"El ascenso de Proteo" - читать интересную книгу автора (Sheffield Charles)9Sol Poniente Código postal 127/128/009 Colonia Libre Querido señor Wolf: Ante todo, lamento haber tardado tanto en responder. Recibí sus preguntas, luego se me traspapelaron y sólo las encontré hace un par de días. Iba a enviarle una respuesta hablada, pero me han dicho que tiendo a divagar y repetirme, así que pensé que este medio sería mejor. Oigan lo que digan de los programas de realimentación, cuando uno envejece no le conservan la memoria que tenía antes. La semana pasada no podía encontrar mi enchufe de implantes, y al fin un amigo me recordó que lo había enviado a reparar. Así que creí mejor responderle por escrito. Bien, una cosa es segura. Por supuesto que recuerdo a Robert Capman, quizá porque lo conocí hace tiempo. La mayoría de las cosas que usted mencionaba en su carta son ciertas, y me sorprendió un poco que usted no pudiera confiar en lo que los registros públicos dicen acerca de la biografía de Capman. Aunque quizás usted sea como yo, y tiene problemas con los ordenadores y las secuencias de invocación. Nunca olvidaré a Capman, y recuerdo la ocasión en que nos conocimos. Fuimos a estudiar a Hopkins en el mismo año, y llegamos allí el mismo día, en el otoño del 2105. Era antes de la identificación cromosómica, y tuvimos que firmar juntos en el libro cuando llegamos. Él firmó antes que yo, y miré su nombre mientras recogía su maletín, y dije, en broma: «Pues tendríamos que llevarnos bien. Entre los dos cubrimos toda la gama.» Quería decir que, como él se llamaba Capman y yo me llamaba Solé, entre ambos estaba el cuerpo entero, de la cabeza a los pies.{ Usted sabe cómo son las cosas cuando se está en un sitio extraño; cualquier amistad parece muy importante. Después de esa primera presentación, anduvimos juntos una semana, y cuando llegó el momento de la asignación de cuartos convinimos en compartir el nuestro, al menos los primeros meses. Resultó que lo compartimos más de dos años, hasta que Capman se fue para un programa de estudios avanzados. En cierto modo, supongo que nos habríamos visto con mayor frecuencia si no hubiéramos compartido el cuarto. Dada la situación, uno de nosotros tenía que estar en el turno de noche para usar la cama (Hopkins tenía entonces menos comodidades que hoy) y el otro tenía que dormir durante el día. Robert escogió el turno de día para dormir, aunque nunca dormía mucho. No parecía necesitarlo. Muchas veces lo veía al volver de mis clases. Él seguía sentado al escritorio después de trabajar el día entero en un problema que le interesaba, y no parecía preocupado por no haber dormido. «Dormiré media hora», decía, y tras media hora de sueño iba a sus clases, totalmente despejado. Usted pregunta qué estudiaba Capman. Bien, estaba en bioquímica, igual que yo, pero era un demonio para las teorías. Se empecinaba en estudiar cosas que a nadie le importaban, que no figuraban en ningún examen. Yo ola las charlas entre los profesores. No sabían si estaban contentos de tenerlo como alumno, o si los intimidaba. Con él no podían escabullirse con una respuesta improvisada. Si no le daban buenas respuestas, al día siguiente él les recitaba los puntos oscuros con número de capitulo y versículo. No sé si usted quiere descripciones detalladas. Básicamente, los datos que usted cita son correctos. Estuvo en Hopkins del 2105 al 2109 y luego fue dos años a una universidad europea, creo que a Cambridge. Regresó para actuar como asistente de investigación en la Fundación Melford. Allí fue donde alcanzó la fama, años después, al publicar la taxonomía de las formas permisibles. No lo habla empezado entonces, desde luego. Hacia tiempo que trabajaba en esa teoría, desde sus primeros años en Hopkins. Se nos acercaba con largas listas de símbolos en hojas grandes, y trataba de explicármelos a mi y a los demás estudiantes de bioquímica. No sé qué pasaba con los demás, pero yo no tenia idea de qué estaba hablando. En cuanto a las relaciones intimas, no tuvo muchas en Hopkins, y supongo que yo fui el amigo más intimo que tuvo allí. No demostraba mayor interés sexual en hombres ni en mujeres, y creo que no tuvo esa clase de vinculo mientras yo lo conocí. Lo más cercano que tuvo a un vinculo contractual fue Betha Melford, cuando estaba trabajando para la Fundación Melford. Ella era bastante mayor, pero intimaron bastante. Ellos dos, junto con otros, que vivían en distintos lugares del mundo, formaron una especie de sociedad. La llamaban la Sociedad Lunar, aunque supongo que era una broma, porque no tenia nada que ver con la Luna. Habla en ese grupo personajes que eran o llegaron a ser importantes en el grupo, pero creo que ninguno de ellos tuvo una relación física intima que durara más de unas semanas. Los considerábamos un hatajo de asexuados. No quiero que interprete mal este comentario. Robert Capman era un buen hombre, a quien le confiarla mi vida. Y digo esto aunque no nos hemos visto personalmente en cuarenta años. Oí todos esos rumores de la Tierra, acerca de las personas muertas en experimentos, pero no creo en ello. Es el sensacionalismo de siempre; los servicios de noticias dicen cualquier cosa con tal de causar impacto. Como siempre digo, son tan insustanciales como sus hologramas. No se puede creer en lo que dicen ahora, así como no se podía creer lo que decían sobre la desaparición de Yifter, allá por el año 90. Eso también lo recuerdo bien. Desde luego, todas estas cosas sucedieron hace mucho tiempo, pero las recuerdo con claridad, tal como uno recuerda las cosas que le suceden cuando es muy joven. Hoy nada me resulta tan