"Historia De Una Gaviota Y El Gato Que La Enseñó A Volar" - читать интересную книгу автора (Sepúlveda Luís)

8 Zorbas empieza a cumplir lo prometido

Los cuatro gatos bajaron del tejado al balcón y de inmediato comprendieron que llegaban tarde. Colonello, Sabelotodo y Zorbas observaron con respeto el cuerpo sin vida de la gaviota, mientras Secretario agitaba al viento su rabo para quitarle el olor a bencina.

– Creo que debemos juntarle las alas. Es lo que se hace en estos casos -indicó Colonello. Venciendo la repugnancia que les provocaba aquel ser impregnado de petróleo, le unieron las alas al cuerpo y, al moverla, descubrieron el huevo blanco con pintitas azules.

– ¡El huevo! ¡Llegó a poner el huevo! -exclamó Zorbas.

– Te has metido en un buen lío, caro amico. ¡En un buen lío! -advirtió Colonello.

– ¿Qué voy a hacer con el huevo? -se preguntó el cada vez más acongojado Zorbas.

– Con un huevo se pueden hacer muchas cosas. Una tortilla, por ejemplo -propuso Secretario.

– ¡Oh sí! Un vistazo a la enciclopedia nos dirá cómo preparar la mejor de las tortillas. El tema aparece en el tomo veintiuno, letra "T" -aseguró Sabelotodo.

– ¡De eso ni maullar! Zorbas prometió a esa pobre gaviota que cuidaría del huevo y del polluelo. Una promesa de honor contraída por un gato del puerto atañe a todos los gatos del puerto, de tal manera que el huevo no se toca -declaró solemne Colonello.

– ¡Pero yo no sé cómo cuidar un huevo! ¡Nunca antes he tenido un huevo a mi cuidado! -maulló desesperado Zorbas.

Entonces todos los gatos miraron a Sabelotodo. Tal vez en su famosa en-ci-clo-pe-dia hubiera algo al respecto.

– Debo consultar el tomo ocho, letra "H". Con seguridad ahí está todo lo que debemos saber del huevo, pero por el momento aconsejo calor, calor corporal, mucho calor corporal -indicó Sabelotodo con tono pedante y didáctico.

– O sea que a echarse junto al huevo, pero sin romperlo -aconsejó Secretario.

– Es exactamente lo que yo iba a sugerir. Zorbas, quédate junto al huevo y nosotros acompañaremos a Sabelotodo para ver qué nos dice su empilope… encimope… en fin, ya sabes a lo que me refiero. Regresaremos por la noche con las novedades y daremos sepultura a esta pobre gaviota -dispuso Colonello antes de saltar al tejado.

Sabelotodo y Secretario lo siguieron. Zorbas se quedó en el balcón, con el huevo y la gaviota muerta. Con mucho cuidado se tendió y atrajo al huevo junto a su barriga. Se sentía ridículo. Pensaba en las mofas que, si llegaban a verlo, le dedicarían los dos gatos facinerosos a los que se había enfrentado por la mañana.

Pero una promesa es una promesa y así, calentado por los rayos del sol, se fue adormeciendo con el huevo blanco con pintitas azules muy pegado a su vientre negro.