"Todo Lo Que Muere" - читать интересную книгу автора (Connolly John)PrólogoEn el coche hace frío, un frío sepulcral. Prefiero dejar el aire acondicionado al máximo para que la baja temperatura me mantenga alerta. Desde la radio apenas suena un murmullo, pero aún oigo una canción que se impone con cierta insistencia sobre el ruido del motor. Es R.E.M. en su primera etapa, algo que habla de hombros y lluvia. He dejado Cornwall Bridge unos quince kilómetros atrás; pronto entraré en South Canaan y luego en Canaan propiamente dicha, antes de cruzar la frontera del estado de Massachusetts. Ante mí, un sol radiante pierde intensidad a medida que el día se diluye lentamente en la noche. Dejo el coche en el aparcamiento que hay frente a la floristería. Sopla una suave brisa y los faldones del abrigo juguetean alrededor de mis piernas como las manos de los niños. Dentro de la tienda el ambiente es fresco, más de lo normal, y huele a rosas. Las rosas nunca pasan de moda, ni de temporada. Un hombre, agachado, examina con detenimiento las gruesas hojas cerosas de una planta pequeña y verde. Se yergue lenta y dolorosamente cuando entro. – Buenas noches -dice-. ¿En qué puedo servirle? – Quiero unas rosas. Deme una docena. No, mejor dos docenas. – Dos docenas de rosas, muy bien, señor. Es un hombre corpulento y calvo, de poco más de sesenta años, quizás. Anda con rigidez, sin flexionar apenas las rodillas. Tiene las articulaciones de los dedos hinchadas por la artritis. – Este aire acondicionado hace cosas raras -comenta. Al pasar ante el obsoleto mando instalado en la pared, ajusta el termostato. No ocurre nada. Es una tienda vieja, con el invernadero al fondo tras una mampara de cristal. Abre la puerta y empieza a sacar con cuidado rosas de un cubo. Después de contar veinticuatro, vuelve a cerrar la puerta y las deja en el mostrador sobre una hoja de plástico. – ¿Se las envuelvo para regalo? – No. Basta con el plástico. Me mira un instante y, cuando empieza el proceso de reconocimiento, casi oigo el ruido de las palancas del engranaje al bajar. – ¿Le he visto en alguna parte? En la ciudad la gente tiene recuerdos efímeros. Fuera, los recuerdos son más duraderos. Informe policial suplementario OPNY Caso número: 96-12-1806 Delito: Homicidio Víctima: Susan Parker, B/M Jennifer Parker, B/M Lugar: Hobart Street 1219, Cocina Fecha: 12 dic. 1996 Hora: 21:30 aproximadamente Medio: Apuñalamiento Arma: Arma blanca, posiblemente cuchillo (no encontrado) Autor del informe: Walter Cole, sargento Detalles: El 13 de diciembre de 1996 fui al 1219 de Hobart Street en respuesta a la petición del agente Gerald Kersh, que solicitó la intervención de inspectores ante la denuncia de un homicidio. El denunciante, el inspector de segundo grado Charles Parker, declaró que había salido de la casa a las 19:00 h. después de discutir con su esposa, Susan Parker. Fue a la Tom's Oak Tavern y estuvo allí aproximadamente hasta la 01:30 h. del 13 de diciembre. Entró en la casa por la puerta delantera y vio los muebles cambiados de sitio. Entró en la cocina y vio a su esposa y a su hija. Declaró que su esposa estaba atada a una silla de la cocina, pero que el cuerpo de su hija parecía haber sido trasladado desde la silla contigua y colocado sobre el cuerpo de la madre. Avisó a la policía a la 01:55 h. y esperó en el lugar del delito. Las víctimas, identificadas en mi presencia por Charles Parker como Susan Parker (esposa, 33 años) y Jennifer Parker (hija, 3 años), estaban en la cocina. Susan Parker estaba atada a una silla en el centro de la cocina, de cara a la puerta. A su lado había una segunda silla, en la que todavía podían verse unas cuerdas alrededor de los barrotes del respaldo. Jennifer Parker yacía sobre el regazo de su madre, boca arriba. Susan Parker estaba descalza y vestía vaqueros y blusa blanca. Le habían desgarrado la blusa y se la habían bajado hasta la cintura, dejando los pechos al descubierto, y tenía los vaqueros y la ropa interior a la altura de las pantorrillas. Jennifer Parker estaba descalza y vestía un camisón de flores azul. Ordené a Annie Minghella, la técnica asignada al lugar del delito, que llevara a cabo una investigación completa. Cuando el forense Clarence Hall certificó la muerte de las víctimas y se procedió al levantamiento de los cadáveres, acompañé los cuerpos al hospital. Observé al doctor Anthony Loeb mientras usaba el instrumental de análisis en caso de violación, que posteriormente me entregó. Recogí las siguientes pruebas: 96-12-1806-M1: blusa blanca del cadáver de Susan Parker (víctima n.º 1) 96-12-1806-M2: vaqueros del cadáver de la víctima 1 96-12-1806-M3: ropa interior azul de algodón del cadáver de la víctima 1 96-12-1806-M4: peinadura del vello púbico de la víctima 1 96-12-1806-M5: muestra de contenido vaginal de la víctima 1 96-12-1806-M6: restos en uñas de la víctima 1, mano derecha 96-12-1806-M7: restos en uñas de la víctima 1, mano izquierda 96-12-1806-M8: peinadura del cabello de la víctima 1, anterior derecho 96-12-1806-M9: peinadura del cabello de la víctima 1, anterior izquierdo 96-12-1806-M10: peinadura del cabello de la víctima 1, posterior derecho 96-12-1806-M11: peinadura del cabello de la víctima 1, posterior izquierdo 96-12-1806-M12: camisón blanco/azul de algodón de Jennifer Parker (víctima n.