"El Silencio Interno" - читать интересную книгу автора (Castaneda Carlos)EL ENSUEÑO El cuarto tema en la lista de prioridades de los chamanes de México antiguo es Para don Juan el arte del acecho era la otra cara de la moneda relacionada con el arte del ensueño. Para explicarme estas dos artes, primero me presentó, lo que dij, era, Explicó que lo que los seres humanos consideran normalmente como el acto de percibir es, más bien, un acto de interpretación de datos sensoriales. Aseguraba que desde el momento en que nacemos todo alrededor de nosotros nos proporciona una posibilidad de interpretación. Con el tiempo, esta posibilidad se convierte en un sistema completo por medio del cual conducimos todas nuestras transacciones perceptuales en el mundo. Estaba convencido de que no teníamos la oportunidad de considerar, ni siquiera por un instante, la posibilidad de percibir el flujo de la energía directamente. Para de Juan y otros chamanes como él, lo que hace que un hombre común y corriente se transforme en un chamán es el acto de cancelar el efecto de nuestro sistema de interpretación y percibir energía directamente. Don Juan explicó que los seres humanos tienen apariencia de esferas luminosas cuando son percibidos directamente como energía. Decía que Otro asunto que elucidó extensamente fue – El arte del ensueño -mencionó en una ocasión-, consiste en desplazar, a voluntad, el punto de encaje de su posición habitual. El arte del acecho consiste en mantenerlo, voluntariamente, fijo en la nueva posición a la que se ha desplazado. De acuerdo con la explicación de don Juan, estas dos artes se resguardan detrás de un marco filosófico llamado Juan y sus compañeros, seguir las premisas del guerrero era el logro principal del chamanismo. Don Juan creía que los chamanes pueden encontrar la energía y la determinación necesarias para viajar a lo desconocido, sólo a través de una adherencia estricta al camino del guerrero. Don Juan recalcó, en tantas formas como le fue posible, el valor de una actitud pragmática por parte de los practicantes del ensueño y del acecho. Definió una actitud pragmática como la capacidad de absorber cualquier contingencia que se pueda presentar a lo largo del camino del guerrero. Para mí, él mismo, era el vivo ejemplo de tal actitud. No existía ninguna incertidumbre o contingencia que su mera presencia no disipara. Señaló que para poder alcanzar esta deseada actitud pragmática, el practicante debe tener un cuerpo sumamente flexible, ágil y fuerte. Dijo que para los chamanes, el cuerpo físico es la única entidad que tiene sentido, y que no existe tal cosa como la dualidad entre el cuerpo y la mente. Los chamanes creen que el cuerpo físico comprende tanto el cuerpo como la mente, tal como los conocemos. Dijo que para poder contrabalancear al cuerpo físico, como una unidad holística, los chamanes consideran otra configuración de energía: Don Juan describió el arte del ensueño como la posibilidad de que la conciencia humana utilice los sueños normales como una entrada genuina a otros reinos de percepción. Aseguraba que los sueños comunes y corrientes pueden usarse como una compuerta que conduce a otras regiones de energía diferentes de la energía del mundo cotidiano y, sin embargo, extremadamente similares en su núcleo básico. Dijo que el resultado de dicha entrada era la percepción de mundos verdaderos donde uno puede vivir o morir, tal y como en el mundo en que vivimos, mundos que son asombrosamente diferentes del nuestro y, sin embargo, en extremo similares. Al verse presionado para dar una explicación lineal, don Juan Matus reiteró su posición usual: las respuestas a todas esas preguntas se encontraban en la práctico, no en una indagación intelectual. Para poder hablar de tales posibilidades uno tiene que usar la sintaxis de la lengua, cualquiera que sea el idioma que uno hable y, esa sintaxis, por la fuerza de su uso limita las posibilidades de expresión. La sintaxis de cualquier lengua se refiere sólo a las posibilidades perceptoras que forman parte del mundo en que vivimos. Don Juan marcó una importante diferencia entre dos verbos: uno era Don Juan explicó que el arte del ensueño se originó por una observación casual que los chamanes del México antiguo hicieron cuando Los chamanes buscaron, con toda avidez, oportunidades para desplazar sus propios