"Norman Spinrad - Black-Out" - читать интересную книгу автора (Spinrad Norman)especie de incrédula estupefacción. Las personas se frotaban los ojos y miraban al cielo
que pasaba de un violeta crepuscular a una insondable oscuridad. —Esto debe ser una broma de la televisión, como aquel truco de Orson Welles en la radio, —explicaba a su mujer un hombre vestido con un traje de tweed. —¿En todos los canales? Archie se dirigió a un policía que estaba apoyado en su coche mirando al cielo. —¿Han desembarcado ya los platillos volantes en New York? El policía tenía aspecto de bruto y, diez minutos antes, habría contestado a Archie despectivamente, le habría mirado amenazadoramente, o quizás peor. Pero ahora el policía se limitó a decir: —Puede registrarme... Y preso de un terror que no podía disimular, volvió a examinar el cielo ya definitivamente oscuro. Después, hacia el sur, un objeto brillante atravesó el horizonte, como una ralentizada estrella fugaz, o como un acelerado satélite artificial. La gente gritó. Y algo parecido a un alarido de terror como surgido de las profundidades, se elevó entre la multitud. Bill miró a su alrededor con nerviosismo. —Si vamos a ser realmente invadidos, sería más juicioso que nos fuéramos al campo. Lejos de nuestros semejantes y de los objetivos más grandes y jugosos. —¡Jesús! Bill, ¿crees realmente que sea cierto? Un objeto brillante rasgó el horizonte, por el norte, hacia Harlem. Tan pronto como el despertador le sacó de su sueño, Freddie Dystrum dejó la cama, dirigiéndose titubeante a la cocina e intentó encontrar las noticias en la radio. Frecuencia modulada, onda media, onda larga: en todas ellas la música interrumpida tan sólo por los informativos, sin debates. Las cadenas especializadas en información habían dejado de emitir. Mildred estaba ya en la cocina preparando el desayuno, como si fuera un martes como tantos otros. —¿Qué haces?, ¿Qué ocurre? —murmuró Freddie abandonando la radio. —Tu desayuno estará listo enseguida. Timmy está en el cuarto de baño y Kim ha decidido levantarse por fin, —respondió Mildred dando la vuelta a una crepé. —Pero Mildred. ¿Y la broma de anoche? ¿Y la radio? —¿Qué le pasa a la radio? —No da noticias. —¿Te refieres a esa historia de los platillos volantes en la emisión de Reasoner de ayer noche? —dijo Mildred mirándole distraídamente—. ¿No era una broma? —Por supuesto que no. No hay noticias en la radio, exactamente como anunció Reasoner. Ahora Mildred empezaba a inquietarse. —Quizás deberías llamar a Charlie. ¿No recibe el Times todas las mañanas? —Sí, efectivamente, —dijo Freddie dirigiéndose a la habitación para llamar a Charlie. Charlie no había recibido su periódico. Charlie no se había podido dormir antes de las dos de la madrugada, después de haber oído la noticia de los platillos volantes en la emisión de Walter Cronkite; y, hacia la una y media, había visto varias estelas luminosas en el horizonte, muy lejos, hacia el norte. Charlie tenía miedo. Freddie le explicó que quizás no fueran más que unos misiles que despegaban de Vanderburg, pero tuvo que reconocer que no se trataba precisamente de una explicación razonable. |
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