn de presencia es propiedad del
Ereignen (Die Dabe von Anweswn ist Eigentum des
Ereignens)».
[«Entonces el ser
pertenece al [acaecer como] apropiar. Desde йste
reciben su determinaciуn el dar y su don. Entonces serнa el ser una
especie de acaecimiento y no el acaecimiento una especie del ser.
La huida a semejante
inversiуn serнa demasiado fбcil. Soslaya con el pensamiento la
нndole de la cosa. El acaecimiento entendido como “apropiaciуn” o
acaecimiento apropiador no es el concepto abarcante
superior, bajo el cual se dejan ordenar ser y tiempo. Las relacines
de ordenaciуn lуgica aquн no dicen nada. Pues, si buscamos con el
pensamiento el rastro al ser mismo y seguimos lo que tiene de
propio, el ser se demuestra como el don, concedido en la verdad
mediante la regalнa del tiempo, del destino de la presencia. El don,
la donaciуn del estar presente es propiedad del apropiar. »
Traducciуn de Manuel Garrido, en «Tiempo y Ser», Tecnos, Madrid,
2000, p. 41.]
Sin la reinscripciуn
desplazada en esta cadena (ser, presencia, propiaciуn, etc.), no se
transformarб nunca de manera rigurosa e irreversible las relaciones
entre lo onto-lуgico, general o fundamental, y lo que ella domina o
se subordina a tнtulo de ontologнa regional o de ciencia particular:
por ejemplo, la economнa polнtica, el psicoanбlisis, la
semiolingьнstica, la retуrica, en los que el valor de
propiedad desempeсa, mбs que en otras partes, un papel
irreductible, pero igualmente las metafнsicas espiritualistas o
materialistas. A esta elaboraciуn preliminar apuntan los anбlisis
articulados en este volumen. Es evidente que una reinscripciуn
semejante no estarб nunca contenida en un discurso filosуfico o
teуrico, ni en general en un discurso o un escrito; sуlo sobre la
escena de lo que he llamado en otra parte el texto general (1972).
[vii]
[«La relaciуn con lo presente que reina
en la propia esencia de la presencia, es ъnica. Permanece por
excelencia incomparable con cualquier otra relaciуn. Forma parte de
la unicidad del propio ser. Asн pues, para nombrar lo que se hace
presente en el ser, la lengua deberнa encontrar una ъnica palabra,
la ъnica. Esto nos permite medir hasta quй punto es osada cualquier
palabra pensante que apela al ser. Pero este riesgo no es nada
imposible, pues el ser habla de las maneras mбs distintas siempre y
en todo lugar, a travйs de toda lengua.» Trad. cast. de Helena
Cortйs y Arturo Leyte en «Caminos de bosque», Alianza, Madrid, 1996,
pбg. 331.]
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