puntos de encaje, y terminaron usando plantas alucinógenas para lograrlo. Pronto se dieron cuenta de que los desplazamientos causados por el uso de estas plantas era errático, forzado y fuera de control. Don Juan dijo que descubrieron una cosa de gran valor en medio de este fracaso. Los chamanes de tiempos antiguos lo llamaron El resultado final de los nuevos esfuerzos de esos chamanes fue el arte del ensueño como lo conocemos hoy en día. A través de su disciplina lograron desarrollar su atención de ensueño hasta un punto extraordinario. Eran capaces de enfocar su atención en cualquier elemento de sus sueños, y fue así como descubrieron que existen dos clases de sueños. Una clase, son los sueños con los que estamos familiarizados, en los cuales hay elementos fantasmagóricos, algo que podríamos categorizar como el producto de nuestra mentalidad, nuestra psique; quizá algo que se relaciona con nuestra estructura neurológica. La otra clase de sueños es lo que los chamanes llaman Sin embargo, sus visiones de estos lugares eran demasiado evanescentes, demasiado temporales para que tuvieran algún valor para ellos. Atribuían esta falla al hecho de que su punto de encaje no podía mantenerse fijo, por un tiempo suficiente, en la posición a la que lo habían desplazado. Sus tentativas para remediar esta situación dieron como resultado el otro gran arte del chamanismo: el arte del acecho, o la hazaña de mantener el punto de encaje fijo en la posición a la que se ha desplazado. Esta fijeza les dio la oportunidad de ser testigos de ese mundo hasta el máximo. Don Juan dijo que algunos de esos chamanes nunca regresaron de sus viajes. En otras palabras, optaron por quedarse allí, donde quiera que "allí" fuera. Don Juan comentó que, al examinar a los seres humanos como esferas luminosas, los chamanes de tiempos antiguos descubrieron seiscientos puntos en la totalidad de la esfera luminosa que dan como resultado la entrada a un mundo totalmente nuevo, cuando el punto de encaje llega a quedar fijo en cualquiera de ellos. Su respuesta a mi pregunta inevitable, -pero, ¿dónde están esos mundos? -fue, -en la posición del punto de encaje. Nada puede ser más cierto que esa aseveración y, sin embargo, no tiene ningún sentido para nosotros. Para los chamanes, no obstante, esto es algo razonable cuando lo examinan desde el punto de vista de su capacidad de Para poder expresar esta prodigiosa cualidad del punto de encaje y las posibilidades perceptivas inducidas por el ensueño, se necesita una nueva sintaxis; o quizá, si esta experiencia estuviera disponible para cualquiera de nosotros y no únicamente para los. chamanes iniciados, la misma sintaxis de nuestra lengua podría expresada. Otra cosa que me pareció en extremo interesante, pero que me dejaba absolutamente perplejo, era la aseveración de don Juan acerca de que realmente no había ningún procedimiento, del cual se pudiera hablar, que le enseñara a uno cómo ensoñar; y que más que cualquier otra cosa, ensoñar es el resultado de un árido esfuerzo por parte de los practicantes para ponerse en contacto con la fuerza perenne e indescriptible que los chamanes llaman Don Juan aseguró que este nexo se puede realizar siguiendo cualquier patrón que implique disciplina. Sin embargo, don Juan consideraba que para lograr la hazaña de ensoñar, es de suprema importancia seguir el camino del guerrero, o la construcción filosófica que los chamanes usan para sostener sus acciones, cualquiera que éstas sean, en este mundo, o en cualquier otro mundo además de éste. Seguir el camino del guerrero crea una homogeneidad de resultados en la ausencia de cualquier patrón preciso. Los pases mágicos eran el recurso que los chamanes de tiempos remotos utilizaban para ayudar a desplazar su punto de encaje, ya que fueron diseñados para darles la estabilidad necesaria y producir la atención de ensueño, sin la cual no hay posibilidad de ensoñar en la forma en que lo hacían los chamanes del México antiguo. Sin la ayuda de la atención de ensueño, lo máximo a lo que los practicantes pueden aspirar es a tener sueños lúcidos de mundos fantasmagóricos, o quizá, hasta vistazos de mundos que generan energía pero que, en la ausencia de una base lógica exhaustiva que los pueda categorizar adecuadamente, no tienen ningún significado. |
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