memorable, pero la semana que viene cumpliré ciento nueve años, y gozo de buena salud, así que no debo quejarme. Lamento haber tardado tanto en contestar, pero pensé que era mejor responderle por escrito, usted dijo que estaba interrogando a varios amigos de Robert acerca de él, y quería mencionarle que si alguno de ellos desea ponerse en contacto conmigo espero que usted les dé mi dirección. Sería agradable verlos de nuevo, y hablar de los viejos tiempos con gente que los vivió. Desde luego, no puedo ir a ningún sitio con alta gravedad, pero quizás algunos de ellos puedan visitarme aquí. Espero que esta carta le resulte útil, y espero que se silencien esos rumores sobre Robert Capman. Bey leyó la carta hasta el final y la puso sobre la pila. Era la última respuesta a sus preguntas, y había tenido suerte de recibirla. Junto con ella venía una breve nota del médico principal de la Colonia Libre, señalando que Ludwig Solé estaba perdiendo rápidamente la aptitud para utilizar las máquinas de realimentación biológica, de modo que la información de esa carta procedía de un hombre con las facultades en deterioro. Era improbable que recibiera más información de Sol Poniente. Afortunadamente, pensó Bey, no necesitaba más. La carta de Solé abarcaba el mismo terreno que algunas de las otras, aunque él había sido el mejor amigo de Capman durante los años de Hopkins. En los ocho meses transcurridos desde la desaparición, Wolf había localizado penosamente a cuarenta y siete conocidos y coetáneos de Capman que aún estaban con vida. El más viejo tenía ciento diez años, el más joven casi noventa. El resumen que tenía ante sí, una síntesis de todas las respuestas recibidas, era completo pero desconcertante. Ninguna descripción de Capman daba indicios de crueldad o megalomanía. Excentricidad, sí, pero una excentricidad que evocaba los viajes mentales de un Newton o un Arquímedes, la solitaria vida de un genio. ¿Algún acontecimiento fortuito habría roto ese equilibrio veintisiete años atrás? «Los grandes ingenios son casi aliados de la locura»; era innegable, pero Robert Capman no congeniaba con ese patrón. Bey consultó la hoja amarillenta que estaba prendida al dorso de la carta de Solé. Era borrosa y casi ilegible, una reliquia de antaño, y necesitaría tratamiento especial para ser descifrada plenamente. Parecía una vieja transcripción de los antecedentes académicos de Capman, y era curioso que Solé no la hubiera mencionado en su carta. Bey aumentó la potencia de la iluminación y varió la composición de frecuencia de las fuentes lumínicas hasta que tuvo las condiciones óptimas para leer la fina letra azul. Roben Samuel Capman. Nacido: 26 de junio de 2090. Fecha de ingreso: 5 de septiembre de 2105. Categoría: BIO/QUIM/FIS/MAT. Bey se acercó más a la página. Debajo de los datos biográficos se veía una lista de números. No había visto nada semejante, pero parecía un perfil psicológico en otro formato. Se puso en contacto con el ordenador central de Control de Formas y añadió un lector de caracteres ópticos como periférico. El lector tuvo problemas con la página que Bey puso debajo, pero al cabo de varias repeticiones, con ayuda y correcciones de Bey para los caracteres dudosos, emitió un mensaje de confirmación y realizó la lectura final. Bey pidió una ampliación de los caracteres. Esperó con impaciencia mientras el ordenador realizaba su ciclo de silenciosa introspección. Los meses transcurridos desde el descubrimiento y la fuga de Capman no habían aplacado su ansiedad de hallarlo; al contrario, la habían fortalecido. Bey estaba resignado a que la búsqueda quizá llevara años. Todas las pruebas sugerían que Capman no estaba en la Tierra, y no era práctico seguirlo a través del sistema solar, aunque la FEU hubiera ofrecido colaboración, lo cual no era así. Entretanto, debía estudiar la teoría del cambio de forma. Cada día era más evidente que el consejo de Capman había sido atinado. Nuevos panoramas se abrían ante Bey a medida que avanzaba, y sin embargo apenas estaba empezando. Al menos había aprendido cómo —y cuan bien— funcionaba la mente de Capman. El ordenador quedó al fin satisfecho con su trabajo de reconocimiento de caracteres. Mientras Bey miraba con impaciencia, la interpretación final de la transcripción cubrió lentamente la pantalla. Todo estaba allí, en un formato ligeramente distinto de los modernos pero muy reconocible. Inteligencia, aptitudes, destreza mecánica, capacidad asociativa, proporciones subconsciente-consciente, paralógica, enlaces no lineales: todo estaba en la lista, con mediciones numéricas para cada ítem. Bey las miró rápidamente, asombrado por el puntaje bajo en ciertas áreas. A mitad de camino, empezó a ver un patrón familiar. Se detuvo, de pronto obnubilado por las implicaciones. Conocía muy bien ese perfil general. Era diferente en detalle, tal como dos personas son diferentes, pero había puntos de semejanza con un perfil psicológico que Bey Wolf conocía de memoria, tanto como su propia cara en el espejo. Wolf aún estaba inmóvil ante la pantalla cuando Larsen regresó del área de resolución de problemas. Ignoró la meditabunda actitud de Bey y se puso a hablar con entusiasmo. —Ha ocurrido, hemos avanzado en la forma de la salamandra. La oficina de Victoria descubrió un grupo de ellas, todavía apareadas. Si nos vamos en seguida podemos conseguir el ingreso de enlace que nos reservó Transporte. Vamos, no te quedes allí sentado. Bey reaccionó y se puso de pie. Como de costumbre, el trabajo era prioritario. Miró con amargura las letras de la pantalla y siguió a John Larsen. |
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