"Rudy Rucker - Software" - читать интересную книгу автора (Rucker Rudy)SOFTWARE
Ru d y Ru c k e r Rudy Rucker Titulo original: Software Traducción: Eduardo Murillo © 1982 by Rudy Rucker © 1991 Ediciones Martinez Roca Gran vía 774 - Barcelona I.S.B.N: 84-270-1208-X Edición digital: Bizien R6 10/02 Para Al Humboldt, Embry Rucker y Dennis Poague 1 Cobb Anderson habría aguantado un rato más, pero no se ven delfines cada día. Había veinte, o tal vez cincuenta, jugueteando en las pequeñas olas grises, con la boca asomada fuera del agua. Era agradable observarlos. Cobb lo consideró un buen augurio y adelantó en una hora su ración vespertina de jerez. La puerta se cerró de golpe detrás de él. Titubeó durante un segundo, todavía deslumbrado por el sol del atardecer. Annie Cushing le miraba desde la ventana de la -Te olvidaste el sombrero -advirtió. Era un hombre todavía atractivo, de complexión atlética y con una barba como la de Santa Claus. No le habría importado montárselo con él, de no ser porque era tan... -Mira los delfines, Annie. No necesito el sombrero. Mira lo felices que son. No necesito un sombrero, ni tampoco una esposa. Se encaminó hacia la carretera asfaltada y caminó rígidamente entre las conchas blancas aplastadas. Annie continuó cepillándose el pelo. Era blanco y largo, y lo cuidaba con un spray de hormonas. A los sesenta años todavía se consideraba capaz de abrazar a alguien. Se preguntó distraídamente si Cobb la llevaría al Golden Prom el próximo viernes. El último y largo acorde de Day in the life quedó suspendido en el aire. Annie habría sido incapaz de decir qué canción acababa de oír -después de cincuenta años sus reacciones ante la música se habían extinguido por completo-, pero atravesó la habitación para darle la vuelta a la pila de discos. Si al menos sucediera algo, pensó por enésima vez. Estoy tan cansada de estar sola. En la tienda, Cobb compró una botella de litro de jerez barato y una bolsa de cacahuetes. También quería algo para hojear. La oferta de revistas del supermercado no era nada en comparación con lo que se podía encontrar en Cocoa. Cobb se decidió finalmente por un periódico de anuncios amorosos llamado Besa y Habla. Siempre era estimulante y extraño... La mayoría de los anunciantes eran hippis setentones como él. Dobló la foto de la portada de manera que sólo se viera el encabezamiento: COLGUÉAME, POR FAVOR. Es curioso que puedas reír siempre de los mismos chistes, pensó Cobb mientras |
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