º 2) 96-12-1806-M13: muestra de contenido vaginal de la víctima 2 96-12-1806-M14: restos en uñas de la victima 2, mano derecha 96-12-1806-M15: restos en uñas de la victima 2, mano izquierda 96-12-1806-M16: peinadura del cabello de la víctima 2, anterior derecho 96-12-1806-M17: peinadura del cabello de la víctima 2, anterior izquierdo 96-12-1806-M18: peinadura del cabello de la víctima 2, posterior derecho 96-12-1806-M19: peinadura del cabello de la víctima 2, posterior izquierdo En la floristería, el anciano entorna los ojos perplejo. Con gesto afable, agita el dedo ante mí. – Estoy seguro de haberlo visto en algún sitio. – No creo. – ¿Es usted de por aquí? ¿De Canaan, quizá? ¿De Monterey? ¿De Otis? – No. De otra parte. -Con una mirada le doy a entender que ésa no es la clase de indagaciones que le conviene hacer, y advierto que se echa atrás. Estoy a punto de usar la tarjeta de crédito, pero cambio de idea. Cuento el dinero, lo saco de la cartera y lo dejo sobre el mostrador. – De otra parte -repite, y asiente con la cabeza como si esas palabras tuvieran para él un significado íntimo y profundo-. Debe de ser una ciudad grande. Trato con mucha gente de fuera. Pero ya estoy saliendo de la tienda. Al poner el coche en marcha, veo que me observa a través del escaparate. Detrás de mí, el agua gotea de los tallos de las rosas y encharca el suelo. Informe policial suplementario (continuación) Caso número: 96-12-1806 Susan Parker estaba sentada en la silla de pino de la cocina, de cara al norte, hacia la puerta de la cocina. La parte superior de la cabeza estaba a tres metros y dieciocho centímetros de la pared norte y a un metro y noventa centímetros de la pared este. Tenía los brazos echados hacia atrás, a la espalda, y… Susan Parker tenía la nariz rota. La herida pudo haberse producido como consecuencia de un impacto contra la pared o el suelo. Una mancha de sangre en la pared, cerca de la puerta de la cocina, contenía fragmentos de hueso, vello nasal y mucosidad… Jennifer Parker estaba tendida boca arriba, de través sobre los muslos de su madre, junto a la cual había una segunda silla de pino. El cordón que rodeaba el respaldo de la silla coincidía con las marcas en las muñecas y tobillos de Jennifer Parker. Los ojos de las dos víctimas habían sido mutilados, probablemente con una hoja afilada como la de un bisturí. El pecho de Susan Parker presentaba desollamiento parcial. Desde la clavícula hasta el ombligo, la piel había sido arrancada parcialmente, retirada por encima del pecho derecho y extendida sobre el brazo derecho. Se advertían considerables mutilaciones… Oscurece deprisa y los faros alumbran las ramas desnudas de los árboles, las franjas de césped cortado, los buzones blancos y limpios, la bicicleta de un niño tirada frente a un garaje. El viento sopla con más fuerza, y cuando dejo atrás el cobijo de los árboles, noto sus embestidas contra el coche. Me dirijo a Becket, Washington, las colinas de Berkshire. Ya casi he llegado. No había indicios de allanamiento. Se hizo un bosquejo de la situación en la cocina y se anotaron las medidas detalladas. A continuación se procedió al levantamiento de los cadáveres. Los polvos para la detección de huellas dactilares dieron los siguientes resultados: Cocina/pasillo/sala de estar: huellas utilizables identificadas posteriormente como las de Susan Parker (96-12-1806-7), Jennifer Parker (96-12-1806-8) y Charles Parker (96-12-1806-9). Puerta trasera de la casa desde la cocina: huellas no utilizables; las marcas de agua en la superficie indicaban que la puerta se había limpiado. Ningún indicio de robo. Las pruebas realizadas en la piel de las víctimas no revelaron huellas. Charles Parker fue conducido a Homicidios y prestó declaración (adjunta). Habrá posteriores informes. Walter Cole, Sargento de Investigación Ha anochecido cuando llego y la verja está cerrada. La tapia es baja y me encaramo a ella con facilidad. Camino con cuidado para no pisar las losas conmemorativas ni las flores hasta que me encuentro ante ellas. Aun en la oscuridad sé dónde hallarlas, y ellas, a su vez, pueden encontrarme a mí. A veces se me aparecen en el umbral entre el sueño y la vigilia, cuando las calles están en silencio y a oscuras o mientras el amanecer se filtra a través del resquicio entre las cortinas bañando la habitación con una luz tenue y gradual. Vienen a mí y veo sus siluetas en la penumbra, mi esposa y mi hija juntas, observándome en silencio, ensangrentadas en una muerte sin reposo. Vienen a mí, su aliento en las brisas nocturnas que me acarician la mejilla y sus dedos en las ramas de los árboles que golpetean la ventana. Vienen hacia mí y ya no estoy solo. |
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